Eberto García Abreu: El teatro es nuestra casa

Norge Espinosa • La Habana, Cuba
Imagen: La Jiribilla
Eberto García Abreu junto a Ulises Rodríguez Febles, de derecha a izquierda
 

Acaba de celebrarse este taller en Matanzas, que a partir de la provocación concentrada en Dramaturgias/Puentes, ha traído nuevos aires a esta propuesta que emana desde la Facultad de Arte Teatral del ISA. ¿Cómo defines a Traspasos Escénicos, concepto desde el cual ahora hemos sido invitados a esta nueva fase de diálogos y crecimiento teatral?

La definición esencial de Traspasos Escénicos, en esta edición y en sus variantes como evento, casi siempre es la misma: el cruce, el intercambio, el encuentro, el diálogo, la apertura, la colaboración, el empeño participativo  y solidario, la revelación de nuevas opciones y posibilidades para la creación, la investigación, la gestión cultural, el pensamiento, la circulación y la formación. Estos ejes parten del teatro que es nuestra casa, nuestro territorio, nuestro paisaje originario, y se enrumban hacia diversas prácticas creativas. Sobre todo en tiempos en los que ya no queda nada absolutamente puro o descontaminado, sino  que, afortunadamente, la voluntad explícita o sutil de traspasar saberes, vivencias,  estrategias de creación y recursos poéticos, entre otras muchas cosas a entregar y recibir, se transforma en obras, creaciones, magisterios, aprendizajes y procesos culturales abiertos ellos mismos al traspaso y la convivencia creadora de diversos discursos, métodos y maneras de asumir la creación y los procesos culturales.

Cada proyecto que ponemos en marcha desde Traspasos Escénicos, durante los cuatro años que llevamos trabajando como núcleo creativo,  procura la gestación de nuevos escenarios para el intercambio entre distintas maneras de hacer y entender las prácticas culturales. Cada propuesta intentamos que sea diferente, pero conservando principios rectores como la necesaria interacción con amplios  y diversos sectores de creadores y públicos y, especialmente, estimulando la necesidad de romper nuestros nichos profesionales habituales para traspasar el umbral de otras zonas creativas, cargar nuevas vivencias y saberes a nuestros discursos y procedimientos y abrir nuevos caminos al trabajo creador y a los resultados que tales procesos nos pueden ofrecer puntualmente, discretamente, íntimamente. Se trata en esencia de sembrar nuevas relaciones para desarrollar los procesos culturales, como basamento de nuestras acciones en la vida social, particularmente en un momento de tantos estremecimientos, cambios, variaciones y expectativas como el que ahora vivimos en Cuba.

Por eso Dramaturgias/Puentes se inserta coherentemente en nuestros caminos de diálogos con lo emergente, lo tradicional, lo fundacional y lo que ahora mismo ocupa los espacios de atención tanto para los creadores, los gestores culturales, los investigadores, los críticos, los maestros y, fundamentalmente, los espectadores. En tal sentido pusimos rumbo a la tradición de Matanzas en reverenciar la dramaturgia cubana y creamos con Ulises Rodríguez Febles, dramaturgo y director de la Casa de la Memoria Escénica, este nuevo espacio de indagación en torno a la dramaturgia cubana contemporánea, sus diversas prácticas escriturales y escénicas, sus modos y variantes de operación en los escenarios y las publicaciones, sus posibilidades de circulación, y sus urgentes reclamos de acceder a nuevos procesos de reconocimiento, integración y levantamiento de sus discursos en propuestas accesibles para el público cubano, protagonista principal de las creaciones dramatúrgicas en todos los tiempos.

Entre las muchas zonas de interés que la práctica teatral puede generar hoy en Cuba y el mundo,  consideramos pertinente centrar nuestras reflexiones en torno a la dramaturgia, como un concepto y un campo muy amplio de variantes que soportan las prácticas creadoras y las poéticas teatrales de estos tiempos, en caprichosos,  insospechados e ineludibles nexos con la tradición teatral cubana y otras muchas fuentes culturales procedentes de tiempos y regiones bien diversas.

Cuando hablas de crecimiento teatral, quiero asumirlo no como un efecto del taller que entre todos hemos construido, sino como una condición o un estadio en el que podemos encontrarnos ahora. Publicados o no, estrenados o en proceso de subir a escena, los títulos  y proyectos creadores que hoy pudiéramos inventariar para integrar lo que soñamos hacer como el Almacén de la Dramaturgia —en el que no solo acogeremos textos teatrales, sino otros materiales dramatúrgicos de diverso signo y funcionalidad en la creación teatral, para promover otras variantes de circulación y conocimiento—, sin duda alguna nos hace pensar en la riqueza y la dinámica intensa de nuestra dramaturgia. Pero ante tantas variantes, se hace necesario detener un poco la mirada, tratar de ver más allá de las letras y los relatos y profundizar en los juegos que las estructuras dramatúrgicas nos están proponiendo como impulsos escénicos o como registros de nuestras teatralidades distintas. Proceso complejo en sí mismo, que traspasa ordenamientos estrechos, taxonomías rígidas o atemporales, distancias estilísticas o geográficas y temporales en las que emergen las creaciones dramatúrgicas.

