Mañana. Revista de ideas y su singular director

Cira Romero • La Habana, Cuba

Solo dos números han podido localizarse de esta revista habanera: los dos primeros aparecidos, que corresponden, respectivamente, a noviembre de 1927 y enero de 1928, pero si la traemos a nuestra sección es debido a quien la dirigió, Marcelo Salinas, un nombre prácticamente olvidado de nuestra vida cultural. Nacido en Batabanó, en la actual provincia de Mayabeque, el 30 de octubre de 1889, falleció en Miami el 5 de marzo de 1978. Cursó estudios primarios, se hizo tabaquero y desempeñó múltiples oficios manuales. Publicó sus primeros trabajos literarios en la revista Tierra y desde muy joven se coinvirtió en teórico y dirigente anarquista en Cuba y en otros países. Residió en España, Italia, América Central y EE.UU., donde fundó Liberación y El Corsario. Casi al término de la Primera Guerra Mundial, debido a su labor de agitación social, sufrió prisión en algunos de esos países. De nuevo en La Habana, dirigió otras dos revistas: Nueva Aurora y la que hoy reseñamos. Trabó sólida amistad con Rubén Martínez Villena. En 1920 fue designado secretario del Congreso Obrero celebrado ese año, que fue convocado por las federaciones de torcedores de La Habana y Pinar del Río, pero donde hubo representantes de 102 organizaciones proletarias de todo el país, que plantearon problemas tan apremiantes como la urbanización  y la prestación de servicios comunales en los barrios populares, reclamos a los terratenientes para que sembraran frutos menores y la imposición de restricciones para la exportación de azúcar. De esa manera se dieron los primeros pasos para la fundación de una central sindical nacional. En este congreso el ala anarquista, a la cual pertenecía Salinas, expresó su apoyo solidario a la Revolución de Octubre y le imprimió un carácter radical a las posiciones del proletariado. Gracias a este congreso se fundó posteriormente la Federación  Obrera de Cuba, bajo la inspiración  del destacado dirigente Alfredo López.

Por su postura anarquista, Salinas sufrió detenciones y era objeto de vigilancia permanente, lo cual no impidió su vinculación a revistas como Carteles, Bohemia, Selecta, Pueblo y Archipiélago, donde colaboró con trabajos literarios, generalmente cuentos vinculados a la temática rural, o artículos relacionados con la lucha obrera. Pero Salinas fue también una figura de la cultura cubana de reconocido prestigio, pues contribuyó al teatro y a la narrativa. Participó, en calidad de concursante, en un certamen dramático que en 1928 convocó la actriz argentina Camila Quiroga con el respaldo de la  Secretaría de Instrucción Pública, con el único requisito que la obra fuera de tema cubano. Salinas fue el vencedor por su obra Charito; o Alma guajira, en tanto que el segundo lugar lo ocupó Jorge Mañach con Tiempo muerto y el tercero Carlos Loveira con El mundo anda revuelto. La obra triunfadora fue respaldada con 500 pesos como premio y medalla de oro y se representó en 1929 en el teatro Payret por la Compañía de Arte Dramático de la propia actriz. La puesta recibió elogios de Enrique José Varona, porque el texto “tiene la recia trabazón y la raigambre pasional de la vida y el arte puros”; y de Renée Méndez Capote, quien escribió que el drama era un fiel reflejo “del alma del guajiro cubano, apresada, vertida maravillosamente, en unas escenas todo verismo, humanidad palpitante, realidad dolorosa”.

Por datos obtenidos del libro Cronología del cine cubano (tomo I), de Luciano Castillo y Arturo Agramonte, se sabe que gracias al éxito de esta obra teatral se constituyó una compañía cinematográfica efímera, la Orts Films, para presentarla en la pantalla, cuando aun el cine era silente. El reparto lo encabezó un trío de primeras figuras: la tiple cómica Blanca Rosa Bárcenas, la tiple Consuelo Novoa, de gran experiencia en el teatro bufo, y la novel actriz Lolita Berrio. En ella hizo su primera incursión en el cine Paco Alfonso, que llegó a ocupar lugar destacado entre los  dramaturgos cubanos de la República y después del triunfo revolucionario. Se estrenó en el propio Payret el 19 de abril de 1929. En una reseña publicada por Ricardo Delgado en la sección cinematográfica de la publicación Civilización, reproducida por los citados especialistas, se expresa:

Para ver Alma guajira hay que despojarse de toda influencia americana, ya que es distinta técnica y distinto es el ambiente donde se han filmado las escenas. Si hay interés en ver los asuntos que se desarrollan en las praderas americanas, cómo no ha de haberlo en nuestro campo glorioso, donde habitan nuestros “guajiros”, los tipos más nobles que darse pueden.

Este éxito teatral y también cinematográfico de Alma guajira permitió que otras piezas suyas como ¡La tierra! ¡La tierra! (1928), El mulato y El secuestro, ambas de 1940, y de 1948 las tituladas Y llegaron los bárbaros, El poder, El vagón de tercera, Las almas buenas; o La santa Caridad, así como  Boycott, de 1949, tuvieran cierto éxito, aunque nunca como Alma guajira; y también fueron notables sus zarzuelas Cimarrón, con música de Gonzalo Roig, y La rosa de la vega, musicalizada por  Eliseo Grenet.  Es autor de una novela: Un aprendiz de revolucionario (1937), relato que se ubica en el ambiente rural y luego se traslada a la ciudad, donde se desarrolla una trama que refleja lo que sucede tras el derrocamiento de la tiranía de Gerardo Machado, cuando la revolución entra en su fase de decadencia y se gestan conspiraciones inútiles debido a la desorientación ideológica. Todavía en 1959 publicó en La Habana Diálogos libertarios de actualidad. José Antonio Portuondo y Salvador Bueno incluyeron sendos  cuentos suyos en sus respectivas antologías Cuentos cubanos contemporáneos (1947) y Antología del cuento en Cuba (1902-1952) (1953). Natividad González Freyre lo alude en su Teatro cubano contemporáneo (1928-1957), aparecido en 1958, y  Dolores Martí de Cid incluye Alma guajira en su antología Teatro cubano contemporáneo, editada en Madrid en 1959.

La compleja vida de Marcelo Salinas, brevemente resumida, da fe de sus múltiples inquietudes, lamentablemente coronadas con el exilio en los EE.UU., pero ello no impide que su obra se desconozca, así como sus contribuciones al periodismo con su  amplio quehacer, que tuvo una de sus expresiones en la breve revista Mañana. Revista de ideas, donde colaboraron Palmiro de Lidia (seudónimo de Adrián del Valle), afiliado también a ideas anarquistas y a las luchas obreras, y otros dos autores que optaron igualmente por el seudónimo: Syncerato y Muriel.

Mañana. Revista de ideas es hoy rara avis en el mundo de las publicaciones periódicas cubanas. Los poemas, trabajos sociológicos, las notas de actualidad, las noticias geográficas que se reunieron en sus páginas se recuerdan hoy como un esfuerzo más, entre cientos que hubo, por hacer de Cuba un país caracterizado culturalmente por un afán constante de fundar revistas y periódicos, espacio cubierto también por este hombre empeñoso y vivaz que fue Marcelo Salinas, quien legó al teatro cubano sus mejores esfuerzos.

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