Dramaturgias y performances:

Un taller como espejo
en traspasos escénicos

Norge Espinosa • La Habana, Cuba
Fotos: Claudio Sotolongo

 

Para Dashbyn Junquera, actor de Teatro del Espacio Interior,
a quien me hubiera gustado abrazar en este encuentro.
 

1

El reto fue asumir un taller que debió haber impartido el director de la compañía a la que pertenezco desde el 2001. Carlos Díaz no podía asumir el compromiso ya pactado con los organizadores de esta nueva edición de Traspasos Escénicos, y de pronto me vi en el rol del maestro guía que tanto he rechazado. Ante mí, un puñado de talleristas en el que se combinaban nombres de larga presencia en el teatro cubano, egresados del ISA y estudiantes de su Facultad de Arte Teatral, amigos que han venido desde hace ya mucho en trayectorias paralelas, bailarines y coreógrafos, y una larga serie de preguntas. Biografías, me dije. Y esa idea me permitió hacer el taller que, definitivamente, no iba a ser el que Carlos Díaz iba a impartir. Pero sí uno en el que, poniéndome a prueba, pudiera demostrar lo que he aprendido junto a él y otros maestros. No a la manera de quien expone un método asentado, sino como quien alza un espejo que alcance a reflejar los rostros y los anhelos de todas esas personas. La dramaturgia de sus cuestionamientos y anhelos, en tardes luminosas. Ese fue el taller que impartí. El traspaso al cual me entregué con el miedo de toda primera vez.

Imagen: La Jiribilla

2

Imaginado como un punto de diálogo entre maestros y zonas diversas de la escena cubana, con la pedagogía como eje pero no con la vocación de una cátedra cerrada, el proyecto de Traspasos Escénicos consiguió en esta edición matancera un grado de lucidez e intensidad que asegura sus próximas ediciones. Creo que para todos los participantes, la experiencia vale no solo por lo aprendido sino también y sobre todo por lo compartido, en jornadas intensas que combinaron mañanas de trabajo, conferencias, espectáculos, tributos y áreas de intercambio. Cuatro talleres-laboratorios (Morado, a cargo de Rubén Darío Salazar: Retablos, títeres y animaciones; Naranja, guiado por Antonia Fernández: El cuerpo como imagen; y Azul, presidido por Carlos Celdrán acerca de Realismos y nuevas poéticas teatrales), se producían simultáneamente al que impartí en la sede del Mirón Cubano. Matanzas, una ciudad a la que los teatristas del país no dejaremos de agradecerle tanto, volvió a ser la anfitriona. Ubicar al inicio de las jornadas un espectáculo como El irrepresentable paseo de Buster Keaton, de Teatro de las Estaciones, fue ya una provocación útil, que de algún modo encontró eco en las siguientes sesiones, y tuvo eco feliz en el desacato y la fe en cambios impostergables que enunció Teatro El Portazo con su Café-Cabaret (Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative), pródigo en símbolos, humor, agudeza y frontalidad, al cierre de estos días que comento.

Las únicas grandes revelaciones que me han llegado desde el mundo del teatro tienen que ver con la manera en que personas de muy diverso origen confluyen en el acto delirante de crear otra noción de la realidad (...)

Mi reto era doble, pues muchos de los talleristas que me acompañaron acudieron esperando ver, en el rol del maestro, a Carlos Díaz. La gira que emprendió por Europa la compañía El Público con Antigonón, un contingente épico, impidió que el más reciente Premio Nacional de Teatro estuviera presente. Lejos de proponerme sustituirlo, decidí obrar por mi cuenta, y ya que el punto de partida se centraba en Dramaturgias, Perfomances, y nuevas poéticas y sus cruces, me decanté por establecer líneas de diálogo entre los muy distintos creadores que estaban allí, en el salón de ensayos del Mirón Cubano, mirándome como si esperasen grandes revelaciones. Las únicas grandes revelaciones que me han llegado desde el mundo del teatro tienen que ver con la manera en que personas de muy diverso origen confluyen en el acto delirante de crear otra noción de la realidad, desmontándola para hacerla tangible y sensible desde esas convenciones que son la escena, que cobran fe de vida sobre las tablas o en cualquier espacio ante un espectador que se disponga a jugar esas cartas. Y por ello sentí que mi deber era convertirlos en protagonistas, dar cauce a las voces y preguntas de esos participantes, y apostar por la intimidad o debates que entre ellos pudieran irse creando, no solo para bien de este taller, sino también para el tiempo futuro en el que tal vez coincidan en proyectos aún no avizorados.

