Borametz

Mercedes Melo • La Habana, Cuba

Quién sueña un corto animado donde un hombre u otra criatura más o menos humana atraviesa el desierto, solo y hambriento, cree ver un cordero dorado, se acerca sigiloso, pero el cordero no se mueve, el peregrino lo toca (a esta hora ya el peregrino tiene la imagen del arcano 22 del Tarot de Marsella, pero con tu rostro, por eso ve el cordero, que no estaba en su camino, sino a un lado), mueve con su mano la pelusa dorada y constata, un poco decepcionado, que se trata de un arbusto y no de un animal, a pesar de eso, saca un cuchillo y corta un trozo, por debajo, donde estaría el vientre de la bestia, el arbusto sangra por la herida, de entre la pelusa dorada surge una cabeza de mujer que grita de dolor, unos ojos de mujer lo miran, la boca vuelve a gritar, al grito acuden lobos, criaturas rojizas, con uñas y dientes azules, que babean una saliva morada, con vetas amarillentas, el hombre lucha con los lobos, los lobos lo evaden para devorar al borametz, que los muerde, fijo en su sitio, con sus dientes afilados como uñas de mujer, el hombre hiere o mata o ahuyenta a los lobos, uno ha caído junto al arbusto, cerca de la boca de la mujer que comienza a devorarlo despacio, ya más tranquila. El peregrino termina de comer su tajada de borametz, mira al arbusto que ya se ha terminado al lobo, la arena absorbe la sangre de las bestias, el peregrino guarda su cuchillo, camina hasta el borametz, hunde sus dedos en la pelusa dorada, el arbusto se estremece, el peregrino sigue su camino. A lo lejos, se escucha el aullido de los lobos mientras un sol verdoso desciende en un horizonte esmeralda que divide el cielo casi blanco de la arena color amarillo bertolucci del desierto sin fin.

El borametz queda solo en medio del anochecer. Una bandada de pájaros surge del horizonte, donde se ha perdido el peregrino. Los pájaros de plumaje rosa surcan el cielo todavía lechoso hasta que descienden sobre el borametz. Cubierto de pájaros, el borametz toma ahora el color de los flamencos que se quedan dormidos con el pico bajo el ala. El sol, antes de tocar el horizonte se enciende con el color esmeralda brillante de su corona naranja, rosa, roja, violeta, índigo, azul, cian y de nuevo verde esmeralda sobre el borametz dormido bajo los pájaros. A lo lejos, se escucha el aullido de los lobos, un momento después un graznido y una algarabía de pájaros que sangran y tiñen de rojo oscuro la arena bajo el borametz mientras el sol se hunde detrás de un horizonte verde hoja.

Amanece, del otro lado del cielo se asoma un sol verde claro, pálido sobre la arena amarillenta. Mientras el sol se levanta, el borametz se estremece bajo sus plumas. Entre el plumaje rosa brilla un vestigio de la antigua pelusa dorada. El peregrino regresa, su figura es todavía diminuta, acercándose desde el horizonte aún en sombras. Llega junto al borametz, hunde sus dedos en el plumaje rosa, se aleja unos pasos y se sienta sobre la arena todavía casi fresca. Del atado que cuelga de su vara el peregrino saca una botella, un trozo de pan, algo de queso; come y bebe; se levanta, vierte las últimas gotas de agua junto a las raíces del arbusto, mira al cielo, ve el sol ya alto, echa su atado junto a las raíces y se tiende a la sombra dorada del borametz. Una cabeza de mujer asoma entre las plumas de flamenco, sus ojos verdes miran al hombre que duerme su siesta a deshora, el hocico hurga entre el cabello sucio y la camisa raída y hunde sus dientes afilados como uñas de mujer en el cuello del peregrino que murmura algo y apenas se estremece como si soñara con pájaros de plumaje rosa o como si escuchara un aullido de lobos mientras un sol de esmeralda ocupa el cenit de un cielo casi blanco sobre la arena color amarillo bertolucci de un desierto sin fin.

 

Ficha
Mercedes Melo (La Habana, 1956). Licenciatura en Filología, Universidad de la Habana, 1978. Ha participado y obtenido  premios y reconocimientos en diferentes eventos de investigación. Ha publicado artículos acerca de literatura cubana, cine y teatro en revistas culturales como Revolución y Cultura, La Gaceta, La Jiribilla, Cubaliteraria y La Siempreviva, entre otras publicaciones. Ha compilado antologías de poesía como Donde la demasiada luz (Lengua de Víbora, 1997) y Graffiti, signos sobre el papel (Extramuros, Ciudad de La Habana, 2005, en colaboración con Raydel Araoz). Algunos de sus cuentos están incluidos en antologías como Maneras de Narrar (Unión, 2008); La Ínsula Fabulante (Letras Cubanas, 2009), Espacios en la Isla (Letras Cubanas, 2009). Otros cuentos y ensayos han sido publicados en revistas literarias. Publicó el libro de cuentos Ámbito de Hipermestra (Unión, 2006). Ha recibido los premios Gabriela Mistral (Ensayo, 1999), La Gaceta de Cuba (Cuento, 2000), UNEAC en 2005 y el de la Crítica en 2007 por el libro Ámbito de Hipermestra.

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