Cantores...

Santiaguito: En el sendero de mi vida triste hallé una flor

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba
Imágenes de Archivo

Imagen: La Jiribilla

He visto una boca
que solo ha dejado
perturbada mi mente
desde que la vi.

Así comienza —así quiso comenzar— su último disco Santiago Feliú; muy hermoso que un trovador como él, tan él en su trovar, se desprendiera de sí y “se fuera” cantando la (llamada) trova tradicional, como quien parte desde la raíz y se aleja silbando por las calles de la eternidad.

En el sendero de mi vida triste hallé una flor
que apenas su perfume delicioso me embriagó,
cuando empezaba a percibir su aroma se esfumó
así vive mi alma, triste y sola, así vive mi amor.   

Senderos se titula este disco donde Santiaguito nos ofrece esos caminos poéticos para llegar hasta aquí, hasta él; 13 clásicos de la canción cubana que emergen nuevecitos, pues los ha revolcado su alma, con su sello, y porque el arte verdadero siempre es de ahora mismo: una buena canción no tiene pasado, porque es en el eterno presente que uno la escucha, la goza, se estremece.

Si el amor hace sentir hondos dolores
y condena a vivir entre miserias,
yo te diera, mi bien, por tus amores,
hasta la sangre que hierve en mis arterias.

“Una sublime ilusión” de Salvador Adams; “La tarde” de Sindo Garay; “Ojos malignos” de Juan Pichardo; “El colibrí”, pieza anónima; “En falso”, de Graciano Gómez y Sánchez Galarraga; “La cleptómana”, de Manuel Luna y Agustín Acosta; “Ella y yo”, de Oscar Hernández; “Decepción”, de Pepe Banderas; “Pensamiento”, de Rafael Gómez (Teofilito); “Convergencia”, de Bienvenido Julián Gutierrez y Marcelino Guerra; “Y tú qué has hecho”, de Eusebio Delfín; “Juramento”, de Miguel Matamoros; y “Las amargas verdades”, de Sindo Garay; son las piezas que componen el disco que nos dejó Santiago Feliú, justo cuando estaba terminando de mezclar y quedaba definir el orden de las canciones y quizá algún otro detallito.   

Imagen: La Jiribilla

En una reciente entrevista que le hiciera Roberto Reyes para su sitio web Trastienda musical, cuenta el trovador Pepe Ordás (productor junto al propio Santiago), que cuando terminaron de mezclar, se sentaron a conversar un rato sobre el orden que llevarían las piezas, y el tema quedó apenas esbozado, aunque Santiaguito tenía bien claro  abrir el disco con “Sublime ilusión” de Salvador Adams y cerrar con “Las amargas verdades” de Sindo.   

"Eso fue un lunes —cuenta Pepe—, terminamos de mezclar el disco, y quedamos con el Santi en vernos allí mismo en el estudio y que cada uno llevara su propuesta de acople —que es como se llama el orden de los temas del disco—. Quedamos en vernos el jueves, y el miércoles me llama Abelito y me dice que Santi murió.”

Sé que no he de ser tuyo,
que no me quieres,
que la maldad y el odio
cruel me maltratan,
sé que eres veleidosa
que eres ingrata
y así como tú eres,
aunque sea una mentira,
di que me quieres,
di que me quieres.   

Ahora nos llega el disco Senderos que acaba de ser premiado en el Cubadisco, en la categoría Trova tradicional. Este trabajo fue idea de Santiaguito, quien se lo propuso a Abel Acosta (Viceministro de Cultura). Lo comenzaron a grabar en los estudios de Maikel Bársaga; el propio Abelito en el tres y Pepe Ordás haciendo algunas guitarras y voces segundas (aunque la mayoría las hace el propio Santiago). Un álbum, fruto de la cofradía de ellos cuatro. Y qué bien que estuviera Pepe Ordás, en el asesoramiento y la producción musical pues no solo es un exquisito trovador (con una obra aun por reconocer y valorar), es además un estudioso profundo de la llamada trova tradicional y no solo en el plano teórico, también en la recopilación de obras (partituras y grabaciones) y en la praxis, pues rescata los guitarreos y voces, y los lleva al ambiente cotidiano, sea cantándolas él o con otros trovadores. Sin duda, buena dosis de Pepe Ordás hay en la honda sencillez con que nos llegan renovadas y esencialmente las mismas, todas estas piezas que deberían ser alimento cotidiano de las almas de los cubanos (al menos).

