Cantores...

Cecilia Todd: tu amor es el canto mío

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba
Imágenes de Internet

Camino del llano viene
puntero en la soledad,
el cabrestero cantando, ah...
su canto en la madrugá.

Con su voz tierna, cristalina, eternamente acompañada de su cuatro, se adentra en los silencios, escarba en los siglos y nos entrega la esencia espiritual de su pueblo, condensada en los versos de cada canción; con alma profundamente nuestroamericana hermosea Venezuela: está cantándonos Cecilia Todd.

Imagen: La Jiribilla

La luna busca la sombra
y no la puede encontrar
porque la sombra se esconde, ah...
detrás de la madrugá.

Ah, no llores más, nube de agua,
silencia tanta amargura
que toda leche da queso
y toda pena se cura, ovejón.

Ha estado con nosotros, en Cuba (acaba de retornar a Caracas al amanecer) una de las grandes cantoras de nuestro continente, genuina expresión del folclor, que no es canto del pasado, sino esencia de siempre, pues el canto auténtico no tiene pretérito, venga de la época que venga es del instante que vivimos, del ahora en que nos estremece.  

Mamá, me perdonará
lo que le voy a decir,
que yo me acosté a dormir
y desperté embarazada.

Yo no sé de quién será,
hombres yo no he conocido;
esto a mí me ha sucedido
sin tener ningún intento,
creo que será un mal viento
que al despertar he tenido.

La música genuina de los pueblos vive arrinconada por la “seudocultura consumista globalizada” —así, no más, no hay que enredarse en eufemismos. Nos han tratado de borrar la memoria con las cancioncillas de moda, insustanciales, hechas e interpretadas sin asomo de poesía; canciones plagadas de lugares comunes, frases vacuas de sonidos efectistas, música sin identidad, “hueca y aparatosa” —diría José Martí.

Hija, tú no me haces creer
ni por tu ciencia, Marina,
esto sólo a la gallina
el viento la hace poner.

No ha nacido la mujer
que para de un huracán;
sea de Pedro, sea de Juan,
yo lo saco por la cara
y es de más que me negaras,
yo sé los que a casa van.

Para suerte nuestra, de todos —hasta de los más atrapados por la despoetización global— la gracia, la inteligencia, el pensamiento… los sueños y dolores de los pueblos están bien guardaditos, atesorados en su cancionero; cierto es que casi proscrito en los grandes circuitos mediáticos, pero aun cargando con la increíble etiqueta de “música alternativa”, va nuestro canto, a su paso, burlándose de la muerte o del olvido.      

Imagen: La Jiribilla

Por fin se llegó ese día
de la hija dar a luz.
Se parecía a Jesús
en las narices, la cría,
y en el pescuezo a Isaías
y en la boca a Crispiniano,
y en los ojos a Luciano,
en los cachetes a Juancho,
y en las orejas a Pancho
y en el pelo a don Asiano.

Cada día son más los que llegan a la música, hastiados del medioambiente sonoro contaminado y falto de espíritu, y crecen hurgando en las raíces; una de esos es Cecilia Todd. Una venezolana de pura cepa, con la grandeza de la sencillez martiana, de esas que canta porque lleva consigo la imperiosa necesidad de traducirnos lo que somos, en sus infinitas dimensiones, de entregarnos la verdadera riqueza, que no es más que la sabiduría acumulada en el cancionero popular.   

Empezó este niño a andar,
cambió de otro parecer;
se parecía a Daniel
y en lo alto a Eliazar,
y en la rodilla a Pilar,
en lo pando a Simeón.

Por tanta comparación
vino su madre a creer
que su hija era la mujer
que paría de un ventarrón.

“Cuando yo nací en casi todas las casas venezolanas había un cuatro, luego eso se fue perdiendo y ahora estamos tratando de recuperarlo”, dijo en el programa televisivo Entre Manos que acaba de grabar en el Canal Habana. Y nos contaba que aprendió a tocar el cuatro desde pequeña, viendo a sus familiares tocarlo, casi como un acto natural.  

Anoche se reflejaba la luna
sobre el espejo de la laguna
y me hizo acordar de una ilusión
que llevo en el corazón
cual ninguna.

Cual la tuna del limón
se clavó en mi corazón
y me dejó sin ilusión,
sin amor y sin fortuna.

Desde inicios de los años 70 comenzó a presentarse públicamente y en 1972 llegó a Buenos Aires, donde vivió tres años que resultaron una gran experiencia, pues estudió canto con la muy reconocida profesora Susana Naidich y compartió con diversos músicos,  como los integrantes del grupo Buenos Aires 8, y con la cantora mayor de América, Mercedes Sosa.

Imagen: La Jiribilla

Pajarillo verde, como no quieres que llore,
pajarillo verde, como no voy a llorar,
ay, ay, ay, si una sola vida tengo,
pajarillo verde, y me la quieren quitar

Pajarillo verde, como no quieres que llore,
pajarillo verde, como no voy a llorar,
ay, ay, ay, si los grillos que me quitan,
pajarillo verde, me los vuelven a pegar.

