Leonardo García

Detrás del tilo

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

«Pocas canciones han removido mi sensibilidad como lo consiguen “Detrás del tilo”, “Entre la luna y yo”, “Emigro” o “Sombras desiertas”Desde hace ya algún tiempo intento apresar en un Leonardo único a aquél que oye nacer la hierba muda; que dice cosas como la luna marca un rastro lento con su recorrido/ igual estuvo ayer bajando por detrás de tu conversación; que nos amarra el corazón porque las cercas del pueblo ladran detrás de los perros. Cuando me declaro incapaz de encerrarlo en fórmula alguna, viene y me dice soy gente buena, vamos a bailar en la telaraña, pídeme lo que te falta en el fondo de tu corazón; se deja tararear y queda retratado de cuerpo entero, listo para merecer una nueva audición».

Lo anterior es parte de la hermosa nota de presentación que la muy querida Marta Valdés escribiese a propósito del disco de Leonardo García titulado Detrás del tilo, fonograma que fuese uno de los nominados en la más reciente edición del Premio Cubadisco. Aunque el nombre de este trovador resulte desconocido para el gran público en Cuba, en su generación él es uno de los hacedores de canciones con una obra que de seguro pasará la prueba del transcurrir del tiempo.

Pese a los notables valores de su propuesta, algo que no solo digo yo sino que es criterio generalizado entre los conocedores del mundo trovadoresco cubano, un fonograma como Detrás del tilo permaneció años guardado (después de haber sido grabado) en alguna gaveta de uno de esos funcionarios que mal cumplen la tarea que se les ha asignado. Incluso, demoraba tanto la decisión de editarse el CD, que llegué a pensar que este excelente material nunca vería la luz.

El resultado de tan inexplicable demora es que ya en la actualidad y como es lógico, Leo (como le decimos los que seguimos su quehacer) cuando se presenta suele interpretar canciones compuestas por él en fecha más cercana y así, la secuencia lógica de promoción que debe tener un álbum se ve rota, cosa nada extraña entre nosotros pero que no debe olvidarse es otro elemento que conspira en contra de que tengamos por fin una verdadera industria discográfica.

Al margen de los desatinos de las instituciones que tienen que velar porque no sucedan empantanamientos como el sufrido por este CD de Leonardo García, felizmente para regocijo de quienes amamos el tipo de canción aquí representada, hoy podemos escuchar las versiones hechas por el creador a temas suyos harto conocidos entre sus admiradores, como “Bailando en la telaraña”, “Sombras desiertas”, “Canción del puerto”, “Entre la luna y yo”, “Emigro”, “Pobre gente” o la que da nombre a la grabación, es decir, “Detrás del tilo”.

Una de las peculiaridades por las que se distingue el álbum está dada por el carácter de los arreglos de varios de sus cortes, en los que el componente de la música de cámara se hace presente. No obstante, ello no significa que la guitarra deje de jugar el rol protagónico característico en la obra de Leo.

Debe señalarse que junto al cantautor intervienen en el fonograma Yaíma Orozco en voces, Lázaro (el Fino) Rivero en contrabajo y bajo eléctrico, los clarinetistas Alejandro Yera y Leslie Rodríguez, Olga Quintana en el chello, Diego Santiago en el laúd, así como los percusionistas Ariel Marrero y Yaroldy Abreu.

Aunque sé que con el disco recién puesto en circulación de Leo no ocurrirá nada desde el punto de vista comercial y que, si acaso, sus melodías serán pasadas por la radio cubana en ocasión de algún día luctuoso de esos en los que se arma una «programación especial», pues como afirma el propio García en una de sus canciones recogidas en este álbum, hay a nuestro alrededor «tanta pobre gente que no ve que el futuro apremia, buscando el pasado y su vejez, solo encuentra piedras», al menos yo les recomiendo de corazón que busquen el CD que hoy les he presentado. A fin de cuenta, la antes aludida Marta Valdés tiene total razón al afirmar:

«Trato de imaginar cómo crece de un solo muchacho tanta maravilla, y me parece descubrir que la raíz de todo está en la invención de sus argumentos. Leonardo trae consigo la garza y el algarrobo, la hormiga y la gaviota; los trenza con sus dedos y los deja fijos en su guitarra o los hace saltar desde ella. De su manera de mirar, sale en torbellino la frase libre, sencilla y llanamente armada como la lógica misma que la sostiene. Por eso, no le queda a su música otro remedio que ser tan hermosa.»

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