Pequeña aria para la Llorente

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba

Observar a María Elena Llorente en los salones de ensayos de la sede del Ballet Nacional de Cuba (BNC) es, además de un privilegio, un espectáculo mismo. La majestuosa profesora, la eterna protagonista de La Fille Mal Gardée, ensaya, se acerca a los bailarines y explica la posición abierta de los brazos. Una vez más monta Don Quijote, pero nunca es igual. En esta ocasión “tuvimos varios elencos, lo cual no es fácil, pero procuramos esto para que más muchachos bailaran”, me explica María Elena, a quien el Premio Nacional de Danza —como expresó el periodista Yuris Nórido— encontró en los salones trabajando.

Sin embargo, cuando uno piensa que este entorno es su mayor área de influencia ella confiesa: “el estudio de cada ballet  contiene dos partes, la que se enseña aquí en el salón y el estudio independiente de cada bailarín. Uno le marca los movimientos porque el primer aprendizaje es con la mirada y después con la preparación individual.

Imagen: La Jiribilla

“A mí me gusta hablar con los bailarines, acercarme a ellos, decirles lo que tienen que trabajar. No solo es ir al salón y ya, uno tiene que tener una relación con el bailarín y ayudarlo”.

La también protagonista de El río y el bosque tiene muy clara su labor como maître. “Cuando los jóvenes se gradúan pasan a formar parte del cuerpo de baile y con el trabajo diario es que comenzamos a homogeneizar este conjunto de bailarines, a enseñarles los diferentes estilos. Por seis meses tienen un duro entrenamiento, solo algunos permanecen en la compañía y comienzan a aprenderse el repertorio. Nosotros como maîtres le damos el estilo e influimos para que bailen de manera sincronizada, pareja”.

María Elena es una de las protagonistas de la consolidación de la Escuela Cubana de Ballet como un estilo de bailar y encarar las obras del repertorio reconocible internacionalmente. En ese sentido opina que dicha escuela  se mantiene con los cánones con los que fue creada.

Como la soprano de la danza la definió el crítico inglés Arnold Has­kel, un elogio que tuvo a bien recordarnos el historiador del BNC Miguel Cabrera, en un artículo publicado recientemente en el periódico Granma.

Imagen: La Jiribilla

Llorente fue uno de los mejores complementos para las creaciones coreográficas de Iván Tenorio. Pero es imposible no remitirnos a su interpretación en La Fille Mal Gardée.

“Es uno de los ballet que más bailé. El público me recuerda mucho en él. Fue uno de los primeros roles que interpreté. Para mí permanece en la memoria cuando mi padre me vio bailarlo por primera vez, porque le recordaba cuando yo era más pequeña.

“La crítica también fue muy favorable. Yo estuve una vez en un concurso en Perú de jurado y muchas personas se me acercaron porque recordaban cuando lo bailé. Si pasan los años y todavía la gente recuerda un ballet bailado tu juventud, uno tampoco lo olvida”.

Persistencia, solidez y timidez son las palabras que se me ocurren, si fuéramos a caer en el vano juego de las definiciones con María Elena Llorente. La profesora y bailarina ha permanecido por décadas en una compañía, que es sin duda alguna parte imprescindible de Cuba, así mismo ella también.

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