Detrás del muro, crece la Bienal

Narmys Cándano García • La Habana, Cuba

El malecón habanero cobra nuevos significados luego de convertirse en una avenida artística y plataforma de uno de los más concurridos eventos colaterales de la 12 Bienal de la Habana.

Las calificaciones de maravilloso, impresionante o divertido se repiten en transeúntes que descubren impactados cada pieza, tiran fotos y construyen sus propios significados.

No obstante, más allá de las opiniones, vale la pena describir el movimiento de todo tipo de público que ha generado el que, evidentemente, clasifica como uno de los proyectos más populares de la bienal.

Bordean la bahía desde una escultura gigante hecha de finos muebles blancos, matrimonios o familias de sillones; un mirador al que constantemente suben los curiosos para obtener otra vista de la ciudad; un enorme caldero con cientos de tenedores en su cubierta; un cake también gigantesco y deforme, que no pierde la capacidad de mantener sus velas o coloridas rosetas de “merengue” a pesar de la inclinación, entre otras singulares piezas que salen al paso.

Atrae igualmente la atención el Cubo Azul hecho de cristales que juega con el efecto de la luz y los colores y como cuentan quienes lo han experimentado, modifica momentáneamente la visión y hay quien dice que hasta el equilibrio.

La esquina fría

Una de las principales atracciones de la cita ha sido una improvisada pero efectiva pista de patinaje que, si bien no es tan fría, atrae público de todas las edades, “aunque los más atrevidos son los jóvenes y adolescentes” comentó a la Jiribilla el equipo de trabajo.

Ideada por el artista newyorkino Duke Riley, en la Esquina Fría, abierta de 5:00 a 10:00 pm, se suceden los patinadores. “La pista es de acrílico, pero aunque no sea hielo real, experimentar una sensación totalmente ajena al clima tropical atrae a todos, y creo que es una de las propuestas que más atención ha generado”, subraya la Dj Bjoyce, quien también se encarga de la producción musical, pues la instalación también servirá de escenario para varios conciertos.

Y aunque el formato es pequeño, el alcance es bien grande, pues también fue lugar propicioa un juego de hockey entre un equipo del Museo de Bellas Artes, Cuba y el Museo del Bronx, Estados Unidos, justa en la que los del patio se llevaron la victoria.

A la altura de la posibilidad de patinar se encuentra la preferencia por La Playita, que ocupa con arena y tumbonas otro de los espacios del Malecón. El mar a la espalda completa la imagen e invita a solearse y escapar, al menos unos minutos, de la cotidianeidad.

“Me tiré una foto con el Morro de fondo para que se sepa que es La Habana”, dijo orgulloso un visitante, y confesó que le gustaría tener siempre ese pedacito de playa dentro de la ciudad, al menos para un descanso breve.

Así, Detrás del Muro, crecen la Bienal y la ciudad. Se llenan con novedosas formas vacíos que quizás pocos imaginaron como escenarios para el arte, pero que hoy acentúan el carácter cosmopolita de esta urbe que consolida su esencia cultural.

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