Desde la fe: el arte de tender puentes

Mayra García Cardentey • La Habana, Cuba

Quien traiciona al pobre,
traiciona a Cristo.

Fidel Castro.

 

Carlos Alberto Libânio Christo, más conocido como Frei Betto, abrió la primera puerta. Por aquel 1985 saldría a la luz su libro Fidel y la Religión, uno de los textos más leídos sobre el tema en la nación antillana.

Por el mismo período le escribió una sugerente dedicatoria al obsequiarle al líder revolucionario una versión de la Biblia en español: “A Fidel, en quien Dios tiene mucha fe. Con cariño, Betto”.

Treinta años pasaron desde las iniciales páginas de un volumen que resultó prólogo para profundos diálogos de flexibilización de las relaciones entre la Iglesia y el Estado en Cuba.

Muchos asociaron el favorecedor escenario que sobrevendría después a la visita del Papa Juan Pablo II, pero algunos entendidos, entre ellos el reverendo Raúl Suárez, adjudican a Betto la principal responsabilidad.

El propio Fidel Castro ha reconocido en el fraile dominico y su obra literaria, el don de limar contradicciones entre marxismo y religión, desde un enfoque apostólico y revolucionario, de excelencia intelectual y política.

La publicación de esta entrega, junto al histórico encuentro a inicios de los 90 de Fidel con líderes de las iglesias protestantes, evangélicas y de la Comunidad Hebrea en la Isla, catalizó una nueva etapa en la relación tripartita Revolución, instituciones religiosas y creyentes.

El impacto del volumen, que recogía un íntimo diálogo de 23 horas, resultó incuestionable, toda vez que constituye un texto de obligada consulta, publicado en más de 32 países y con traducciones a 23 lenguas. Más de un millón de ejemplares vendidos en Cuba y en el extranjero, también conforman los números que avalan su recepción.

Pero a su paso, esta obra lega más que una interesante conciliación entre las premisas judeocristianas y las revolucionarias. Dejó una huella de profundo y creciente interés por leer más sobre el tópico, y por ende, la necesidad de publicar más textos respecto al complejo fenómeno.

Otras confesiones con Monseñor Carlos Manuel

Bajo este mismo prisma el 2015 no solo será recordado por las celebraciones del aniversario 30 de Fidel y la Religión, sino como un año editorial sugerente en publicaciones de contenido religioso. Con este propósito llega, de igual forma, una entrevista íntima y minuciosa, pero esta vez realizada a Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, quien en 11 encuentros se confiesa a los periodistas Luis Báez y Pedro de la Oz.

Una trayectoria histórica, política y religiosa se propone en este conversatorio, que recopila diversos y atractivos criterios de una de las figuras más notables en la vida intelectual y social cubana durante la segunda mitad del siglo XX.

Entre líneas se descubre al eclesiástico, al cubano: “Me animan dos grandes pasiones: Cuba y la Iglesia. Quien pretenda entenderme siempre debería tenerlo en cuenta”.

El ingenio multicultural del entrevistado sobresale en Monseñor Carlos Manuel se confiesa, desde lo personal hasta lo religioso, en una propuesta que dibuja la compleja panorámica de los últimos 50 años de relaciones Iglesia-Estado.

Es la invitación, en ese sentido, una madeja de anécdotas, un libro de Historia de Cuba lleno de pasajes privilegiados contados de primera mano.

Tampoco se descarta el constante diálogo intimista; los periodistas preguntan todo sobre todo, hasta el cuestionamiento de la propia vocación sacerdotal. Ante la interrogante de si fue su mejor elección, no hubo mejor respuesta: “¿Quién se atreve a asegurar que una opción de su vida pasada fue la mejor? Considero que fue una buena decisión de la que no me arrepiento. He sido un sacerdote sereno y suficientemente feliz. Y he sido útil a algunas personas. Pude haber sido abogado, sociólogo, economista, padre de familia. Si fue una buena decisión o no, les diré en lenguaje muy religioso que a la hora del juicio final, cuando estemos ante el Señor preguntaré si fue la mejor opción. Al menos sé que fue buena”.

De similar manera se hallan en el contenido irrenunciables reminiscencias a Fidel y la Religión. “Gracias a ese texto se comenzó a hablar de religión en la sociedad cubana con naturalidad. Rompió un obstáculo que ya iba siendo hora de eliminar”.

Solo la fe y más

Con análogos propósitos testimoniales, el mundo editorial acoge Solo la fe de Miriam Zito. Según expresa su propia autora, no pretende hacer una historia de la religión en Cuba, sino más bien recoger una visión plural de la diversidad existente en nuestro archipiélago.

“De ahí la imperiosa necesidad de difundir en boca de estos 24 entrevistados, representantes de una parte de las innumerables instituciones religiosas actuales en la Isla, el quehacer cotidiano de sus denominaciones, con el máximo respeto a sus principios”, resalta Zito.

La también periodista insiste en el objetivo de “unir voluntades en bien común para que se conozcan los fundamentos de la fe que los distingue y caracteriza, sea cual sea el credo”.

Tras esta intención, desde un diálogo coral, cada personalidad habla de las doctrinas, principios, misión, cultos, labor con las comunidades y otras instituciones homólogas en el mundo; también muestran su vocación, influencia familiar…

Aparecen entonces Monseñor Ramón Suárez Polcari, Canciller de la Arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana; Sor Asela Fernández Vilar, ecónoma del anexo de Santovenia, Hogar Teresa Fornet; el reverendo Raúl Suárez Ramos, director del Centro Memorial Martin Luther King Jr.; el reverendo Joel Ortega Dopico, Presidente del Consejo de Iglesias de Cuba; el reverendo Ramón Sánchez Carril, Presidente de la Convención Bautista Libre; entre otros, en un recorrido que incluye a líderes de la Iglesia cristiana pentecostal, la adventista del séptimo día, la evangélica de confesión luterana…

No podían faltar las consideraciones de representantes de la Iglesia ortodoxa rusa, de la Comunidad Hebrea de Cuba, de la Asociación Cultural Yoruba, o de las sociedades abakuá, de espirituales y espiritistas.

En este inmenso ajiaco multicultural y religioso ofrecido por Zito eran imprescindibles, además, apreciaciones sobre las filosofías y religiones asiáticas.

Y es que variopintos temas aparecen una y otra vez desde las interrogantes esgrimidas en ambos textos. Son sendos libros que se beben como agua, se transitan naturalmente, en tanto enseñan, obligan a pensar, y hasta disentir, desde el más respetuoso de los debates.

Frei Betto marcó el inicio. El camino tomó formas propias en estos 30 años. La producción editorial se atemperó a los nuevos escenarios y aparecieron en papel las voces de estas mujeres y hombres-puentes que permiten cicatrizar sinsabores y recapitular sobre la historia de la relación Iglesia-Estado y su papel en la nueva sociedad.

Los entrevistados de Solo la fe como Suárez Polcari, muestran la filosofía a seguir: “Es necesario enfrentar las etapas difíciles, porque hay que desmontar posturas, valoraciones, y tratar de ir a la verdad histórica. Es un proceso que hay que hacer porque es muy saludable y necesario”.

El propio Monseñor compartió estos postulados: “Todavía en medio de la confrontación debemos comenzar a pensar cómo se podría resolver y qué lecciones positivas podríamos sacar de la misma. Y en la primera oportunidad, comenzar a tender puentes”.

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