Fuentes cartográficas, energía del arte y el deporte

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

¡Qué maravilla si La Habana estuviese llena de fuentes como esta! ¡Mira qué belleza!”, exclamaba una señora que luego de una agotadora escalada bajo el sol llegaba finalmente a la entrada de La Cabaña, al tiempo que tomaba un poco de agua y la esparcía por su frente.

“Este proyecto para la Bienal lo concebí pensando en la idiosincrasia de La Habana y también en el hábitat, buscando cómo mejorar los ecosistemas y el ambiente para los ciudadanos y ciudadanas”, declaraba a La Jiribilla minutos después la curadora valenciana Consuelo Ciscar.

Imagen: La Jiribilla

Let’s jump into the pool, de Natividad Navalón
 

De manera que el propósito reiterado en esta 12ma. Bienal de implicar activamente al público dentro del arte volcado a los espacios urbanos, y que el producto artístico se erija no solo objeto de contemplación, sino a su vez elemento de utilidad práctica integrado de forma cuasi perfecta al contexto, bien puede afirmarse alcanzado en Conexiones Cartográficas, proyecto invitado a Zona Franca.

Bajo la curaduría de la experimentada Consuelo Ciscar, directora durante diez años del Instituto Valenciano de Arte Moderno, diez fuentes escultóricas de refinada concepción artística, creadas por los cubanos José Villa Soberón y Kcho; los creadores españoles José Cosme, Teresa Cháfer, Natividad Navalón, Nanda Botella, Demo y Alberto Bañuelos; junto a los artífices angolanos Julio Quaresma y Sonia Lukene, engalanan las plazas del otrora complejo militar con el objetivo de “fortalecer la identidad de la esfera pública e integrar a los habitantes en un todo vital y concreto (ciudad, barrio, universidad, parque industrial, etc.) mediante la "sensibilidad estética", la cual tradicionalmente ha estado en espacios cerrados”, según expresa su propia curadora.

Desde hace 20 años, Consuelo ha trabajado en proyectos conjuntos con Cuba mediante muestras de artistas cubanos en España y viceversa. Por ello conoce bien la Isla, su sociedad, su cultura y ese calor climático y humano que la caracteriza. “Existen tres elementos muy comunes a todos: el agua, porque la necesitamos para vivir; el arte, porque nos crea muchas sensaciones y nos da sensibilidad; y el deporte, porque hace que realices un esfuerzo para conseguir retos.

Para la curadora valenciana, Conexiones Cartográficas refleja, a través de sus esculturas fuentes, el espíritu atlético y deportivo que encuentra lazos de unión con el arte público para generar nuevas visiones donde ambas disciplinas se complementen, acompañadas del agua como elemento dinamizador.

“Como el proyecto tiene que ver con arte y deporte, y el agua de por medio, elegí las fuentes que poseen muchas connotaciones en la poética de la sensibilidad hacia las personas. Quería crear una muestra que fuera muy social y participativa, que saliera de los museos y fuera a la calle para que todos los que vinieran a la Bienal de La Habana, cubanos y extranjeros, pudieran verla, y así fue la idea de crear este concepto y presentarlo a los artistas para que hicieran sus fuentes con los materiales que prefirieran”.

Para la curadora valenciana, Conexiones Cartográficas refleja, a través de sus esculturas fuentes, el espíritu atlético y deportivo que encuentra lazos de unión con el arte público para generar nuevas visiones donde ambas disciplinas se complementen, acompañadas del agua como elemento dinamizador.

Tal y como afirma en las palabras del catálogo de la expo, “este grupo de esculturas hidrófilas, que circulan de lo conceptual a lo figurativo con una temática común hilvanada por los valores humanos que dispensa la actividad deportiva, encierra una poética de la experiencia, cargada de mensajes que recrean la conciencia del ser humano. De este modo, los artistas revisan el mito del agua para equipararlo con el mito de héroe deportivo unido a la purificación mental, física y espiritual. Como el agua, la “imaginación” no puede tener límites; como el agua, el arte tampoco; el arte que nos enriquece y nos conmueve viene de todas partes, va hacia todas las direcciones y, al igual que el agua, tiene el privilegio de saltar barreras, la potestad misteriosa de escapar a los perímetros predeterminados y de desbordar sus límites con vehemencia”.

Imagen: La Jiribilla

El fútbol, de la artista Nanda Botella
 

Diez fuentes, tres motivos

Si bien las fuentes reúnen como denominador común el arte, el agua y el deporte; cada una per se constituye una obra diametralmente opuesta a las otras nueve, tanto desde la realización formal como en lo relativo a la definición conceptual.

Así, nos encontramos la Jabalina de Alberto Bañuelos, confeccionada con hormigón blanco, que recibe al visitante justo antes de pasar el puente camino a La Cabaña. Una columna derruida sustentada en una piedra, que bien pudiera evocar esas otras tantas que abundan en nuestra ciudad, aunque para la curadora constituye un componente representacional del origen de la vida, de los principios del arte y los símbolos que acompañaron al hombre prehistórico, al tiempo que puede entenderse como una reformulación de lo conocido utilizando nuevas inquietudes que abordan a diario al artista.

