Lecturas

Un Alexis Márquez mucho más cercano
del que se marchó

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

El intelectual venezolano Alexis Márquez Rodríguez falleció en Caracas el 10 de mayo del año en curso. La noticia ocupó espacios en la mayoría de los medios de prensa, tanto los que defienden y promueven el proyecto revolucionario bolivariano como en esos otros que en una gradación diversa tratan de descalificar el original proceso de transformaciones sociales que tiene lugar en el país sudamericano. En los primeros se trató con respeto y altura la huella de un ensayista y profesor que marcó para siempre el pulso  de la creación literaria latinoamericana y caribeña, aun cuando en los últimos años Márquez lamentablemente se alineó con la reacción venezolana.

Por coincidencia, Márquez nació en 1931 en Sabaneta, Barinas, la patria chica del comandante Hugo Chávez. Estudió Lengua y Literatura en el Instituto Pedagógico Nacional y luego abogacía en la Universidad Central de Venezuela. Durante más de tres décadas se dedicó a la docencia y por medio siglo escribió artículos de opinión para la prensa, una gran cantidad de ellos tributados al diario El Nacional. Fue miembro de la Academia Venezolana de la Lengua.

Pero su obra de mayor peso se halla en el campo de la teoría y crítica literaria, en el que destacó por sus estudios sobre varios de los más relevantes autores de su país —Miguel Otero Silva, Arturo Úslar Pietri, Mariano Picón Salas, Francisco Herrera Luque, Salvador Garmendia, Vicente Gerbasi y, Alberto Arvelo Torrealba— y los ensayos esclarecedores sobre el realismo mágico,  lo real maravilloso, el barroco literario hispanoamericano, y la novela histórica latinoamericana.

Y es ahí donde se inscribe su devoción por nuestro Alejo Carpentier. Sus aproximaciones al universo literario del autor de El siglo de las luces se hallan agrupados en los libros La obra narrativa de Alejo Carpentier (1970), Lo barroco y lo real maravilloso en la obra de Alejo Carpentier (1982), Ocho veces Alejo Carpentier (1991) y Los pasos recobrados (2003).

Márquez hizo notar cómo el escritor cubano, en medio de la vorágine de la Segunda Guerra Mundial, “fue de los pocos que, no se dejó arrastrar por el desesperado nihilismo existencialista, y más bien se afianzó en él la convicción de que el futuro de la humanidad, una vez salida de la hecatombe bélica, estaba en América”.

Con agudeza advirtió la significación de que “la primera de las grandes novelas de Carpentier, escrita en tales circunstancias, haya sido sobre la revolución. No de otra manera puede calificarse El reino de este mundo desde el punto de vista temático. Deslumbrado el escritor cubano por lo real maravilloso que descubría en la historia haitiana, y que lo llevaba a evocar otros pasajes de la historia toda del Continente, en que las acciones humanas alcanzan tal grado de prodigio y de portento que desafían con éxito a la más febril imaginación, concibe una novela en la cual el relato se extiende en el espacio histórico en que se suceden tres revoluciones, que buscan la definitiva liberación de los negros, descendientes de los antiguos esclavos traídos de África”.

Subraya el optimismo imperante en el planteamiento carpenteriano, en tanto “responde a la concepción de que tales estallidos revolucionarios no son sino episodios de la gran revolución que el hombre ha venido intentando desde tiempos inmemoriales, siempre guiado por el mismo espíritu liberador, por el ansia de libertad que José Carlos Mariátegui definió alguna vez como uno de los grandes mitos universales y eternos”.

En otro momento Márquez señala que la Revolución cubana fue para Carpentier “la superación definitiva del Mito de Sísifo”, y un compromiso con “la construcción de un nuevo destino para su pueblo”.

El 15 de mayo de 1975 Carpentier fue homenajeado en la capital venezolana por la Universidad Central, el Ateneo de Caracas y las asociaciones de escritores y periodistas de ese país. Correspondió a Alexis Márquez pronunciar las palabras de elogio. El novelista cubano expresó entonces su gratitud a Márquez Rodríguez, “y agradezco sus palabras tanto más, si se tiene en cuenta que ha dicho cosas, acerca de mí, que pertenecen a la categoría de aquellas que no puede pronunciar un escritor, acerca de sí mismo, habiendo de esperar que la sagacidad crítica de otros subrayen ciertos hechos que tienen una enorme importancia para la persona, objeto de la crítica. Señaló Alexis Márquez Rodríguez, para satisfacción mía, lo confieso, que en mis escritos, desde los de mi primera juventud, se observa una cierta unidad de propósitos y de anhelos”.

A los primeros foros organizados en los años 80 por la que sería Fundación Alejo Carpentier en La Habana, Alexis Márquez contribuyó junto al colombiano Isaías Peña, el peruano Antonio Cornejo Polar, la portorriqueña Carmen Vásquez, los alemanes Hans-Otto Dill y Klaus Müller-Bergh, y los cubanos José Antonio Portuondo, Graziella Pogolotti, José Juan Arrom, Luisa Campuzano y Rogelio Rodríguez Coronel, entre otros.

Este Alexis Márquez es el que debemos tener en cuenta siempre, revisitarlo en sus juicios críticos y ahondar en sus valoraciones teórico-literarias. El que se marchó este mayo, enquistado en posiciones reaccionarias que fueron mucho más allá de la desilusión —legítimo derecho humano— hasta alcanzar las más altas cotas de la sinrazón, no podrá borrar a aquel otro que nos es cercano. 

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