Literatura

De Lluvia colorada

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

El conocido narrador, promotor cultural y  poeta Arístides Vega Chapú (Santa Clara, 1962) vuelve a la carga de sus recuerdos con una nueva novela: Lluvia colorada (Editorial Capiro, 2014), bajo el cuidado de Otilio Carvajal y de Rebeca Murga. Con una acertada nota del colega Sergio García Zamora, el texto, que salva la memoria de esta crisis y nos convida a vivir a plenitud, aborda el peliagudo asunto del Período Especial y sus consecuencias, pero no como retórica, sino como excusa.

El pedestre y en apariencia trivial proceder médico al que debe someterse el narrador (“El escritor”), funciona como la magdalena que impulsó al gran maestro Proust a repasar literariamente su propia existencia. Así, con el pretexto de cumplir la dieta que antecede a una colecistectomía (extracción de la vesícula biliar), Arístides ofrece el ambiente sociológico de un sitio llamado “Sandino”, que más que una geografía o entorno constructivo, es un estado de ánimo, un margen social, un pantano de emociones. A través de una colección de personajes ficticios (“La retirada”, “La poetisa”, “El periodista”, “El combatiente”), “El escritor” dialoga con el momento histórico que vive, se sumerge en las mieses de una ilegalidad compartida, y sobrenada en la superficie de lo vulgar, lo insignificante, hasta salir airoso de la prueba de volver sobre sus propios pasos, como  quien se despide de la vida.

En contraste con esta pléyade de figuras imaginarias, varios artistas reales aparecen reiteradamente en las 227 páginas de esta Lluvia colorada, de la cual resulta imposible guarecerse. La pintora Zaida del Río, la cantante Juana Bacallao, los poetas Sigfredo Ariel,  Bladimir Zamora y Alfredo Zaldívar, el paisajista Tomás Sánchez,  los Premios Nacionales de Literatura Carilda Oliver y Cintio Vitier, y, sobre todo, la poeta Lina de Feria, acompañan al narrador.

Quizá lo más atractivo de Lluvia colorada no sea el argumento principal ni el lenguaje sencillo que escogió su autor, sino la manera de mezclar ficción con realidad: ese juego interactivo al que convida al lector. La llamada “Retirada”, una mujer cuya obsesión por el buen gusto la lleva a convertirse en un ser agobiante, atormenta a todos con el empeño de dar a conocer poemas de Lina de Feria, sobre todo en la cola del yogurt. La comicidad implícita que sabe manejar muy bien Vega Chapú en su extensa obra literaria, se hace notar en esta novela, disparatada a ratos. “El Periodista”, autodenominado “mujeriego y comunista”, resulta ser el padre de otro poeta, cuyo nombre se desliza en la narración, a propósito de la alusión a un plato culinario: Sergio García Zamora,  autor, como ya dije, de la nota de contracubierta.

Quienes no conozcan la obra de estos representantes de la cultura cubana, podrían participar tal vez con mayor inocencia del juego intertextual que lleva a cabo, disfruta y conduce Arístides, pero sin duda, todos agradecemos el componente lúdico de una novela que de otra forma resultaría poco estimulante, dada la descripción de planes que nunca se llevaron a cabo, de edificios que quedaron a medias, de ilusiones truncas, de recursos pseudoalimentarios a los que tuvimos que acudir, y del sometimiento al que las circunstancias nos han obligado.

Además de los nombres a quienes el autor reverencia (se trata de homenajes, por supuesto), varios lugares adquieren categoría de “personaje”: Matanzas, Santa Clara, la playa La Panchita, diversas ciudades latinoamericanas (de Argentina y Venezuela). Sin embargo, la mayor parte de la trama argumental transcurre en una suerte de Macondo minúsculo: “…esa geografía cosmopolita y festiva que se conoce por Sandino” [1], gracias a lo cual, conocemos o creemos adivinar los vericuetos de un barrio que puede ser semejante a otros, pero exclusivo también. “Ningún lugar es únicamente lo que se expone a simple vista”, nos dice El escritor, llevándonos de la mano en sus tribulaciones por conseguir malangas. Lluvia colorada, sin pretensiones, cumple aquel precepto que tan bien esbozara el crítico literario Milton Fornaris, a propósito del espléndido cuentista O. Henry: “…no pretendió otra cosa que entretener a los hombres”. Bienvenida sea esta entretenida lluvia de color punzó.

Nota

1. Lluvia colorada. Arístides Vega Chapú. Editorial Capiro. Villa Clara, 2014. p.101

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