Beethoven al seguro

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba
Lunes, 18 de Mayo y 2015 (10:50 am)

Para su primera presentación en Cuba, 85 años después de la última estancia, la Orquesta de Minnesota jugó al seguro con Beethoven por delante. Luego mostrarían una paleta más amplia, el homenaje al anfitrión por la vía de uno de los íconos de la vanguardia, Alejandro García Caturla; un conocido acercamiento sinfónico a la cultura escénico mu­sical popular norteamericana, la suite de West side story, de Leo­nard Ber­nstein; y una de las tremendas sagas sonoras del ruso Serguei Pro­kófiev, Romeo y Julieta.

Pero Beethoven estuvo en primer plano a lo largo de la velada inicial en la sala Avellaneda del Teatro Na­cional. No era una elección fortuita. Todo organismo sinfónico tiene en Beethoven una medida de su altura y los músicos de la agrupación basada en Minneapolis, y su director titular, el finés Osmo Vanska, quisieron de­mostrar ante el público cubano la solidez de un ejercicio profesional que los ha clasificado, desde hace buen tiempo, entre las formaciones de mayor rendimiento en un país don­de esa jerarquía es arduamente disputada. No por gusto, en los 112 años de existencia, la Orquesta de Minne­sota ha cimentado su prestigio me­diante el fichaje de músicos de probado desempeño y de conductores que devinieron hitos legendarios de la vida musical del siglo XX como Eugene Ormandy (1931-1936), Di­mitri Mi­tropoulos (1937-1949) y An­tal Dorati (1949-1960).

No obstante, los últimos años han sido duros para la orquesta, por desa­venencias internas. El nuevo director ejecutivo, Kevin Smith, declaró que la experiencia cubana debía ayudar a “restablecer el lugar que ocupamos” y contribuir al relanzamiento de la organización, “teniendo en cuenta que todo el mundo está im­buido por la emoción, la aventura y la confianza de que podemos hacer cualquier cosa”.

Imagen: La Jiribilla

Aunque los mayores reconocimientos obtenidos por Vanska provienen de su interpretación de la música nórdica, especialmente la de su compatriota Jan Sibelius, se le considera un beethoveniano de cla­se, por sus ejecuciones en vivo y grabaciones. Conquistó un Grammy y el Classic FM Gramaphone con los registros de la Novena sinfonía y el álbum contentivo de la Segunda y la Séptima, respectivamente.

La joya de la corona, en términos simbólicos, fue la Fantasía coral pa­ra piano y orquesta op. 80, por haber sido un puente para el diálogo entre los músicos norteamericanos y las voces del Coro Nacional de Cuba y Vocal Leo, y contar como solista invitado al maestro Frank Fer­nán­dez. Y por honrar la dedicatoria de Cu­­ba­disco 2015, que inició su agenda oficial de conciertos con esa función, a la música sinfónica y coral.

Fernández, bien lo sabemos y de ello se han enterado los músicos norteamericanos, es al igual que Vanska un beethoveniano de pura cepa. Todavía se recuerda como una de sus ejemplares hazañas la interpretación consecutiva de los cinco conciertos del genio de Bonn. Su línea romántica, vehemente y grávida, se corresponde con los principios de esa escuela. Vanska amoldó por una parte su pulso al tempo y la entonación del pianista mientras por otra resaltó, con el concurso de las directoras corales Digna Guerra y Corina Cam­pos, la  mag­­­nitud lírica expansiva en que desembocan las variaciones de un tema que anticipa, obviamente, el movimiento final de la Novena.

Las ejecuciones de las otras dos obras de Beethoven incluidas en el programa resultaron convincentes. Bastaron los primeros compases de la Obertura Egmont para tener una idea de la contundencia de la entrega en una obra en la que el carácter contrastante de los motivos expresa con nitidez los conceptos de lucha, libertad y victoria.

La interpretación de la Tercera sinfonía (Eroica) reconfirmó las credenciales de la orquesta y el di­rector. La manera de encarar el primer movimiento nos situó en una órbita cercana al modo de hacer de la tradición germánica, pero sin epigonismos castrantes. En la Marcha fúnebre Vanska brilló sobremanera por la dinámica y la expresión, valores asimismo determinantes en los dos movimientos finales de la sinfonía.

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