Cecilia Todd, con su cuatro por Buenos Aires, comienza a grabar en un estudio; alguien de un sello disquero la ve y se impacta; comienza entonces la aventura de hacer un fonograma en serio (por entonces Long Play, disco de pasta), sería su primera producción discográfica.

Saldría de esos estudios una obra natural y sencilla, como es Cecilia, profundamente poética; suma a los músicos Cacho Tirao, Domingo Cura y Horacio Corral; escoge temas entrañables del folclore venezolano y sale así a la luz el disco Pajarillo verde. El diario Clarín la considera entonces como «la más importante revelación folclórica del año», y mucho tiempo después, en 1999, el propio diario lo incluye entre los 100 mejores discos del siglo XX, en la Argentina. 

Debajo de un limonero en flor
no se me olvida el ”te quiero, amor”.
Aunque debiera olvidarte
porque ya pasó la floración
y se le cae de la mata,
acidito, el juguito ‘e limón;
gota a gota va cayendo
y ardiendo en mi corazón.

A comienzos de 1976 Cecilia emprende junto a Buenos Aires 8 una temporada de verano y luego retorna a Caracas. Vendrían años de giras por México, España, EE.UU., Chile, Brasil, Colombia, y Cuba,  entre muchos otros. Compartirá escenario, con Joan Manuel Serrat, Chico Buarque, Astor Piazzolla, Mercedes Sosa, y trovadores cubanos como Pablo Milanés,  Sara González, Noel Nicola, con quien hizo una gira, y Silvio Rodríguez.

Hay quien precisa una canción de amor,
hay quien precisa un canto de amistad,
hay quien precisa remontarse al sol,
para cantar la mayor libertad.

Muchas han sido las visitas de Cecilia Todd a Cuba, estuvo de paso por  La Habana, a razón del Cubadisco 2015 y acaba de ofrecer un concierto con Liuba María Hevia con quien está preparando el álbum Hay quien precisa.

Imagen: La Jiribilla

Hay quien precisa una canción de paz,
hay quien precisa el canto de un fusil,
hay quien precisa una evidencia más,
para tener la razón de vivir.

Cecilia y Liuba nos reservan un mágico disco doble de 15 canciones cada uno, que se está mezclando por estos días, en el cual, nuestra gran trovadora interpreta clásicos de la cultura musical venezolana y la gran folclorista venezolana interpreta piezas de Liuba, como “Estela granito de canela”, “Si me falta tu sonrisa”, “Ausencia”, “De monte y ciudad”, “Con los hilos de la luna” y “Tu amor es el canto mío”.

Tu amor me nace en cada palabra,
y aunque lo oculto del aire frío,
escapa dulce, llena los labios,
llena los labios como un suspiro.

Porque tu amor es el canto mío,
es el canto mío,
llenas la vida con tu universo
de manzanilla, ciruela y río,
porque tu amor es el canto mío.

Ambas unen sus voces en alguna que otra pieza, especialmente de Silvio Rodríguez y Liuba María versiona canciones antológicas del repertorio de Cecilia Todd, figuran nombres de autores como Simón Díaz, Otilio Galíndez,  Constantino Ramones y Adelis Fréitez, y entre los títulos “Pajarillo verde”, “El norte es una quimera”, y “Caramba”, y “Acidito”.

Anoche mientras pasaba el destello
pintaba en el azul de tu cielo
con tinta de mi corazón
un cuadro de ilusión y de anhelos.

Acidito es el sabor,
como néctar del amor
que está escondido en una flor
de un limonero en celo.

Este disco me remite a un proyecto similar que en los 80 hicieron juntos Lilia Vera y Pablo Milanés. Lilia, otra de las grandes voces de la canción venezolana que interpretó piezas de Pablito y él, con esa voz telúrica nos trajo a Cuba el alma venezolana con obras que desde entonces ocuparon un rincón especial en los que atesoramos ese disco, como “Montilla”, “El pregón de las flores”, “Mi tripón” o “Pueblos tristes” —estas dos últimas estremecedora canciones de Otilio Galíndez.

No me cabe duda, aun sin haberlo escuchado (pues se está mezclando ahora mismo), el álbum Hay quien precisa de Cecilia Todd y Liuba María Hevia, será otro de esos abrazos de pueblos que quedan como tesoro espiritual, tan necesario para vernos, reconocernos y gozar cada cual de la poesía del otro; es la américa nuestra y nueva, extrayendo de sus raíces, contra viento y marea, la savia de felicidad la sabiduría del alma y la razón acumuladas en sus cantos.

 

El norte es una quimera

Autor: Luis Fragachán

Me fui para Nueva York
en busca de unos centavos
y he regresado a Caracas
como fuete de arrear pavos.

El norte es una quimera,
qué atrocidad,
y dicen que allá se vive
como un pachá.

Ay, Nueva York,
no me halagas con el oro,
tu ley seca la rechazo,
no me agrada y la deploro.

A Nueva York
yo más no voy:
allá no hay berro,
no hay vino y no hay amor.

Todo el que va a Nueva York
se vuelve tan embustero
que si allá lavaba platos
dice aquí que era platero.

No vuelvo pa’ Nueva York,
lo juro por San Andrés,
no me gusta hablar inglés
ni montar en ascensor.

 

 

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