Precisamente por eso planteamos las razones de nuestro taller, las mismas que empujaron al equipo gestor  y a todos los colaboradores que hicieron posible este evento humano y cultural, entre los que destaco por su entrega profesional y su fe en el teatro cubano, al Consejo Provincial de las Artes Escénicas de Matanzas y los teatristas de la ciudad que con plena generosidad nos acogieron e hicieron crecer nuestras propuestas.

Imagen: La Jiribilla
Carlos Celdrán, uno de los maestros invitados 
 

Estoy plenamente convencido de que nuestros colegas matanceros hicieron realidad las razones originarias del Taller y superaron con efectividad las posibilidades de interacción que el proyecto contenía en su génesis. De ahí que haga públicas esas razones, como acto de gratitud del equipo de Traspasos Escénicos, hacia todos los participantes que aceptaron acudir a este encuentro inusual, atípico y estructuralmente diferente, con todos los riesgos e imprecisiones que ello pudo generar.

Entre esas razones resalta el hecho que la dramaturgia cubana contemporánea, con sus múltiples fuentes creativas, modelos de formación y estrategias poéticas, refiere un fecundo terreno de prácticas creadoras cuyos destinos escénicos y editoriales designan caminos y oficios diversos de acuerdo a sus identidades artísticas y niveles de desarrollo, tanto en la Isla como en otros países donde han creado su obra dramaturgos cubanos de edades distintas.

Por la riqueza temática y la complejidad discursiva de tan vasta obra, por las singularidades que cada trayectoria creativa contiene; por los nexos y distancias entre los autores, y entre ellos y los otros artistas de la escena; así como por la amplitud de los referentes, las influencias y las aportaciones técnicas y expresivas que han orientado las numerosas escrituras dramatúrgicas y teatrales sustentadoras de nuestra historia teatral,  resultan urgentes nuevos diálogos que permitan pensar entre nosotros las perspectivas y las potencialidades de desarrollo del teatro cubano contemporáneo, a partir de la apreciación, la promoción  y la puesta en circulación de las dramaturgias que hoy nos identifican.

En sus relatos, escenarios y poéticas teatrales disímiles, Cuba se erige en origen y destino de nuestros caminos dramatúrgicos. Caminos que recorren contextos, referentes, materialidades, historias, procedimientos y fuentes tan sorprendentes como pertinentes y necesarias. Cada día son  más anchos nuestros horizontes creadores, sin embargo, en las distancias o las cercanías, han emergido muchos fragmentos, desprendimientos, indiferencias, silencios u olvidos.

En sus relatos, escenarios y poéticas teatrales disímiles, Cuba se erige en origen y destino de nuestros caminos dramatúrgicos. Caminos que recorren contextos, referentes, materialidades, historias, procedimientos y fuentes tan sorprendentes como pertinentes y necesarias.

Causas y razones hay muchas y muy distintas en esta historia complicada y  escurridiza. Por eso la voluntad de tender nuevos puentes entre los hacedores de los relatos, los escenarios y las poéticas teatrales cubanas. Por eso la urgencia del encuentro y el reencuentro. Por eso la necesidad recurrente de generar nuevas opciones, posibilidades y seducciones para el entendimiento, la gestación y la fundación de proyectos creadores que nos estimulen a pensar, enseñar, mostrar, intercambiar, aprender y crear mediante diálogos renovados, abiertos y generosos.

El taller estuvo organizado en cuatro segmentos, cuatro colores, cuatro maestros. ¿En qué medida se pensó en ellos como agentes de provocación y equilibrio entre todas las partes de esta convocatoria? ¿Qué se esperaba de ellos y de su interacción con los talleristas, amén del intercambio de saberes y experiencias?

Debo decir que antes que pensar en maestros o guías, el equipo de Traspasos Escénicos proyectó un mapa posible de zonas de intensidad creativa. Un mapa, o un boceto perfectible, transformable y dinámico, para un paisaje que debía ser complementado, enriquecido, traspasado por la vivencia, la experiencia y la acción creativa y reflexiva de numerosos creadores, estudiosos y trabajadores culturales.