Se hizo mi camarada para cosas secretas,
cosas que solo saben mujeres y poetas;
pero llegó a tal punto su indómita afición
que perturbó la calma de mis serenos días.
Era una cleptómana de bellas fruslerías
Y sin embargo quiso robarme el corazón.

Ahora lo escucho y tengo la imagen de Santiaguito en aquel concierto de presentación del libro Cualquier flor de la Trova Tradicional Cubana, en febrero de 2006, en el Centro Hispanoamericano de Cultura, donde trovadores de varias generaciones hicieron suyas canciones antológicas cubanas. Al cierre, Santiago, junto a Gerardo Alfonso, Carlos Varela, y Frank Delgado, se reencontraron en un escenario —cosa que no hacían desde los 80— motivados precisamente por el hecho de rendir homenaje a la trova llamada tradicional, o más bien por homenajearnos por el alimento poético redescubierto para bien espiritual propio. Hay una foto donde está Santiaguito cantando con el libro en la mano, siguiendo el texto de las canciones; y claro que me gustaría creerme (como coautor junto a Bladimir Zamora de ese libro) un pedacito de ese acercamiento a esas canciones raigales cubanas, pero él bebió desde la cuna esa savia, su hermano Vicente Feliú es un apasionado defensor de ese cancionero, por lo que tiene varios discos de Vicente y múltiples presentaciones y conciertos en los que versiona esas trovas tradicionales; y si esto fuera poco hay también un trovador, abuelo de los Feliú, con piezas estremecedoras que Vicente canta de cuando en cuando.  

El colibrí la persiguió constante,
sin dejar de buscar en su aflicción,
y, cayendo desmayado en la corriente,
corrió la misma suerte que la flor. 

Imagen: La Jiribilla

Senderos de Santiago Feliú, con el sello Colibrí, y premiado en este Cubadisco 2015, es la obra de despedida de este trovador inmenso e intenso, soñador perenne y amante sin medidas, desbordado, muy bien apresado en el diseño del disco en el que se nos muestra al Santi principito, pues las ilustraciones y diseño de Katia Hernández y Enrique Smith están basados en las originales de Antoine de Saint- Exupéry para esa joya literaria que es Le petit prince (El pequeño príncipe).

Las amargas verdades que me dijiste
cuando en busca de amores llamé a tu pecho
no sabes el inmenso mal que tú me has hecho
estoy muy triste, estoy muy triste,
por aquellas palabras que me dijiste.

En una nota del equipo de producción que trabajó en el disco se puede leer:  

“Al concluir la grabación de este fonograma, y una vez ocurrida la dolorosa y absurda muerte de Santiaguito Feliú, cada vez que realizamos las escuchas, necesarias en el proceso de acople, mezcla y masterización, quienes participamos en el este último acto de creación del trovador nos sentimos lógicamente conmovidos por una profunda sensación de tristeza. Pero como esta estuvo totalmente ausente del ambiente alegre y jovial que primó todo el tiempo durante las grabaciones y que identificó siempre al Santi, nos consideramos en el deber de compartir con el oyente lo que en la intimidad del estudio transcurrió de manera tan natural, como podrá apreciarse en el bonus track. Ese es su propósito; ojalá se logre”.

Y como sabes que tus miradas tienen hechizos
miras con imprudencia y maleficio.
No me mires a los ojos que no quiero
que tu mirar penetrante me deje ciego. 

Imagen: La Jiribilla

En las palabras introductorias del fonograma, Jesús Gómez Cairo nos entrega su definición de Santiago Feliú, y quiero celebrar el disco con esas palabras y alguno de los textos de las canciones que el Santi (nos)redescubre, con su consustancial manera de apresar esencias, y rehacerlas, convirtiéndolas en algo nuevo, suyo, y a su vez ancestral; porque Santiago siempre —por instinto de su genio— fue a la raíz de las cosas, por ello nos resulta siempre necesario, imprescindible.                 

 “Éramos amigos, muy amigos de verdad. Era un tipo muy especial, de una nobleza, de una disposición formidable. Era un hombre de la Revolución, absolutamente capaz de entender con una amplitud de pensamiento tremenda nuestros problemas y dificultades, nuestros errores, y de conformar con eso una filosofía de vida y de combate. Era un hermano. Yo no recuerdo, no conozco un enemigo de Santiago. Era un corazón enorme al que le cabía todo.”

Yo soy el árbol, conmovido y triste,
tú eres la niña que mi tronco hirió,
yo guardo siempre tu querido nombre
y tú qué has hecho de mi pobre flor.

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