Danza folklórica: más allá de las obsesiones y los artificios

Noel Bonilla-Chongo • La Habana, Cuba

El hombre siempre ha danzado; si en un inicio sus movimientos pretenden imitar a la naturaleza y reproducir los actos en los que cotidianamente transcurren sus días, luego se identificará con el “espíritu” a través de formas y bailes distintos.

Poco a poco, la danza se socializa y de satisfacción de necesidades ordinarias y espirituales, se tornará espectáculo. Entonces aquellas premuras de invocación se volverán estímulos para respuestas corporales, espaciales, métricas. Del simple gesto emergerá el movimiento acompasado, rítmico, comunicador de estados de ánimos diversos.

Imagen: La Jiribilla

Una rica variedad de cantos, bailes, toques, máscaras y atributos, vendrán a ser parte del hálito y aportaciones de culturas milenarias y mágicas; de pueblos distantes y, a la vez, próximos. Y es que la danza ha venido para salvarnos la existencia, para corroborar nuestra pertenencia a un legado he