El Portazo

Café CCPC: ¡Cuba va!

Martes, 19 de Mayo y 2015 (2:08 am)
Imagen: La Jiribilla
“Si lo controvertible ayuda a pensar y reflexionar, entonces el teatro cumple su función de manera categórica, su rol de sirena gigante de aviso, de SOS sobre el universo. Cada ironía de las imágenes o la música, cada palabra soez o gesto provocativo de los actores, es un zarpazo a la indiferencia hacia lo que sucede en las cuestiones sociales de nuestro amado cocodrilo verde. Dicen que a la tercera va la vencida y los artistas de El Portazo no creen ni en detractores ni defensores, creen en la verdad del teatro como instrumento salvador, catártico y necesario.” Estas palabras fueron escritas por mí el 23 de septiembre de 2013, tras asistir al estreno de Semen, de Yunior García Aguilera, el espectáculo que cerró la trilogía de montajes titulada En Zona. Me pregunté intrigado en aquel entonces ¿y ahora qué?
 
El 7 de mayo de 2015, tuve ante mis ojos la respuesta a aquella pregunta de hace casi dos años. Bien que ha valido la pena la demora, pues Café CCPC, o lo que es lo mismo The Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative, es una vuelta de tuerca en redondo dentro de la historia de este joven colectivo, un giro casi radical, que sin embargo no los ha hecho perder ni la estética, ni el concepto que los hizo nacer.
 
Ir al teatro es para cualquier espectador un enfrentamiento que produce tantas preguntas como respuestas, amén del poder purgatorio per se que poseen el arte y la cultura. Café CCPC le echa una mirada inteligente, irónica y comprometida a la trayectoria de vida de esta isla invencible, y eso en términos ideológicos, además de valedero, porque es un acto de revisión que nos toca a los cubanos primero que a nadie, es la constatación de que el teatro puede y debe ser un medio de expresión contundente y de marcada función social.
 
Una avanzada, tres recesos y tres bloques, le bastan a Pedro Franco y su excelente equipo de jóvenes histriones e invitados (William Quintana más joven y eficaz cada día, como el buen vino), para hablar acerca de su compromiso con la nación y los estratos más vulnerables que la conforman. Hacerlo desde el lenguaje del cabaret, el café teatro, jugando con el ready-made escénico y las necesidades reales a nivel económico de la compañía que dirige, es una declaración eminentemente política desde las tablas.
 
El artista que en nuestro contexto no reconozca esta filiación tan esencial está mintiendo, y las falsedades y mascaradas superficiales no han ayudado jamás a esa reflexión posterior que acompaña al público - de cualquier segmento social que sea -, tras haber concurrido a casi más de dos horas de espectáculo.
 
El cabaret político de El Portazo está hecho con un amor inmenso a Cuba. Todo lo demás, la excepcional y provocadora banda sonora, el diseño escenográfico y promocional, la coreografía, incluso el desmadre aleatorio de los vestuarios y los elementos de utilería, enuncian acerca de los propósitos de ese prometedor conjunto dramático en hacer un teatro profesional que hable de identidad, voluntad de permanecer, responsabilidad y misión social.
 
No nos dejemos confundir por los brillos, las lentejuelas y las plumas propias del show nocturno. Este reciente estreno, más que humor, baile a morir, ritmos y canciones de ayer, hoy y seguramente mañana, clama por la necesidad de no cejar en la búsqueda de las cosas necesarias que nos faltan y sobre las pérdidas de lo que hemos tenido. Los asuntos de ordenamiento y comportamiento de los entes que desandan nuestro mapa, la cultura de relación que hemos establecido con foráneos en el pasado y en el presente, las lecturas metafóricas y literarias sobre una armonía soñada, vivida o ausente, responden a una entelequia general cotidiana que algunos nombran utopía y otros quimera. Ese ideal ha estado en El Portazo desde su repertorio anterior, solo que aquí se nos revela de forma rocambolesca, como corresponde a cualquier fiesta de adultos en la noche que pretenda remover sentimientos, motivar a la meditación o estimular a los visitantes desde una experiencia tanto ética como estética.
 
Los jóvenes son siempre revolucionarios, rebeldes, provocadores. Lo fueron Martí, Maceo, Agramonte, Camilo, Frank, Villena, Celia y Haydee, entre otros nombres gloriosos de próceres muertos y vivos. Cuestionar, inquirir, es un derecho lo mismo de las edades tempranas que de cualquier edad. El teatro puede servir como un puente de comunicación que potencie más encuentros que desencuentros entre los cubanos. Por eso es importante reconocer que esa carga dramática que se eleva varias veces en los distintos bloques del Café…, no solo sirve para motivar y sostener la expectativa del público asistente, sino para cambiar el sentido de resignación y desidia de muchos, por nuevos bríos y esperanzas de un país mejor, más allá del restablecimiento de nexos rotos por más de 50 años y su comentado anuncio público el 17 de diciembre de 2014.
 
Las elucubraciones van y vienen, todos los nacidos en la mayor isla de Las Antillas, incluido por supuesto El Portazo, estamos en estado de alerta hacia lo que se aproxima. El gesto del The Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative, no es raro ni impropio, mucho menos alejado de nuestra más cruda realidad, pues incluye en su nómina a todos los sectores de la población apellidándolos Valdés, con sus diferentes elecciones sexuales, religiosas y políticas. Café CCPC huye con alegría bullanguera y cierta pizca de amargo en el alma, de los discursos vacíos de aquellos seres que no sienten ni creen en lo que dicen, porque sublimizan de forma externa y demagoga el concepto de patria, al hablar y referirse de manera desubicada sobre un país que ha entrado en una órbita socioeconómica compleja a nivel mundial, que nos ha obligado a todos a pensar y repensar en nuevas estrategias de vida y de trabajo, sin renunciar a los valores humanos y culturales alcanzados por la Revolución.
 
Sugiero entonces a los que vayan, y tal vez, quizás, no entiendan o comprendan esta nueva oferta artística y gastronómica, no atrincherarse en imágenes y visiones que están sembradas entre el pecho y el cerebro de manera torcida y prejuiciosa. No hagan por favor análisis estrechos. Rían, bailen, gocen, tomen, porque por encima de todo, con amigos y enemigos, cascos, botas, tacones, maletas, cortinas, luces, plataformas que se elevan en un final apoteósico y carnavalesco: ¡Cuba va!

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