La mujer, una revista en apoyo al movimiento feminista cubano

Cira Romero • La Habana, Cuba

Desde el siglo xix existieron en Cuba revistas dirigidas por mujeres y dedicadas casi por entero a ellas.  La más importante fue, sin dudas, el Álbum cubano de lo bueno y lo bello (La Habana, 1860), dirigida por Gertrudis Gómez de Avellaneda, que en doce números aunó no solo voces femeninas, sino también la de destacadas figuras masculinas del momento; y también El Céfiro (Puerto Príncipe, [1866-1868]), a cargo de Domitila García de Coronado y Sofía Estévez. En el siglo xx existieron otras muchas revistas a cargo del mal llamado “sexo débil” y entre ellas se destacó La Mujer (1929) “Revista mensual para la familia y el hogar. Labores, modas, arte, literatura, reformas sociales y todo lo que pueda interesar a la Mujer para su cultura y desenvolvimiento económico y social”. Fue dirigida por María Collado, una incansable luchadora por colocar a la figura femenina en el verdadero lugar que le correspondía  en todos los órdenes de la vida, tanto laboral como social. En el primer número, aparecido el 20 de septiembre, se expresaba:

“No será esta publicación órgano de ninguna institución determinada; se mantendrá neutral en este punto a fin de hacer más eficaz su labor doctrinaria en pro de la causa que defenderá con tesón y energía aunque sin violencias de ninguna clase. Sus columnas estarán siempre abiertas a todos los clamores justos, a todas las empresas elevadas, ya sea iniciativa oficial, de colectividades, o particulares. La obrera encontrará siempre dispuesta a La Mujer a secundarla en todos sus esfuerzos para mejorar su condición precaria. La estudiante hallará estímulo en todo momento para el esfuerzo que realiza en las aulas, la escritora podrá tener como suyas propias estas páginas y así sucesivamente las mujeres sea cual fuere su condición social desde la más humilde a la más elevada, encontrarán aquí eco simpático en todas sus empresas y auxilio decidido si les es necesario.”

Entre las redactoras de La Mujer hubo figuras muy destacadas como la antes citada Domitila García de Coronado, la periodista y poetisa Isabel Margarita Ordex, María Villar Buceta, autora del poemario Unanimismo (1927) y Aida Peláez, otra luchadora por los derechos de las mujeres. De la Villar Buceta diría Cintio Vitier, refiriéndose a su poesía, que en su momento representó:

“la actitud más ensimismada y la mayor concentración expresiva, todo ello a través de un fino y escéptico sentido del humor […] poesía, puede añadirse, centrada en el carácter antes que en el sentimiento y dominada por un introspectivo temple estoico —desolación, ironía resistencia—  que en sus últimos poemas alcanza una dimensión más entrañable y trascedente, con vigor y sobriedad ejemplares.”

A partir del número 2 su periodicidad fue quincenal, aunque por lo general fue bastante irregular en sus apariciones. Desde el número 128 pasó a ser órgano oficial de la Asociación Femenina de Prensa, uno de los intentos más importantes del momento por elevar y respaldar la situación de las voces de mujeres en nuestras publicaciones periódicas.

Publicó artículos sobre el movimiento feminista cubano, trabajos literarios, poemas, breves piezas teatrales y notas históricas y musicales. Entre sus secciones fijas estuvieron “Para nuestros pequeños lectores”, dedicada a los niños; “Letras femeninas”, que publicó solo trabajos escritos por mujeres, tanto de contenido científico como crónicas de arte y de literatura; “Bibliográficas”, que comentaba las últimas publicaciones, y varias secciones destinadas a divulgar la vida de destacas figuras femeninas.

Entre sus colaboradores más asiduos estuvieron Mercedes Borrero, Renée Potts, Ciana Valdés Roig, Roger de Lauria (seudónimo de Ramón R. Gollury), Félix Callejas, José Ángel Buesa y la poetisa Josefina de Cepeda. Algunas de las citadas, poetisas todas, se inscriben entre las voces cultivadoras de la poesía femenina, que en el proceso de la lírica cubana ha sido cada vez más abundante y valioso. Así Ciana Valdés Roig se hizo notar por sus poemas suaves y tiernos, Renée Potts daría a conocer años después, en 1936, sus conocido Romancero de la maestrilla (1936) y Josefina de Cepeda, quien en 1938 contrajo matrimonio con el destacado dramaturgo y novelista José Antonio Ramos, pasaría a las letras por poemarios como Grana y armiño (1935) y Palabras en soledad. Poemas del sanatorio (1938-1939) (1941).

Pero una de las figuras más populares de esta revista fue la de José  Ángel Buesa, voz relevante del movimiento neorromántico cubano, de verso melodioso y atrayente, muy pegado al oído gracias a su musicalidad, de modo que en aquellos años ya había conquistado la preferencia de la gran masa lectora. En La Mujer publicó poemas como su soneto “Yo vi la noche…”, donde leemos:

Yo vi la noche ardiendo en su tamaño,

y yo crecía hacia la noche pura

en un afán secreto de estatura,

uniendo mi alegría con mi daño.

 

Y aquella realidad era un engaño,

en su sabor de ensueño y de aventura;

y abrí los ojos en la noche oscura,

y yo era yo, naciendo en un extraño.

 

Y yo era yo, pequeño en mi amargura,

muriendo en sombra bajo el cielo huraño

y cada vez más lejos de la altura.

 

Y odié mi realidad y amé mi engaño,

y entonces descendió la noche pura,

y sentí en mi estatura su tamaño.

La Mujer alcanzó a llegar, al parecer, hasta el número 140, último visto, correspondiente a junio de 1941,  lo cual supone un esfuerzo extraordinario en años en que poco importaban revistas de esta naturaleza. Solo el esfuerzo sostenido de la incansable María Collado, voz indiscutible del feminismo cubano, y de sus más cercanas colaboradoras, logró que fuera una publicación que alcanzó cierta estabilidad durante el tiempo en que tuvo vida y hacerla quincenal desde su segunda aparición facilitó que se constituyera, sin dudas, uno de sus más destacados méritos.

Comentarios

Una Mujer se hizo mar
se hizo cielo en un navío
un ancla retando al frio
del cuerpo se hizo tallar
en lo oscuro
se hizo azar
viendo paz en su mirada
se hizo cuerda
puso un hada
en la proa contra el llanto
una mujer se hizo tanto
una mujer
sueños
nada.

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