Imagen: La Jiribilla
Taller Morado, a cargo de Rubén Darío Salazar: Retablos, títeres y animaciones
 

3

No como un maestro, sino como un agente de provocación, quise presentarme ante los participantes. Y de inmediato lancé preguntas y provocaciones. Tres videos, tres tipos diversos de performances, fueron el primer juego: Nowhere, coreografía sin palabras del griego Dimitris Papaioannou en homenaje a Pina Bausch; Cut the World, videoclip sobre tema homónimo de Anthony and the Johnsons con la participación de Marina Abrámovic y la última pasarela que creara antes de su suicidio Alexander McQueen fueron mis aliados. Nociones diversas de representación, ruptura de las normas de recepción convencional, atrevimientos que mezclan multimedia, mercado, concepto de sacrificio y tributo al cuerpo, todo en un haz que emana flechas en numerosas discusiones. En las sesiones siguientes, vendrían más videos: La Fura dels Baus, Teatro El Público con su Niñita querida, El Ciervo Encantado con su café político y arrasador, Bill Viola, etc. Dejaron en claro que no me interesa la dramaturgia como una pauta rígida, y que, como en el caso de Jane Horrocks y su reapropiación del personaje protagónico del musical Cabaret, todo puede ser reinventado si resulta eficaz y conmovedor. Adónde irán ahora esos videos que compartí con esas personas. Ojalá que a liberar otras fuerzas en sus vidas. A provocarlos en una dimensión que se me devuelva en nuevos espectáculos.

4

Fragmentos de la relatoría del Laboratorio Verde: Textualidades y teatralidades en cruce. Dramaturgias y performances, preparada por Ricardo Sarmiento y Eileen López-Portilla Pampillo:

Los participantes del Laboratorio Textualidades y teatralidades en cruce. Dramaturgias y performances procedían de varios grupos y de disímiles prácticas escénicas: había quienes se dedicaban al cuerpo danzante, al cuerpo callejero o simplemente al cuerpo teatral; a la vez que había profesores, investigadores, estudiantes, actores. El laboratorio se valía de tres preguntas para dinamitar el diálogo entre los participantes: ¿qué busco?, ¿qué ofrezco?, ¿qué me llevo? Por consecuencia, en el primer encuentro se respondieron las dos primeras preguntas. Salían a relucir los intereses personales y artísticos de diversos teatristas. Unos buscaban “formas de estar en el espacio”, otros “entender la intensidad” y también había quien esperaba “aprender de los demás y llevar las experiencias a otros centros de creación (por ejemplo, un grupo de teatro)”.

Mediante la dinámica del juego se comenzaron a compartir proyectos y criterios. ¿Qué le ha gustado a Ud. del teatro que ha visto recientemente? ¿Cómo representar la realidad? ¿De qué no debe carecer el teatro? ¿Cuál fue tu primer recuerdo teatral? ¿Cómo fue el proceso de montaje de La emboscada con Flora Lauten? De repente confluían intereses futuros y la historia teatral de una nación, o de parte de ella, o de una generación prolongada hasta los límites del término.

Al final de esta sesión quedó la tarea de escribir en cinco líneas un proyecto que se quisiera debatir en el grupo y traer una pregunta que cada participante le quisiera hacer a cualquier otro. El maestro eje leyó para todos el Manifiesto de Marina Abrámovic “El artista es universo”.

Imagen: La Jiribilla
Café-Cabaret (Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative)
Teatro El Portazo

 

Segundo día. De la ronda de preguntas cruzadas entre los talleristas:

Andy Arencibia a María Victoria:

—¿Cómo lograste dar el salto de sólida investigadora a trabajar con el proyecto Gigantería?

—Necesitaba estar adentro. Y estar con Gigantería haciendo teatro en las calles era la forma de estar adentro.

María Victoria a Norge Espinosa:

—¿La teatrología cubana está al nivel de la dramaturgia cubana actual?

—La teatrología cubana no está al nivel de la dramaturgia cubana actual, ni la dramaturgia cubana actual está al nivel de dicha teatrología.

Marta María Borrás a Leynis, actriz del Mirón Cubano:

—¿Cuál sería tu público ideal?

—No existe un público ideal.

Alberto García a Joel Cano:

—¿Tienes identificado a tu público? Cuando haces un disco o una película, ¿hasta dónde es importante el público en tu producción?

—No pienso en el público cuando hago mi obra.

Eileen López-Portilla a Roberto Salas:

—¿Por qué el teatro de calle?

—¿Por qué no el teatro de calle?

Imagen: La Jiribilla
¿Por qué el teatro de calle?¿Por qué no el teatro de calle?
 

