Los celos

Abel Fernández-Larrea • La Habana, Cuba

‘¿Nombre?’

‘Eva Wiles.’

‘¿Edad?’

‘Veinticinco años’

‘¿Domicilio?’

‘En el número 42 de la calle Edmonton.’

‘¿Causa?’

Eva duda un segundo. Se acomoda en el asiento y de un soplido se aparta el flequillo de la frente. Clava los ojos en Tom, que baja los suyos.

‘Vengo a acusar al imbécil de mi novio.’

Tom deja de teclear y levanta la vista. Mira a Eva de arriba abajo. Rubia, con una expresión un poco simple, sin embargo atractiva, bien formada. La falda ajustada y los zapatos altos contrastan con el flequillo infantil.

‘¿Cuál es el nombre de su novio?’

‘Aaron Brody.’

‘¿Edad?’

‘Veintisiete.’

‘¿Domicilio?’

‘Westward Drive, número 11.’

‘¿Motivo de la acusación?’

La noche es de un sopor inaguantable. Tom teclea con dejadez, a cada tanto, mira a la ventana cerrada que le queda justo en frente. Eva da ligeros brinquitos en la silla, sin poder aguantar por mucho tiempo la misma posición. Mira a Tom, se agarra el pelo, se sopla el flequillo. En un momento agarra el bolso y saca un paquete de cigarros.

'¿Puedo fumar?'

Tom se limita a indicar el cartel de no fumar en la pared. Luego vuelve a mirar la ventana cerrada, con gesto de cansancio, y el paquete de cigarros vacío en el cesto debajo del buró. Eva saca un paquete de goma de mascar y le ofrece a Tom, quien la rechaza con un movimiento de cabeza.

'¿Motivo de la acusación?'

'Nada, que el idiota de Aaron le acaba de dar una paliza a uno.'

'¿Su novio acaba de golpear a alguien?'

Eva baja la cabeza sin parar de mascar.

'Sí, bueno, a Robert.'

'¿El tal Robert es un conocido suyo?'

'Eh..., sí, es un amigo.'

Eva se levanta. Hace ademán de ir a un lado o a otro, sin decidirse. Se saca la goma de mascar de la boca y la guarda en el paquete. Se acerca a la ventana.

'¿Es que no se puede abrir esta cosa?'

Tom se encoge de hombros y se aparta del teclado. Eva zafa el pestillo y abre la ventana de par en par.

'¿Su novio tiene antecedentes de violencia?'

'¿Quién? ¿Aaron? Bueno... no. La verdad es que él no es de esos... Todo lo contrario. Aaron siempre ha sido tierno, de buenos modales.'

'Y este Robert, ¿de dónde se conocen?'

Eva aparta la vista y estira los brazos. Tom le ve la marca en el antebrazo derecho.

'Robert es un amigo, ya le dije, solo un amigo.'

Tom regresa al teclado.

'Bueno, en fin, ¿cuál es su versión de los hechos?'

Eva suspira. Mira a un lado y a otro.

'Todo comenzó el día que conocí a Robert. Yo andaba cargada de la compra y Robert se acercó y se ofreció a ayudarme. Yo no quería, pero él insistió y era tan amable... Luego me invitó a un café.'

'¿Y usted aceptó?'

'Yo no quería, ya le dije, pero él era tan amable y no me apetecía dejarlo plantado...'

'¿Qué sucedió después?'

'Después apareció Aaron, cuando estábamos en el café.'

'¿Su novio se apareció en el café?'

'Sí, es un lugar muy céntrico. Aaron y yo habíamos ido allí otras veces.'

'¿El señor Brody fue violento entonces?'

'¿Aaron? No. Él se molestó un poco, pero nada serio.'

'¿Y luego?'

'La otra noche llegué un poco tarde a casa. Tom estaba esperándome. Me preguntó dónde había estado y por qué no contestaba al móvil. Lo cierto es que lo tenía apagado. No sé, estaba con Robert y lo apagué para que no anduviera sonando.'

'¿Usted estaba con Robert? ¿En qué sitio?'

'Fuimos a un motel, pero solamente porque yo tenía ganas de hablar y no quería hacerlo en un sitio lleno de gente.'

'¡Pero usted estaba esa noche con Robert en un motel!'

'Sí. Decidimos ir allí porque era un sitio apartado, pero solo para hablar.'

'¿Para hablar de qué?'