Por eso emergieron primero esas zonas que suponen ejes caracterizadores, posiblemente, pero antes que esto, debemos verlos como puntos de referencia, como zonas de interacción en las que podemos reconocernos o transmutarnos en otras experiencias. Dicho así, los siguientes ejes ofrecen solo una posible ubicación de nuestras referencias dramatúrgicas, pero solo como una entre otras muchas probabilidades. “Retablos, títeres y animaciones. Otras dramaturgias integradoras”;  “Realismos y nuevas poéticas teatrales. Escenarios urgentes”;  “Textualidades y teatralidades en cruce. Dramaturgias y performances”;  “El cuerpo como imagen, espacio, provocación y relato.   Dramaturgias y rituales”; resultan por tanto puntos de partida para organizar una posible mirada sobre nuestros múltiples escenarios contemporáneos.

Y cada una de estas zonas de acción creativa transparenta en buena medida la obra de varios artistas y colectivos, pues es en ellos donde descansa su vida y su razón de ser. En una comunidad teatral  como la nuestra, ahora mismo sesgada por la desconfiguración del diálogo, por la compleja pluralidad de referentes y las fragmentaciones de tipos distintos, se hacía difícil proyectar un taller de reflexión y construcción colaborativa de nuevos entendimientos y conocimientos sobre lo que hacemos y que no siempre compartimos y vivenciamos. Y como resultado de ese proceso de investigación y consensos emergieron los maestros guías, con el encargo de facilitar la gestación de nuevas estrategias para el diálogo y el intercambio horizontal, concomitante, de los saberes y las experiencias disímiles que acudieran a nuestro llamado.

Para ellos se erigía el reto de traspasar su rol de creadores y defensores de determinadas poéticas, para abrirse al encargo de tender puentes entre certezas y expectativas, entre discursos consagrados y emergentes  u olvidados por la distancia o el tiempo. Ellos tendrían que armar la dramaturgia de la memoria que entre todos tendríamos que restablecer, recuperar o sembrar nuevamente.

Imagen: La Jiribilla
Antonia Fernández
 

De estos creadores —que de manera “operativa” empezamos a llamar maestros ejes o maestros guías… tal vez, con una fuerte carga didáctica más que comunicativa y facilitadora—, en ningún caso se esperaba un acto de provocación o implantación de equilibrios inútiles o falsos. No era esa la intención, absolutamente. Creadores de profunda y sólida obra, cada uno de ellos a su manera han generado diversos diálogos con sus compañeros de profesión y sus discípulos. Por tanto su sabiduría ahora estaba solicitada para ejercer el magisterio no de sus propios procedimientos creadores o sus poéticas, sino para generar otros modos de dialogar con las experiencias de todos.

Cuando aceptaron nuestra solicitud y nuestras sugerencias de temas y problemas a debatir y revisar en cada equipo de trabajo, comenzaron a dialogar ya desde presupuestos más colectivos y se abrieron a nuevos aprendizajes, en tanto los participantes de cada equipo siempre tuvieron la posibilidad de elegir con quien y de qué manera intervenir en los distintos momentos de reflexión. Nunca hubo una metodología preestablecida, ni unos objetivos planteados a priori. Solo hubo trazados de diversas rutas que luego fueron definiendo mejor sus contornos, sus caminos y sus puentes.

De los creadores que guiaron y estimularon el diálogo y el trabajo riguroso de cada equipo, solo esperábamos, una vez más, el alto nivel de su entrega a  la profesión, la generosidad de compartir sus experiencias y promover a  otros colegas para que compartieran sus saberes y sus inquietudes; esperábamos su sentido ético, su compromiso con el teatro y con el proyecto que estábamos gestando entre todos.  Rubén Darío Salazar, Carlos Celdrán, Antonia Fernández y tú, demostraron la maestría de sus oficios, pero también la claridad de sus dones para hacer que todos pudiéramos aprender algo nuevo. Y en ese algo nuevo, caben muchas cosas que van más allá del teatro y de sus dramaturgias.

Creo que en esa mixtura de vivencias e imágenes, de profecías poéticas y remembranzas disímiles, ustedes como maestros guías, al igual que Raquel Carrió, Francisco López Sacha, José Antonio Alegría o Liliam Vázquez, entre otros maestros y creadores allí reunidos, hicieron posible el milagro del entendimiento y la apertura hacia nuevos estadios del saber y el hacer para nuestro teatro, al menos, entre los que tuvimos la suerte de estar entre los puentes matanceros al amparo de sus visiones.