5

La exposición final, ante todos los participantes del evento, dentro del ámbito que se anunciaba como un Ágora, se estableció justamente a partir de esa ronda de preguntas. Exponer públicamente en qué coincidíamos o no, mostrando rostros y pareceres distintos, me pareció preferible a aparecer desde el rol del profesor que habla por todos y ofrece un resumen frío de lo que fueron las jornadas de trabajo. El teatro es un hecho que nace de la confabulación, de la conspiración si se quiere, entre personas distintas, con biografías particulares, y que coinciden en el punto neurótico que está en el centro de toda representación. Por eso elegí las voces de mis “alumnos”, y enviábamos al azar la última pregunta de las tres propuestas: qué me llevo, a personas del público. Crear la dramaturgia de la conspiración y hacer entender a todos los implicados que no importa cuáles sean los grados de formación, experiencia, caminos y estéticas elegidos; si el lazo recurrente es la obsesión del teatro, para desde ahí encontrar otros puentes que nos enlacen por encima de todo eso, era la base del juego. Más que talleristas, me propuse formar cómplices. El tiempo me dirá cuántos de ellos entendieron el reto.

El teatro es un hecho que nace de la confabulación, de la conspiración si se quiere, entre personas distintas, con biografías particulares, y que coinciden en el punto neurótico que está en el centro de toda representación.

Cuando se cerraba el evento, quedaron en el aire varias reflexiones recurrentes. La más importante rondaba la necesidad de crear espacios donde la honestidad sostuviera todos los diálogos posibles, en un ambiente donde el ego, la cerrazón  y toda clase de prejuicios, no contaminaran el hecho creativo que puede ser, exactamente, ese mismo diálogo. El taller me regaló varios placeres: el mayor, quizá, fue el de tener conmigo a Joel Cano, dramaturgo de respeto que vuelve a Cuba tras varios años y cuyas obras resultaron cruciales para definir el instante que conectaba los años 80 y 90, y a personalidades como las de los actores Mercedes Fernández y Francisco Rodríguez, del Mirón Cubano. Ellos me permitieron entrar a sus biografías, para mostrar a los más jóvenes el peso de ciertos compromisos con lo teatral, entendido como batalla de vida y no como acto de vitrina. No dejaré de agradecerles el que me hayan concedido tanto.

Hurgando en YouTube, el canal de video que tras diez años de su fundación opera como un inmenso archivo de memorias de todo tipo, para localizar algunos de los fragmentos que mostraría a los participantes del Laboratorio Verde, encontré, por fin, la Madre Coraje del Berliner Ensemble, la célebre filmación del montaje canónico de Bertolt Brecht, protagonizada por su esposa, la gran actriz Helene Weigel. Guiado por el mito, rastreé a lo largo de su metraje para encontrar la famosa escena en la cual su protagonista, tras haber negado conocer a su hijo muerto a fin de salvar su vida, lanza el recordado “grito mudo”, uno de los máximos ejemplos de la actuación distanciada que preconizó Brecht. Ahí estaba el momento. A diferencia de lo que esperaba, la cámara no se acercó al rostro de Helene Weigel. La actriz descompuso su rostro, con el cuerpo rígido, y profirió aquel aullido completamente silencioso, sin alardes, sin transformar ese acto en un gesto pirotécnico, sin regodeo banal. Y entendí la lección. Tal vez debamos comprender que el teatro no necesita de más para ser fiel a su naturaleza, y que las cosas más extraordinarias deben suceder, en la escena, como parte de esa naturalidad insólita, que no necesita de subrayados innecesarios, de batallas donde exhibirse sea lo único que tenemos como arma fútil. También eso es dramaturgia: salir a escena eligiendo cuidadosamente qué dejar ver, qué decir con el silencio, cómo economizar fuerzas en una entrega que a la larga siempre nos roba memoria, aliento y sacrificio.

Esta ha sido mi experiencia como “maestro guía” de un taller de Traspasos Escénicos. Acumulé en esas jornadas reclamos, urgencias y satisfacciones que espero hallen eco en las venideras ediciones, donde seré espectador o parte. Nunca testigo impasible. El compromiso que este acto ha dejado en mí no me lo permitiría. El compromiso que hace mucho hice ante mis maestros y ante el teatro, no me dejará dormir mientras, allá afuera, siga resonando la batalla.

6

Del laboratorio a Eileen López-Portilla:

—¿Qué te llevas?

—Las ganas de seguir aprendiendo. De trabajar y compartir.

Del laboratorio a Ricardo Sarmiento:

—¿Qué te llevas?

—La sensación de que necesitamos mucha más humildad.

Del laboratorio a Andy Arencibia:

—¿Qué te llevas?

—Conocer un poco más el panorama del teatro cubano actual.

Del laboratorio a Adrián Olivares:

—¿Qué te llevas?

—Muchas ganas de trabajar.

Del laboratorio a Francisco Rodríguez:

—¿Qué te llevas?

—Muchas preguntas. 

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato