Voz de mágica raíz

Antonio López Sánchez • La Habana, Cuba
Foto: Cortesía del Conjunto Folclórico Nacional

Para cualquier persona sensible, creyente o no, son muchos los buenos frutos que en materia de arte y saber se desprenden de las religiones. Más allá de profesar o no la fe en determinados dioses, los múltiples quehaceres artísticos que se generan por detrás de los credos, más si también forman parte de los pilares de un país, son un tesoro cultural inapreciable.

Imagen: La Jiribilla

Cuba es, a qué dudarlo, nación mulata, de rica mezcla mestiza. Un pueblo que, como afirmara en entrevista a Luis Báez y Pedro de la Hoz monseñor Carlos Manuel de Céspedes, no podría calificarse de fervoroso, ni de totalmente católico, ni antes ni después de 1959. Aunque sí enunciar que “la mayoría es creyente porque cree en algo, con una filiación, a veces muy diluida, de la fe católica. Este es un pueblo religioso”. En ese diluirse que mencionaba el sacerdote, el catolicismo español se sincretiza entonces con nuestra otra poderosa fuente primigenia, las religiones de origen africano.
Por supuesto, dentro de estas creencias, la música ocupa un sitio vital, y se alza como uno de los alimentos angulares de nuestra identidad como nación. “Los cubanos hemos exportado con nuestra música más ensoñaciones y deleites que con el tabaco, más dulzuras y energías que con el azúcar. La música afrocubana es fuego, sabrosura y humo; es almíbar, sandunga y alivio; como un ron sonoro que se bebe por lo oídos, que en el trato iguala y junta a las gentes y en los sentidos dinamiza la vida”. Esta frase, salida del genio de don Fernando Ortiz, en su Africanía de la música folklórica de Cuba, no requiere de más explicaciones. Europa y África nos concibieron.

“(…) La música afrocubana es fuego, sabrosura y humo; es almíbar, sandunga y alivio; como un ron sonoro que se bebe por lo oídos, que en el trato iguala y junta a las gentes y en los sentidos dinamiza la vida…”
Por eso las páginas de La Jiribilla dedican ahora justo homenaje a una de esas cimas de la música afrocubana. Una de esas voces donde vivió a la vez el ardor y la belleza. La inconfundible voz del maestro Lázaro Ross, del Osha Niwe, ese Santo de Manigua, tal significa su nombre de credo. A noventa años de su natalicio en el lejano mes de mayo de 1925, y a diez de su partida, vale revivir un poco de la historia de este destacado cantante, bailarín y creador, que tanto hizo por preservar y difundir la música de nuestros ancestros negros.

“(…) La música afrocubana es fuego, sabrosura y humo; es almíbar, sandunga y alivio; como un ron sonoro que se bebe por lo oídos, que en el trato iguala y junta a las gentes y en los sentidos dinamiza la vida…”Además de ser fundador del Conjunto Folclórico Nacional, y sin duda, uno de sus más destacados exponentes desde el canto, Ross también se desempeñó como bailarín, y escritor de obras para este grupo. El cine igualmente perpetuó su trabajo. Los años finales de su labor, le concedieron nominaciones a los Premios Grammy, lauros en los festivales del Cubadisco, y el reconocimiento de la fundación Fernando Ortiz, entre otros. La amplitud de sus miras, y la hondura de su arte, le permitieron incursionar en rubros tales como el rock o la fusión. Así surgieron grabaciones acompañado de formatos como Síntesis o con Pablo Menéndez y su Grupo Mezcla, con quien además compartió actuaciones en los EE.UU.
Pero más que esos apuntes biográficos, aunque también importantes sin duda, preferiríamos un par de sus retratos en palabras. Tal vez no alcancen la estura de sus cantos, pero al menos quedan como válidos espejos de una vida. El primero, es de la autoría de la pluma de otro que se nos fuera muy pronto, el periodista Manuel González Bello, en una de las últimas entrevistas que concediera el músico.
 “Con su sonrisa permanente y una bondad inocultable, Lázaro Ross está ajeno a toda la vanidad a que pudo haberlo conducido la gloria proporcionada por el arte. Hay una ética y una actitud ante la vida que pudiera inferirse de sus palabras: "A mí me dijeron los santos cuando tenía 25 años que con mi arte iba a recorrer el mundo y eso se cumplió. Me dijeron que siempre debía ser humilde y yo les he cumplido". Lázaro Ross es el cantante de música yoruba que (…) con más fidelidad canta en voz yoruba en Cuba. Primero como solista del Conjunto Folclórico Nacional y ahora con su propio grupo, ha ido haciendo una carrera profesional lenta, pero efectiva”, escribió González Bello.
El otro retrato, este en el tono de los agradecimientos, viene del genio de esa carismática y ya imprescindible investigadora que es doña Natalia Bolívar Aróstegui. Para ella, además de gran amigo y hermano, el artista fue el “akpwuón de cantos y lamentos de su África, de voces imbricadas en la fértil tierra cubana, registros de aletas de mariposas y susurro de hojas de álamo”. Un rey de reyes, así lo nombra Natalia en su libro Los orishas en Cuba.
Que se deje oír entonces todo el pesar y toda la alegría de esa larga historia negra que también nos arma y nos cuida. Que otra vez nos cuente de sus dioses, de su luz y su monte, de sus mitos de altar y manigua, en ese todo mezclado que somos. Y que toda esa mágica raíz, se oiga en la voz nuestra del maestro Lázaro Ross.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato