Conversación con Samuel Furé

Bob Marley, más allá del mito

Xenia Reloba • La Habana, Cuba
Fotos tomadas de La Ventana

Hablamos de música, cómo no hacerlo. Incluso, hubo música en vivo, porque a quién se le ocurre celebrar a Bob Marley si el reggae o cualquiera de sus más cercanos parientes no inundan la sala. Y vinieron con los rastas, un tempo particular, un movimiento.

Imagen: La Jiribilla

El 6 de febrero, hace 70 años, llegó a la vida Bob Marley. Floreció. Me explican que esta manera de decirlo supone una proximidad mayor y más natural con la tierra. Ese día se celebró en todo el mundo, también en Cuba, aunque los ecos de estos festejos entre los seguidores de la cultura, la filosofía y el estilo de vida del músico popular jamaicano en la Isla hayan sido menos audibles.

“En Jamaica se hicieron varias actividades, y en Europa, también en EE.UU. se organizaron exposiciones, conciertos, conferencias; muchas de ellas con apoyo institucional. En Cuba, la Casa de las Américas tenía previsto que el Coloquio Internacional ‘La diversidad cultural en el Caribe’ estuviera dedicado a África, con un seminario especial sobre Bob Marley”, explica Samuel Furé, convocado por la institución cubana y su Centro de Estudios del Caribe para organizar este homenaje.

Imagen: La Jiribilla

Y el Coloquio ha sido inevitablemente en mayo —como siempre cada dos años—; pero este dato importa poco, porque 2015 sigue siendo el año de los 70 de Bob Marley. Una exposición de carteles dedicados al autor de “No woman, no cry”, dos sesiones de paneles e intercambios sobre su legado, básicamente musical, pero también poético y lingüístico, la presentación de un libro y dos conciertos integraron el núcleo de esta subtrama dentro del vasto programa del evento.

El aporte al desarrollo de un pensamiento caribeño desde su filosofía también centraron los análisis. Poco antes de iniciar las sesiones, Furé apuntaba que “lo más significativo está en reconocer a Bob Marley más allá del músico que es”. Sin embargo, no cabe eludir esta enorme arista de su obra —y de su vida.

“lo más significativo está en reconocer a Bob Marley más allá del músico que es”…

“La música popular del Caribe se desarrolla en la calle, en los barrios más desfavorecidos, entre la gente más desposeída. Es ahí donde se desarrolla la verdadera música popular en todas las sociedades del Caribe. En Cuba sabemos muy bien lo que significa una buena rumba, bailar casino... No hay que ir a una academia para bailar casino. En Jamaica sucede exactamente lo mismo”, apunta Furé.

“Es por eso por lo que más se conoce a Bob Marley, por su obra musical, que afortunadamente llegó a tener un reconocimiento internacional por parte de esas industrias disqueras que vieron una manera de comercializarla y hacerla llegar al resto del mundo como un rock negro, no tanto como reggae, porque esa palabra no significaba nada desde el punto de vista comercial fuera de Jamaica”, explica, antes de agregar que la contribución de Marley terminó imponiendo no solo el ritmo, sino su nombre auténtico.

Imagen: La Jiribilla

Pero más allá de su obra musical, el jamaicano “es uno de esos artífices de un pensamiento descolonizador, antimperialista y pacifista, ecologista; fue un amante de la naturaleza, de la paz. Y esa filosofía, ese pensamiento es lo que marca su vida, y la de todos los que simpatizaron con esa cultura desde que empezó a ser conocido en todo el mundo, a inicios de los 70, cuando salió el disco Catch a fire, hasta su muerte en el 81”.

“Durante prácticamente diez años, muchas personas fueron cautivos de ese pensamiento y de esa filosofía, de esa forma de ver el mundo, a partir de la música; pero muchos llegaron más allá, a convertirse a rastafaris, a pensar de la misma manera, a ser más amantes de la vida y de la paz, a repudiar la violencia”, insiste.

El poeta

Leo y releo las transcripciones de sus letras. “No woman, no cry”, dice, y más adelante las palabras parecen atropellarse mientras la melodía viaja despaciosa, casi acaricia el cuerpo que se mueve, tranquilo. Me han dicho que hay algo más esencial que una apariencia de lírica experimental: hay una construcción otra del lenguaje, una contribución que viaja de la calle a Marley, y de este, renovada y asentada, nuevamente a la calle.

Imagen: La Jiribilla

“A Bob Marley hay que conocerlo también como poeta. Muchos de sus textos son excelentes ejemplos de esto. Cuando escuchamos sus canciones, aquellos que dominan el inglés jamaicano, que erróneamente llamamos dialecto y no lo es —es una lengua per se—, contienen en sí una estética propia de lo que significa esa cultura popular en Jamaica. Sus raíces están en la oralidad, en esa cultura oral proveniente del África occidental, que llegó a nuestras tierras por los esclavos”, subraya Samuel Furé.

“podemos ver en esa poesía elementos que develan una evolución lingüística del Caribe totalmente descolonizadora: se toma del inglés lo que conviene, se crea con el inglés lo que nos conviene, se adapta, se transforma…”

Y agrega que “podemos ver en esa poesía elementos que develan una evolución lingüística del Caribe totalmente descolonizadora: se toma del inglés lo que conviene, se crea con el inglés lo que nos conviene, se adapta, se transforma, surgen palabras nuevas, se distorsiona todo para expresar un sentimiento propio de ese sector desposeído, de ese contexto en que vive la sociedad. Eso lo podemos apreciar en esa poesía y si lo sumamos a sus mensajes, podemos ver una estética propia de un lenguaje con un sello de Bob Marley”.

Mi inglés no fluye tan seguro como me gustaría. Si lo hiciera, probablemente se me revelaría  al fin el golpe definitivo de esas letras que se unen para contar en jamaicano las reacciones del poeta, lo que siente.

Rompiendo algunas etiquetas

De algún modo, la comercialización de su imagen ha diluido, entre los no entendidos, la esencia de la producción filosófica y cultural de Marley.

“Hay algo que se llama economía de la cultura. Siempre hay dinero que se mueve alrededor de esto, y por mucho que uno quiera centrarse en los verdaderos valores culturales, esas estrategias comerciales implican una apropiación de la obra de Marley para ulteriores fusiones con otros géneros, y la evolución hacia otras formas musicales”, explica Furé.

Y se adentra en las obvias conexiones lingüísticas —y, en alguna medida, también rítmicas— entre el reggae y el reggaetón, “aunque ello no necesariamente significa que este último sea parte de un homenaje a Bob Marley, porque son variantes estéticamente diferentes, mensajes totalmente distintos, pero desde un punto de vista musicológico se pueden conectar”, aclara.

“Del reggae han surgido otras formas, otros géneros, otros estilos. El dance hall, por ejemplo, que es una de las músicas cuya evolución social parte del mismo estrato, del mismo contexto donde emergen los artistas del reggae. Los del dance hall siempre están presentes en los homenajes a Bob Marley y al reggae. El rap es otro ejemplo”.

En estos casos, subraya, “estamos hablando de filosofías comunes, puntos de comunión en el pensamiento y en el accionar que hacen posible no deslindar a aquellos artistas y personas que simpaticen con ambas formas de actuar. Muchos creadores del reggae hacen rap, muchos raperos hacen reggae. El propio Damian Marley, uno de los hijos de Bob, hace esta música y, a veces, uno no sabe si está rapeando o es rasta. Las fronteras se borran con él”.

“Esas comuniones extienden —culturalmente hablando— cualquier homenaje a Marley”, concluye.

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