'De mi relación con Aaron. Él es muy bueno y tierno. Me hace regalos y me lleva a lugares finos, pero, no sé, creo que nuestra relación no tiene futuro.'

Tom apoya los brazos sobre la mesa. Se pasa una mano por la cara mientras la otra juguetea con las teclas.

'¿Por qué dice que su relación no tiene futuro?'

'Oh, no es por Aaron. Él me quiere mucho... y yo a él, claro... Es por su familia. Son judíos, ¿sabe? Gente de dinero. A mí no me tratan. Ellos quieren otra cosa para Aaron, otra chica, una judía, de su clase.'

Tom mira a través de la ventana, al árbol de en frente no se le mueve ni una hoja.

'¿Qué sucedió después de su llegada aquella noche?'

'Aaron estaba realmente molesto. Insistía en que le dijera dónde había estado y con quién. Yo le dije que con una amiga. ¿abe? Él es muy bueno, pero no habría comprendido. Luego no insistió más. Lo hicimos en el sofá y luego él se marchó a casa con sus padres. Pero creo que desde entonces comenzó a seguirme.'

'¿omenzó a seguirla él mismo o contrató a alguien?'

'Él mismo. Yo hice como que no me daba cuenta. Es una tontería pero me pareció romántico.'

Tom vuelve a apartarse del teclado y se reclina en la silla, con las manos en la nuca. Mira el paquete de cigarros vacío en el cesto debajo del buró.

'Y hoy, ¿ué sucedió?'

'Hoy había quedado con Robert, para vernos y hablar. Él realmente quiere ayudarme, es tan bueno.'

'¿Quedaron para verse en el mismo sitio? Quiero decir, ¿en el motel?'

'Sí. Yo logré despistar a Aaron diciéndole que iba al hospital a ver a una amiga. Él comenzó a hacerme preguntas, y yo le dije que estaba harta de sus celos. Creo que eso le hizo pensar, porque enseguida dejó de darme la lata.'

'¿Y no la siguió después?'

'Lo hizo, pero yo de veras fui al hospital, ¿sabe? Allí, con tantos pasillos es muy fácil perder a alguien. Luego cogí un taxi.'

'Pero su novio la siguió hasta el motel, ¿no es así?'

'Así es. Pensé que lo había perdido de vista, pero él no me perdió a mí.'

'Y él los encontró, y en un arranque de ira se peleó allí mismo con Robert.'

'No. En ese momento solo lo apartó de un empujón. A mí me agarró del brazo y salimos.'

'Pero después regresó y le dio la paliza al tal Robert.'

Eva suspira. Se cubre la cara con las manos.

'Ya estábamos montados en el automóvil, sin hablarnos. Aaron solamente me miraba, con rabia, creo. Entonces vimos pasar a Robert, que intentaba llegar a su auto sin ser visto. Aaron se apeó y allí mismo le dio la paliza.'

'¿Fue muy grave?'

'No tanto. Aaron no es tan fuerte. Además, él no es violento, ya le dije.'

'¿Y entonces por qué no vino el mismo Robert a hacer la denuncia?'

'No lo sé. Supongo que ya tendrá suficiente con llegar a casa lleno de moretones. Él está casado, ¿sabe?'

Eva se mueve intranquila. Va hasta su bolso y saca el paquete de cigarros. Ante la impasibilidad de Tom decide encender uno. Tom mira el paquete vacío en el cesto. Se pone de pie y se acerca a Eva que le ofrece un cigarro. Tom lo acepta y los dos fuman junto a la ventana.

'Realmente no quiero acusar a Aaron. Él es muy bueno, y yo lo quiero. Solo que cuando lo vi golpear a Robert... no sé, me asusté. Lo vi de pronto convertido en una fiera.'

Tom le mira el brazo. La marca parece una mordida.

'¿Esa marca se la hizo su novio?'

Eva sonríe.

'Oh, no. Esto fue Robert. A veces mientras hablamos él se pone como un niño. ¡Es tan torpe!'

 

Ficha
Abel Fernández-Larrea. La Habana, 1978. Narrador, ensayista, traductor, editor y profesor cubano. Es editor de la Editorial UH y profesor en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Miembro de la AHS. Tiene publicado el libro de cuentos Absolut Röntgen (Caja China, 2009). Sus cuadernos Berlineses y Los héroes de la clase obrera obtuvieron en 2012 el premio Fundación de la Ciudad de Matanzas y el Premio Uneac de Cuento Luis Felipe Rodríguez, respectivamente.

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