Literatura

El amargo sabor a gloria, a propósito de un libro de cuentos

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

La poeta y narradora Caridad González Sánchez (Santa Clara, 1954), acreedora de varios premios en diferentes provincias del país, nos hace llegar su más reciente cuaderno de cuentos para adultos, Les sepa a gloria, publicado por la editorial Capiro. Con una hermosísima foto como ilustración de cubierta, tomada por Rubén Artiles, desdichadamente fallecido en la flor de su carrera de poeta y de captador de imágenes desnudas, el libro, integrado por 11 desgarradoras narraciones, no deja otro sabor que el de la amargura.

Con lenguaje sencillo la autora denuncia la violencia de género de  que es víctima la mujer, a través del sufrimiento de las protagonistas de estos cuentos. Como son múltiples las variantes de esta forma de discriminación sexista, las posibilidades de contarlas también apuntan al infinito. Resulta valiente y hasta necesario que el arte se disponga, se coloque en función de una campaña general que haga público el carácter denigrante de cualquier manifestación de violencia. Sin embargo, en mi opinión, esto debe llevarse a cabo con la mayor sutileza posible, armando historias cuyo eje central no pierda el objeto de toda narración: contar un suceso, un evento, describir un episodio de forma que resulte sino del todo sorprendente, al menos con un cierre impredecible.

Precisamente lo predictible de las narraciones de Les sepa a gloria opaca un tanto  el resultado que perseguía Caridad González, sin duda, una artista con oficio y experiencia suficientes, como ha demostrado en libros anteriores. Todas las protagonistas de este libro deciden quitarse la vida o mutilarse; todas compadecen y perdonan al responsable de sus miserias; ninguna opta por un gesto fructífero de rebeldía; y ninguna centra su atención en los hijos, ni busca refugio en la familia.

La autora tiene todo el derecho de seleccionar la técnica literaria que considere mejor, la anécdota, la voz narrativa y, como es lógico, es dueña de su obra y de las consecuencias derivadas, pero a nosotros, el público, debe estremecernos la lectura. Aunque es cierto que dicha sensación se logra (repulsión e impotencia mediante), luego de los primeros cuentos, es fácil adivinar lo que sucederá en los siguientes, por lo cual, el resultado es contraproducente.

Por otra parte, la justificación que emplean estas mujeres para aceptar  la desgracia que viven (y que las compulsa a preferir la muerte o la automutilación de algunas partes del cuerpo), también es repetitiva, al igual que las referencias al machismo como concepto: “…el trabajo lo tiene loco; tantos amigos, tantos compromisos, el angelito, a veces tiene que darse unos tragos. Yo lo entiendo” [1];    “…se fue dando un portazo. En un final tenía la razón: con lo que gano apenas puedo pagar el alquiler” [2];     “…en el taxi me dio dos bofetones por mirar afuera y no atenderlo” [3]

No obstante, Les sepa a gloria contiene ironía suficiente para despertar interés, sobre todo entre lectoras maltratadas: mujeres que aún continúan sujetas al calvario de lo que creen “normal”, y entre quienes buscan un tono denunciatorio en la literatura. El legítimo discurso de este libro, la crudeza del abuso que sufren sus protagonistas, y su intención de mostrar la cara más fea de la sumisión al mundo masculino, lo convierten en una pieza interesante dentro de la batalla por lograr equidad en una sociedad que conserva sus estamentos falocéntricos, a pesar de todo.

 

Notas:
  1. Caridad González. Les sepa a gloria. Editorial Capiro. Villa Clara. 2014.p.p 25
  2. Ibíd. p.p 35
  3. Ibíd. p.p 55

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