Más adelante, se aprecia Let’s jump into the pool, de Natividad Navalón, construida con bronce y acero inoxidable y que nos recuerda necesariamente el acto de la natación. No obstante, representa el entramado vivencial de la adolescente y su realidad diaria. “La génesis de esta obra realizada en bronce toma conciencia sobre la identidad femenina y la relación materno-filial existente en esa etapa crucial en la que el cordón umbilical se rompe de manera definitiva”, explica Consuelo.

Bien cerca se haya la pieza Ciclismo, de Teresa Cháfer, con una mayor complejidad constructiva al emplear, junto a las distintas tipologías de bronce, un motor, piedra y aluminio marino. Al igual que la obra anterior, la autora alude a lo femenino, pero desde otra lectura. “Se trata de una metáfora que describe el esfuerzo que la mujer debe ejercer para conseguir sus derechos. Las ruedas instaladas circulan simbólicamente a gran velocidad impulsadas por una energía gimnástica femínea que puede alcanzar las metas que se proponga y superar cualquier atadura o mordaza que le venga impuesta”.

En la plaza del célebre cañonazo, se encuentra enclavada la fuente del más universal, El fútbol, ideada por la artista Nanda Botella con acero inoxidable y cristal. Los balones metálicos “juegan” con el agua, remitiéndonos inevitablemente a esas grandes estrellas internacionales que en los últimos años los cubanos también han hecho suyas.

Villa trata de romper con la distancia entre el arte y el espectador. Era inconcebible realizar una exposición de esculturas al aire libre en Cuba sin contar con este sólido y prestigioso escultor”.

No podría faltar, en un homenaje al deporte, la alusión a las anillas de las competencias y la antorcha olímpica. La primera es de la autoría de José Cosme, realizada en acero con anillas que se suspenden sobre el agua y acompañan la caída de los chorros semejando lluvia o gotas de sudor atlético. La segunda, compuesta de resina poliéster y fibra de vidrio, pertenece al creador toledano Eladio de Mora, más conocido como DEMO.

A continuación, nuestro José Villa Soberón presenta la pieza de acero inoxidable espejado Maratón, una delicada creación que refleja la trayectoria de la carrera olímpica, acompañada de un espejo de agua con efecto de cascada. En relación con la obra del cubano, refiere Consuelo: “El agua de esta fuente escultórica simboliza la continuidad de la vida, que el ejercicio físico pretende enriquecer. Villa trata de romper con la distancia entre el arte y el espectador. Era inconcebible realizar una exposición de esculturas al aire libre en Cuba sin contar con este sólido y prestigioso escultor”.

En el caso de Kcho, incorporado posteriormente a la nómina de artistas, la curadora revela que se trata de una escultura que busca la libertad por medio del deporte náutico. “La obra de Kcho es una alegoría a través de la cual nos transmite sueños, esfuerzos y sobre todo independencia”.

Al interior de la plazoleta, cerca de los muros, hallamos las fuentes de los dos creadores angolanos: A chave do tiempo do jogo da vida, de Sonia Lukene, fabricada con acero espejado, mármol y metacrilato de distintos colores; y The game of the world or the world game, de Julio Quaresma, compuesta de acero inoxidable espejado, fotografías y acrílico.

“Sonia trabaja los sentimientos con una serie de palabras que marca en la propia escultura en su lengua natal, Kimbumdo. Contiene la fe y el amor, la familia, los amigos, el trabajo, la paz y otras. Es una fuente colorista y conceptual que nos manifiesta la esencia de la vida, de sus principios y valores, en placas de acrílico de diversos colores, escogidas de manera que reflejan la simbología cultural y social de cada color de aquellos parajes de su tierra.

“La del arquitecto Julio Quaresma tiene una metafísica muy interesante entre el volumen y el espacio. Se trata de una esfera del mundo escoltada por unos edificios; del interior del globo se desprende un caño de agua que nos cuestiona acerca del papel que jugamos en el mundo y cómo el mundo juega con nosotros y nos interrelacionamos”.

Hasta el venidero 22 de junio las fuentes cartográficas permanecerán en el espacio exterior de La Cabaña refrescando y deleitando a los presentes. Más adelante, recorrerán otras regiones de Europa y América Latina; pero Consuelo ya gesta nuevos proyectos para compartir con Cuba. Desde su estancia actual de trabajo en la cátedra de Arte y Tecnología de la Universidad Católica de Valencia, le hace ilusión presentar en lo adelante una serie de conceptos relacionados con el maridaje arte-gastronomía, arte-moda y arte-ciencia.

Por lo pronto, invita al pueblo cubano a participar vivamente en la proyección del conjunto escultórico de sistemas hidrográficos, que toma como referente una expresión artística y solidaria para transmitir energía más allá de la realidad urbanística.

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