Puntos de apoyo

Stas Namin • Rusia

Creo que cada persona que se encuentra en Cuba se enamora de este país al instante. En mi vida Cuba ocupa un lugar muy especial. Mi abuelo, Anastás Mikoyán, durante los años 1960–1970, entabló amistad con FidelRaúl Castro, y por eso desde mi infancia les recuerdo como personas muy cercanas y entrañables a nuestra familia. Además conseguí ir a Cuba. La primera vez, a finales de los años 80, iba de gira con mi grupo musical que se llamaba Flores; y la otra a finales de los 90 como turista con unos amigos de Rusia y de Estados Unidos, a propósito, uno de ellos era Sergey Soloviev y el otro Leonardo DiCaprio. Durante mi segundo viaje saqué muchas fotos y algunas de ellas ya están en el álbum publicado por el Museo Estatal de Rusia.

La cultura cubana me sorprendió mucho por su originalidad y profundidad, y los cubanos por su carácter único, que no se parece a nada ni a nadie. Quizás, encontrándose entre África, América y Europa, Cuba asimiló lo más interesante e impresionante de estos tres mundos. Pero en mi opinión los cubanos se parecen un poco a los rusos por su sensibilidad y amabilidad. Y lo más importante para mí es que lo que distingue a los cubanos, es su amor a la vida y la sensación de libertad, que llevan en la sangre y en sus genes.

En esta exposición fotográfica a la que he llamado Puntos de apoyo, me gustaría representar mi visión del sistema del mundo contemporáneo. El sentido filosófico que he intentado transmitir con mi exposición es, por una parte, la lucha perpetua de los contrastes y por otra parte, las fuerzas que están resistiendo a ella, es decir, los puntos de apoyo.

Por una parte, hay potencias mundiales poderosas con diferentes sistemas políticos, regímenes e ideologías y, justamente, de sus ambiciones geopolíticas nacen los conflictos, bloqueos económicos y otras desgracias. En mi exposición las he presentado como tres ciudades, que concentran toda la esencia de estos colosos. Moscú es el Mausoleo de Lenin, el sarcófago en la plaza central, donde yace el cuerpo de la persona que, como todos saben, no es muy unívoca y cuya ideología influyó, en cierto sentido, en toda la historia mundial. La manifestación de esta ideología fue la fuerza militar, que se observa en la Plaza Roja. Beijing es el entrenamiento de los soldados chinos y la protección en la Ciudad Prohibida. Nueva York son sus símbolos de paradoja: la sombra del Empire State Building en las casas habitables de Manhattan como un símbolo de la presión del imperio a la democracia y la Estatua de la Libertad. La libertad que, iluminando el mundo, se encuentra aparte en soledad y, lo mas probable es que cauce más tristeza que esperanza. El método fotográfico de gran angular redondea el horizonte y presenta las tres capitales como planetas separados, como si estuvieran en el universo, no en la Tierra.

También he querido plasmar una civilización alternativa, que he presentado en las fotos de la isla de Pascua: la isla más alejada del continente. Se trata de una pequeña parte de la tierra, donde desde hace muchos años la gente conserva las tradiciones y no cambia su modo de vida, ni tampoco depende de regímenes ni órdenes.

En la naturaleza humana solo hay tres puntos básicos de apoyo: fe, esperanza y amor. A menudo, se interpretan y se habla de estos tres puntos como una debilidad, pero estos puntos son la fuerza verdadera.

El símbolo de la fe en la Tierra para la mayoría es Jesucristo. He conseguido hacer una foto especial del Santo Sepulcro sin usar soporte ni luz adicional, solo dos velas ordinarias. En la segunda foto de Jerusalén tenéis el Huerto de Getsemaní donde aparece una monja y tres olivos milenarios, que han visto a Jesús.

La esperanza la traté de transmitir a través de esta libertad interior y este amor por la vida, que encontramos en los ojos iluminados de cada cubano sin tener en cuenta la edad, la abundancia o la condición. De las muchas fotos cubanas he elegido tres: la de una pareja de ancianos, que supo conservar el enamoramiento juvenil para toda la vida; la de la chica alegre y un poco loca bailando en la calle mientras el viento le levantaba la falda, como Marilyn Monroe en su famosa foto, y una mujer sabia por su experiencia contemplándola con una sonrisa bondadosa; y la última, la de una estudiante joven con la boina revolucionaria y la mirada independiente, decidida y tranquila.

El amor lo intenté expresar a través de la figura de una mujer. Una mujer que a primera vista parece muy indefensa y cariñosa, para mí es una de las criaturas más poderosas e influyentes en este mundo. En realidad la mujer fue creada por Dios para la reproducción de la humanidad y todos los hombres, los omnipotentes, nacieron de ella y la adoran. En la exposición hay una foto en blanco y negro de dos mujeres embarazadas, una de ellas es mulata y la otra es blanca. Ellas, como si fueran hermanas, se tocan cariñosamente el vientre la una a otra, como escuchando la nueva vida que está apareciendo en ellas y simbolizando la tolerancia y la unidad del futuro de los humanos.

También hay dos fotos de mujeres desproporcionadamente gigantescas; una de ellas se baña despreocupadamente en el golfo de Nueva York cerca de la Estatua de la Libertad, que a su lado parece un juguete, y la otra baila en el Río Este, y los rascacielos de Manhattan solo le llegan a los hombros. Esto personifica la grandeza de una mujer en comparación con la civilización moderna y sus mitos.

La magia de la aparición en el cuerpo de una mujer de una vida nueva y su nacimiento lo enseñaré con fotos de las mujeres embarazadas y mujeres con hijos. Esto es un enigma de la naturaleza femenina que no se puede explicar y que, por supuesto, está por encima de todos los progresos humanos.

Las mujeres contemplan este mundo, a veces con una sonrisa y a veces con tristeza y amargura. Es el mundo en el que los hombres con sus juguetes militares, conflictos de geopolítica, con sus operaciones financieras y crisis económicas son como niños grandes y desobedientes, y con sus travesuras a veces se encuentran muy cerca del punto de irreversibilidad. Pero en los ojos de las mujeres hay una fe hacia un futuro feliz. La mujer es madre, esposa, hermana e hija de los humanos; y por su belleza y elegancia divina, proclama el amor triunfal. Este amor omnipotente es el que va a salvar al mundo de la catástrofe.

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