Santiago de Cuba: El camino de la cristiandad

Jorge Sariol • La Habana, Cuba
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El 25 de julio de 1515 se tiene como fecha de fundación de la séptima villa cubana, que con el tiempo se llamaría Santiago de Cuba.

Sin embargo, una historiadora de calibre como Olga Portuondo es más cautelosa y refiere que «entre finales del mes de junio y principios de agosto de 1515 se fundó la villa (…) a instancia del monarca que recomendaba la creación de un establecimiento en la cota sur de la Isla.

Imagen: La Jiribilla

«La historia de Santiago ―dice Portuondo―, fue la de Cuba durante toda la primera mitad del siglo XVI». 

Y las razones no fueron pocas: cercanías con La Española, Jamaica y tierra firme; la existencia de oro, al parecer más que en otros sitios,  y sobre todo por la excelencia de su bahía.

Se dice que su fundador, Diego Velásquez, entendió tan bien esas razones, que  mandó traer a muchos vecinos —amigos y parientes— de la primada Baracoa, con sus bienes, incluidos indios como esclavos.

La fundación, además del trazado de solares y construcción de casas, supuso el establecimiento de la institución religiosa con una iglesia, modesta desde su hechura  de yaguas y guano.

Imagen: La Jiribilla

Y es que llevar la cristiandad al  mundo por conocer tenía especial importancia. No estuvo exenta, sin embargo, de circunstancias complicadas. Y fueron muchas. A lo largo de siglos enfrentó varios inconvenientes, al  menos en Santiago de Cuba.

Tales circunstancias pudieran relacionarse a partir de que el papa Adriano VI, el 28 de abril de 1522, ordenara una diócesis para la nueva villa y mandaba traer, también de Baracoa, la jerarquía eclesiástica. La razón era simple: Santiago adquiría condición de villa, era ya la población más importante de la Isla y constituía, sin duda, el centro de operaciones expedicionarias al centro y el sur del continente.

Justo era que se estableciera allí la iglesia como centro de la cristiandad en Cuba. Y el primer el obispado de la Isla creado en Baracoa, probablemente el 10 de febrero de 1516, dejaba de tener importancia estratégica, aun cuando, según otro de los grandes historiadores cubanos, Eduardo Torres Cuevas, era el quinto de América en antigüedad. [1]

Al trasladarse el gobierno en 1522, aquella  iglesia de yagua y guano  levantada en Santiago en 1515, «se convierte en Catedral, según Pezuela, sin merecerlo».

Y el camino para llegar a ser lo que hoy es, incluyendo la terminación “oficial”  en 1522  ―entonces con otra  fachada― fue azaroso. A lo largo de 500 años ha tenido que recomponerse cuatro veces —posee el  récord de ser la edificación santiaguera más reconstruida y remodelada— a causa de la acción de corsarios, piratas —años 1666 y 1667—, terremotos (1678, 1766, 1852 y 1932) y otros males naturales.

Imagen: La Jiribilla

Sobre los albores de su creación se sabe que en fecha del 13 de noviembre de 1530 se decía que…«la Iglesia de piedra desta ciudad va mui poco a poco con un solo maestro. De los negros dados para esto, los más trabajan en las haciendas del Obispo».

El 15 de diciembre de 1535 una misiva real advertía: «por mandado del Teniente i Repartidor Manuel Rojas por la que aparece que havía 3 años se empezó a edificar la Catedral de cal  i  canto i para se cubrir de madera y teja, en que hasta ahora se han gastado mas de 2000 pesos i faltarían mas de otros 2000 i que no alcanzan a ello las rentas de la iglesia».

Algunos autores aseguran que una modificación capital terminaría en 1555 «con limosnas de los vecinos y del Rey y un costo de 50 mil pesos fuertes, insuficiente para levantar una obra de valía».

Orientada de este a oeste la edificación religiosa en 1732 era vista, según el obispo  Juan Lazo de la Vega, como una construcción  tan humilde que toda ella se compone de «madera toscamente labrada; y para disimular algo su fealdad dispuso mi antecesor Don Gerónimo Valdés que horcón a horcón se tirasen unos arcos también de madera y después el deán actual los vistió de molduras».

