Zona Franca

Michel Mirabal: ensayo visual de la relación cubano-norteamericana

Mientras la tercera ronda de conversaciones entre los gobiernos de Cuba y EE.UU. centraba las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo y los noticiarios se hacían eco, Michel Mirabal inauguraba en el Complejo Morro Cabaña una de las muestras más actualizadas de la Duodécima Bienal de La Habana. Periodísticamente hablando, era “pan caliente”, “noticia fresca”.

“Los que conocen mi obra saben que soy más bien un cronista de la sociedad cubana y el mundo, de las cosas que pasan alrededor de nosotros”, explica el artista. “Trato de buscar la actualidad, lo último que está aconteciendo, lo que ‘nos mueve el piso’, afecta y alegra a nosotros los cubanos”.

En este sentido, no hay suceso que mantenga más expectante al pueblo de Cuba que el proceso de restablecimiento de las relaciones entre la Isla y los EE.UU. Por ello no es de extrañar que el joven creador retorne a esta edición de la Bienal con su habitual guiño al periodismo, presentado la expo Carrera de relevo, que si bien puede parecer una apología al deporte, remite a los últimos hechos acontecidos entre ambas naciones y otras temáticas derivadas que han centrado a la par los debates entre los cubanos en los últimos tiempos, como el acceso a Internet y lo acontecido en la más reciente Cumbre de las Américas en Panamá.

Las obras, en su mayoría de gran formato, tienen la capacidad de estructurar toda una compleja narrativa por sí mismas y en su conjunto. Conceptos como patria, identidad, política, sociedad, ideología, emigración, derechos humanos, revolución, economía y tantos otros, se entremezclan en cada pieza de forma explícita o implícita.

En el fondo conviven de manera armoniosa los titulares de los diarios New York Times, Granma y Juventud Rebelde, tejiendo una historia paralela in crescendo. Los colores azul, blanco y rojo, se erigen como leitmotiv del discurso visual del artista —y símbolos compartidos en ambas banderas—  y reflejan sin necesidad de mayores acompañamientos, el entramado ideológico que ha rodeado la historia compartida entre ambos países durante los últimos 56 años.

Valiéndose de la técnica mixta sobre madera, Michel introduce, además, una serie de objetos como referentes de otros significados que se articulan dentro del proceso de creación, y mutan su función primigenia: alambres de púas, casquillos de balas, arroz, tuercas y tornillos.

Otras piezas que conforman la expo constituyen fotografías en cajas de luz, una técnica que, según reconoce el artista, “es novedosa para mí. Antes la consideraba solo un hobby y en los últimos tiempos la he utilizado en dos exposiciones recientes, por lo que pienso dedicarme a ella de manera más seria”.

Hasta el 22 de junio el público cubano podrá ser partícipe de esta Carrera de relevo en la Bóveda 4 del Pabellón 1 en la Cabaña, creación de uno de los artistas jóvenes cubanos más exitosos, con alrededor de 60 exhibiciones personales y colectivas en Cuba, Italia, Portugal, EE.UU., México, Panamá, Haití, Canadá, Argentina, República Dominicana, China, España, Francia, Gran Bretaña y Jamaica.

Obras suyas integran colecciones de importantes personalidades como René Preval, Muhamed Alí, Gabriel García Márquez, Ángela Mizzoni, Quincy Jones, Donald Trump, Danny Glover y Carlos Santana, entre otros; además de los museos Rockefeller, Bellas Artes de Medellín y Bogotá, e instituciones como la Fundación Martha Jean-Claude, de Puerto Príncipe; los Consejos de Estado y Nacional de Artes Plásticas en Cuba, y las Fundaciones Martin Luther King y Afroamericana de Nueva York.

Asimismo, ha sido acreedor de galardones internacionales, entre los que vale mencionar el Primer Premio Dibujo Maxin, Miami, Florida; la Medalla de Plata Expo Trastiendas por la Asociación Nacional de Galerías de Argentina a la mejor exposición extranjera; el Primer Premio Mundial Beca Rockefeller de Artes Plásticas, Nueva York, EE.UU., y el Primer Premio de Dibujo Salas, Santo Domingo, República Dominicana.

Sobre el quehacer artístico de Michel ha expresado en el catálogo de la presente bienal la especialista Silvia Llanes: “… se apropia del símbolo de todos y lo reinventa para construir su propio símbolo, luego lo estampa sobre todos los soportes posibles: la tela, el papel, la madera, el muro, su propia piel. Una vez que lo ha absorbido para sí y lo ha arañado de afuera hacia adentro —sobre su cuerpo y en sus entrañas—, lo devuelve de los recónditos pasajes de su espíritu hacia el soporte artístico, hace que permanezca reconocible y, más todavía, asimilable por el espectador, que late en la misma frecuencia que el artista y consume el símbolo, y mejor que consumir, asume y comparte”.

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