Una visita de Chiqui Vicioso a Andrea Evangelina

Nancy Morejón • La Habana, Cuba

Conocida en el ámbito de la creación literaria del Caribe hispano como una de las figuras emblemáticas de ese cuerpo que conocemos hoy como escritura femenina, Chiqui Vicioso nos adentra, con esta suerte de esbozo biográfico teatral, en los vericuetos de una sociedad, típica de las Antillas mayores, entrampada en horrendos valores cuya base se alimentó de las raíces de la esclavitud, fruto de una economía de plantación que todavía sobrevive en la actualidad. 

Imagen: La Jiribilla
La escritora dominicana Chiqui Vicioso.

De impresiones se hace la crítica y con ellas se puede entrar al disfrute de cualquier obra de arte.  La tremenda impresión que me ha causado la pieza Andrea Evangelina  —que subió a escena en esta tercera semana del mes de mayo—  la convierte, por derecho propio, en el acontecimiento más sobresaliente de la programación colateral al cónclave.  Ponencias, debates, ilustraciones de audiovisuales, entre otros, fueron los atractivos de la reunión. 

Conocida sobre todo como periodista, promotora y poeta, Chiqui Vicioso nos ofrece ahora una conmovedora semblanza de un personaje histórico.  Con una mirada atravesada por un sentido crítico aleccionador sobre la historia contemporánea de su país, el espectador queda atrapado en una vida en donde se palpan los avatares de una mujer negra quien, excepcionalmente y por su esfuerzo personal, consigue recibir estudios universitarios y, paradójicamente, graduarse de médico en una época donde el acceso a la educación estaba prohibido a los campesinos, los obreros, las mujeres, en fin, las llamadas minorías étnicas como es hoy, por ejemplo, el caso de los inmigrantes haitianos. «Oriunda de San Pedro de Macorís, huérfana, la Dra. Andrea Evangelina Rodríguez, es la primera médico dominicana, pionera de la educación sexual, la planificación familiar, la capacitación de las parteras (comadronas) empíricas… y fundadora de los bancos de leche para mujeres marginales», según precisan las notas al programa.

La trágica historia de Andrea Evangelina, que nos ofrece Chiqui Vicioso, tiene una perspectiva radical y pone de manifiesto el nivel de alienación que puede alcanzar una mujer en su condición de negra y pobre.  Es un arco que atraviesa un triunfo incuestionable y, en su entraña, una injusta derrota que hace reflexionar al espectador sobre un caso único.

Sin embargo, la fuerza y la claridad que se desprenden de la aproximación a la vida de esta mujer humilde, negra, marginada por los presupuestos más despiadados, nos revela que el camino de la superación educacional —alcanzada mediante un esfuerzo personal inusitado— no puede hacer milagros, ni siquiera neutralizar los insalvables prejuicios raciales y de clase que la vencen. 

La trágica historia de Andrea Evangelina, que nos ofrece Chiqui Vicioso, tiene una perspectiva radical y pone de manifiesto el nivel de alienación que puede alcanzar una mujer en su condición de negra y pobre.  Es un arco que atraviesa un triunfo incuestionable y, en su entraña, una injusta derrota que hace reflexionar al espectador sobre un caso único.

La puesta, cuya dramaturgia y producción estuvieron a cargo de la autora, es digna de elogio no sólo por la premura con que subió a escena sino por el logro de una dinámica teatral marcada por su limpieza y su economía de recursos. Un movimiento escénico constante  —fundamentado en un distanciamiento brechtiano no por cierto ortodoxo—  marca el tratamiento del trabajo de los dos actores, Ruth Emeterio y Santiago Alonso.  Ambos, con una expresión corporal de gran calibre, se entregan a la imaginación más desbordante para traer al espectador la psicología individual y social de la época. 

La locura de Evangelina alcanza una dimensión escénica de gran esplendor que la actuación de su protagonista  perfila más allá del trazado propuesto por la puesta.  En el centro de los parlamentos finales, Vicioso rinde tributo a la memoria del gran martiniqueño Aimé Césaire, al interpolar allí versos del célebre Cuaderno de retorno al país natal (1939), texto en donde apareciera por primera vez el vocablo negritud.

Hemos podido disfrutar los detalles más nobles de esta visita de Chiqui Vicioso a Evangelina a través del talento de estos dos actores cuyas actuaciones registran una absoluta coherencia: una, en función del texto; la otra, en busca de la legitimidad de este esbozo biográfico sin par que restaura la imagen de esa vida.  La presencia de Ruth y Santiago es lo más evocador de todo porque nos enseñan que creer en la magia del teatro debe ir acompañado de una entrega y, sobre todo, de esa vocación por comprender nuestra verdadera identidad caribeña.

 

Nota:
  1. El programa del coloquio La diversidad cultural en el Caribe, convocado por la Casa de las Américas entre los días 18-22 de mayo de 2015, tuvo a bien incluir, el martes 19 de mayo, en la Sala Che Guevara, a las 6:00 p.m.,  una excelente puesta en escena de la pieza Andrea Evangelina, de la escritora dominicana Chiqui Vicioso.

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