La necesidad de fomentar diálogos, cruces, referentes múltiples, a fin de no tener una visión monótona, predecible y monocromática de la escena cubana de ahora mismo, es el eje de lo vivido en los intensos días de Matanzas. ¿Qué otros anhelos, personales, educativos, profesionales, institucionales, habría que dinamizar en el teatro cubano, y en la cultura del país, para que esta intensidad del Taller alimente otras ideas futuras?

Serían muchos y de muy diverso orden esos anhelos, pero prefiero ser más práctico, a pesar de mis desvaríos e ilusiones. Como se dijo varias veces en el encuentro, tendríamos que ser en principio un poco más humildes y generosos con nuestras pretensiones y nuestras entregas hacia el teatro cubano, que es definitivamente el camino por el cual accedemos y participamos en el entramado de la cultura cubana. Así romperíamos demasiados empoderamientos coyunturales, falsas alianzas o espejismos pasajeros. Pero eso es algo que siempre está a la vuelta del camino como posibilidad, tentación o provocación, casi siempre lejos de cualquier equilibrio edificante.

Tendríamos que aprender a convivir de otros modos menos verticalistas, centralizadores, dominantes y, no solo por los cambios de los modelos económicos o las repercusiones que estos cambios traerán en la práctica social, muchos de los cuales ya están entre nosotros; sino porque la vida nos lleva por la certeza de la pluralidad de expresiones y posibilidades creativas, más en un país como el nuestro en el que a pesar de no pocas adversidades, podemos crear sin mayores contratiempos.

Tendríamos que aprender a convivir de otros modos menos verticalistas, centralizadores, dominantes y, no solo por los cambios de los modelos económicos o las repercusiones que estos cambios traerán en la práctica social, muchos de los cuales ya están entre nosotros; sino porque la vida nos lleva por la certeza de la pluralidad de expresiones y posibilidades creativas

Entre esas circunstancias, mi mayor anhelo estaría centrado en el rigor y la profundidad de cada acción que hagamos. Sortear lo mejor posible los brotes constantes de banalidad, ignorancia e improvisación, recubiertos muchas veces  de emergencia creadora y experimentalismos de nuevo tipo.

Sería muy necesario, como también me plantearon varias veces durante el Taller, que este modelo de diálogo, o esta manera de dialogar y de reflexionar conjunta y profesionalmente,  a partir de contenidos y referentes técnicos precisos y bien fundamentados, pudiera entroncarse y fluir dentro de nuestros colectivos, nuestras instituciones culturales y docentes, para aportar nuevas perspectivas y enfoques en los procesos formativos. Procesos que no solo, ni necesariamente, tienen que acontecer en las escuelas, sino en el seno de las agrupaciones o los proyectos creativos, en virtud de la diversidad de formas de asociación que hoy podemos tener en nuestra comunidad teatral.

Pero se trata solo de una o varias variantes entre otras muchas que se pueden generar. No es algo nuevo, ni original. En todo caso, Traspasos Escénicos como grupo de trabajo y como proyecto de construcción del conocimiento trata de poner en contextos y relaciones,  múltiples experiencias y referentes. Mi mayor anhelo en ese sentido, es poder seguir trabajando de este modo y encontrar los respaldos necesarios para dar continuidad a estos impulsos.

El taller se expuso a partir de tres preguntas básicas: qué busco, qué ofrezco, y qué me llevo. Respóndelas, por favor, ahora que esos cinco días son memoria compartida, y sobre todo, una fuerza que nos llevará a reencontrarnos en los próximos capítulos de estos Traspasos.

Me llevo comprensión, solidaridad, colaboración, libertad, certezas, fe en el teatro y en sus creadores; me llevo mucha alegría, tranquilidad, plenitud, realización y gratitud en primer lugar hacia mis compañeros y amigos de Traspasos Escénicos, (Dania del Pino, Isabel Cristina López Hamze, Aimelys Díaz, Yoimel González, Alberto García Sánchez, Mercedes Fernández, Rubén Darío Fraguela, Adrián Olivares y Roger Fariñas), agradecimiento profundo hacia los nuevos colaboradores que han llegado al proyecto, a mis maestros y estudiantes, a todos los colegas que participaron del  Taller. Me llevo muchos motivos para sentirme seguro y firme en el trabajo y en la vida, que es lo que más importa.

Y me puedo llevar todo eso, porque esas mismas cosas son las que  puedo ofrecer. Son las que he recibido a cambio del trabajo y los empeños que pongo en lo que hago junto a mis compañeros o por mi cuenta, en solitario. Ofrezco todo lo que busco, porque al final solo busco nuevas razones, nuevos deseos, o nuevas fuerzas para seguir andando, sin que la lucidez se desvanezca fácilmente.

 

 

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