El  terremoto del  11 y 12 de junio de 1766 casi la destruye; apuntalada por muchos años, siguió abriendo sus puertas, a pesar de amenazas de  derrumbe.

Y entonces comenzó un largo y tortuoso transcurrir de proyectos para edificar una nueva catedral, expresión de la «complicada mecánica de aprobación en la época colonial».

 En 1779 se presentó un plano  para la nueva iglesia, del ingeniero Ventura Buceta, que entre otras modificaciones, presentaba  una colocación de norte a sur. Por Real Cédula ―13 de abril de 1785― se aceptó el proyecto ― luego de 6 largos años para aprobarlo―, pero un jerarca de entonces se opuso a la demolición del viejo edificio «por motivos sentimentales, a la vez que también el Cabildo se enfrentaba a que se encargase de la obra a un ingeniero militar», prefiriendo en todo caso un  arquitecto  aprobado por la Academia de San Fernando.

A la muerte de Buceta ―en 1789―, se encargarían las gestiones de reedificación al teniente coronel de ingenieros Don Miguel de Hermosilla, quien no las tenía todas consigo en relación con la concepción de Buceta.

Ambos proyectos se elevan a la Academia, que se decide por los planos de Buceta, alegando que ya estaban hechos los cimientos. Un mes más tarde, un dictado Real ordenaba que devolvieran los planos a la Academia para que ésta confeccionara otro proyecto, por «considerar Su Majestad que una obra de tanto dispendio debía ejecutarse con toda la perfección posible».

Sin embargo, 36 meses después todo seguía en las mismas.

Un nuevo proyecto confeccionado por el ingeniero Fermín Montaño llegaba a manos del rey «para un templo el más hermoso, simple y proporcionado del país, el que reducía la altura y reforzaba los muros con estructura de horcones, condiciones que se consideraban indispensables por los terremotos».

Una vez más se torcería el rumbo de la gestión.

Otro jerarca, encargado  de revisar los planos en la Academia, decidió presentar un proyecto propio que la misma Academia aprobó y mandó ejecutar alrededor de 1800.

Para seguir en la misma cuerda del “tira y afloja”, la máxima autoridad eclesiástica de la Cuba no aceptó los planos, aduciendo que el nuevo proyecto de  edificio tenía 20 varas más que el terreno.

Entre tanto, los fieles siguieron sus rezos mirando al cielo… y de paso mirando también al techo… temerosos de un probable derrumbe, hasta que 1802 el lugar se declaró inhabitable.

Aun así no escampaba el aguacero de  discordancias. Desde la metrópoli se dictaba una Real Orden «recordando en términos enérgicos que llevaban 20 años expidiéndose órdenes y no se ejecutaban, amenazando con nombrar un Comisario Regio».

El trompetazo Real hizo que el Obispo de entonces encargara «al maestro de Carpintería de la Ciudad, Pedro Fernández, que hiciese un modelo basado en un plano del teniente de navío Agustín de Zabala. Aunque este proyecto tuvo en contra al Comandante de Ingenieros Fermín Montaño y al Gobernador, el Obispo insistió que la obra se hiciera bajo la dirección de Fernández».

Los trabajos comenzaron el 20 de octubre de 1806 y la obra culminaría el 12 de noviembre de 1819.

«La nueva Catedral constaba de cinco naves separadas por gruesos pilares formados por haces de horcones de madera dura, con arcos y bóvedas del mismo material, sin embargo no pudo resistir el terremoto del 20 de agosto de 1852, esta vez fue reparada rápidamente y reforzada en 1853».

En 1922 tendría otra reparación capital.

Para celebrar en breve los 500 años de la ciudad, la Catedral de Santiago de Cuba anda recibiendo un tratamiento como nunca antes, que incluye los frescos y mobiliario, iconografía ―entre las cuales está  Ecce Homo, tablilla de 330 mm de altura, considerada como la más antigua del país ―, pinturas de los siglos XVII y XVIII, así como el Coro de los Canónigos «una obra exquisita de ebanistería».

¿Todo por los siglos de los siglos?

¡Ojalá!

 

Nota: 
No se sabe a ciencia cierta quien fue el primer Obispo de Cuba, pero se tienen evidencias de que el primer Obispo lo pudo ser Fray Bernardo de Mesa.

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