Pequeña aria para la Llorente

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba

Observar a María Elena Llorente en los salones de ensayos de la sede del Ballet Nacional de Cuba (BNC) es, además de un privilegio, un espectáculo mismo. La majestuosa profesora, la eterna protagonista de La Fille Mal Gardée, ensaya, se acerca a los bailarines y explica la posición abierta de los brazos. Una vez más monta Don Quijote, pero nunca es igual. En esta ocasión “tuvimos varios elencos, lo cual no es fácil, pero procuramos esto para que más muchachos bailaran”, me explica María Elena, a quien el Premio Nacional de Danza —como expresó el periodista Yuris Nórido— encontró en los salones trabajando.

Sin embargo, cuando uno piensa que este entorno es su mayor área de influencia ella confiesa: “el estudio de cada ballet  contiene dos partes, la que se enseña aquí en el salón y el estudio independiente de cada bailarín. Uno le marca los movimientos porque el primer aprendizaje es con la mirada y después con la preparación individual.