Una Zona abierta para el arte cubano desde la franqueza

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

… emergieron Zonas libres, autosuficientes; Zonas porosas, híbridas como plataformas de información y conocimiento; Zonas abiertas en armonía, de inventarios múltiples conectados entre sí. De ahí el título del sistema de exhibición: Zona Franca”.

Imagen: La Jiribilla

Con estas palabras, la curadora Isabel Pérez Pérez descubre el significado que encierra el nombre de la más grande muestra de arte cubano contemporáneo que acoge el complejo Morro-Cabaña como parte del programa colateral de la 12ma. Bienal de La Habana.

Según su coordinadora general, se trata de una suerte de macro-proyecto, cuyo principio rector parte del paradigma en la calidad, en los aportes individuales de cada propuesta, en las resonancias posibles y las relaciones con el contexto real de la propia exposición.

De esta manera, una multiplicidad de muestras personales, junto a un grupo de proyectos colectivos, más otro invitado, colman casi la totalidad de los espacios a lo interno y externo del otrora complejo militar. Pabellones, baluartes, fosos, antiguas prisiones y plazas al aire libre se transmutan en sui géneris galerías artísticas que acogen —en igualdad de condiciones— obras pictóricas y escultóricas, videocreaciones y fotografías de autor, instalaciones y performances.

En un mismo sitio dialogan, colisionan y polemizan la figuración y el abstraccionismo, la tradición y la ruptura, los consagrados y los noveles, con diferentes miradas al epicentro de valores identitarios y las problemáticas universales. A pocos momentos de la apertura de Zona Franca, La Jiribilla dialogó con su artífice general Isabel Pérez Pérez, en torno al proceso de concepción y ejecución de uno de los proyectos más ambiciosos que acoge la presente edición de la Bienal de La Habana.

¿Cómo se ha desarrollado la apropiación del parque histórico-militar Morro Cabaña por el arte cubano en la Bienal de La Habana?

A partir de su cuarta jornada, la Bienal había utilizado como espacio expositivo principal el Morro Cabaña. Desde la pasada edición, el equipo de curadores decidió que los proyectos centrales tendrían otras sedes, lo cual me parece muy bien, porque un evento como este tiene que renovarse constantemente. Pero era un crimen dejar a un lado este lugar, por eso el Consejo Nacional de Artes Plásticas decidió utilizar los espacios de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña y del Castillo del Morro en exposiciones de arte cubano.

En esta oportunidad, nos invitaron a trabajar a un grupo de curadoras [1] para idear cómo sería ese proyecto. Estuvimos recibiendo propuestas de artistas que evaluamos y decantamos, aprobamos un grupo y otro no.

Decidimos invitar a un grupo grande de artistas y proyectos colectivos que dialogaran en seis líneas temáticas fundamentales: la memoria, la identidad, la construcción de la historia, la comunicación, el territorio y las referencias a la historia del arte.

¿Qué criterios tuvieron en cuenta para la concepción del proyecto?

Nosotros realizamos una investigación de lo que se había exhibido en todo el sistema nacional en los últimos cinco años. Paralelo a eso, hicimos una suerte de mapeo del arte cubano desde los 60 hasta acá y a partir de toda esa información, de todos esos nombres y listas gigantescas que surgieron, empezamos a cruzar miradas y decidimos invitar a un grupo grande de artistas y proyectos colectivos que dialogaran en seis líneas temáticas fundamentales: la memoria, la identidad, la construcción de la historia, la comunicación, el territorio y las referencias a la historia del arte.

Esos son, según nuestra percepción, los seis grandes tópicos que guían hoy la producción artística y con los que podíamos estructurar las inquietudes recurrentes dentro del arte cubano en el último quinquenio. A partir de esas líneas temáticas, estructuramos núcleos que no nos interesaba que fueran químicamente puros ni dieran una visión única de ese tema, sino que más bien se convirtieran en las líneas que condujeran un espacio determinado, intervenidas, a la vez, por otro tipo de relación y reflexión desde una perspectiva diferente.  

Encontramos, una vasta muestra donde lo ético y lo ideológico cobran protagonismo y se mezclan con visiones antropológicas, sociológicas y filosóficas, además de otras posturas más afines con el travestismo, la parodia, el simulacro y el hedonismo. También se presentan materias de creación abordadas desde lo lúdico, la participación y el humorismo, junto a lo mordaz e irónico.

Imagen: La Jiribilla

¿Cuáles fueron los principios curatoriales que se aplicaron para la selección de las piezas y artistas?

Las curadurías siempre implican una especie de exclusión. Nosotros, que ya habíamos trabajado en varios proyectos con esa línea, queríamos crear una zona franca de exclusiones. Siempre buscábamos que la exposición se diera a partir de las analogías o los contrastes que podía generar la relación de un artista con otro, y así tratamos de mezclar y mixturar generaciones, estéticas, perspectivas y producciones simbólicas diferentes. En última instancia, nuestro principal superobjetivo era lograr una muestra del arte contemporáneo cubano de los últimos cinco años. Verás que hay artistas de todas las provincias, hay muchísimos otros que no viven en Cuba hace años, y nos podemos encontrar desde Pedro de Oraá y los creadores de mayor consagración, hasta los más jóvenes, incluso algunos que son estudiantes todavía [2].

En el recorrido estarás topándote siempre con propuestas nuevas, donde hay obras que pueden haber exhibido sus creadores en alguna muestra durante estos últimos dos años, o un proyecto concebido y realizado específicamente para la Bienal.

Se trata de una suerte de árbol, pero, por supuesto, cada rama tiene un camino específico. Vas a encontrar una parte de lo mejor que ha producido cada artista en este quinquenio; son obras recientes y confluyen todas las generaciones, puntos de vista y estéticas posibles mezclados entre sí, es decir, nunca encontrarás un lugar para la abstracción, para la fotografía o para los creadores de los 70: todo va a estar mixturado y vas a tener la posibilidad de contrastar y ver ópticas diferentes. En el recorrido estarás topándote siempre con propuestas nuevas, donde hay obras que pueden haber exhibido sus creadores en alguna muestra durante estos últimos dos años, o un proyecto concebido y realizado específicamente para la Bienal.

¿Cómo establecieron la confluencia y organización espacial de postulados tan disímiles?

El Morro y la Cabaña —exprimiendo los espacios al máximo— tiene hoy 99 bóvedas disponibles. Estamos hablando de 266 artistas en total; son 114 exposiciones personales y el resto de los creadores está distribuido en un grupo grande de proyectos colectivos.

Hay pabellones donde se concentran grandes expos colectivas como Haciendo presión, Visceral o El péndulo de Foucault, que sí tienen perspectivas muy específicas para mostrar este conjunto de obras. En el caso de los pabellones grandes, decidimos crear una relación por contraste entre dos artistas que tuvieran una muestra personal. Generalmente, son dos creadores que tratan un mismo tema desde perspectivas muy diferentes, como Frank Martínez y Abel Barroso, Adonis Flores y Eduardo Rubén, es decir, siempre tratamos de crear un vínculo donde para el público sea evidente la relación por contraste.

Por ejemplo, en el eje temático construcción de la historia, está presente desde lo más romántico hasta lo más cínico, ácido y contestatario. Yo creo que esa relación es la que va a permitir una evaluación, de alguna manera, del arte cubano. Un evento como la Bienal de La Habana, que reúne tantos recursos y energías, no puede darse el lujo de perder la posibilidad de servir de plataforma una vez más, como siempre ha sido, para el arte cubano que, en medio de este programa, debe tener un lugar predominante. Un proyecto como este, ubicado en los espacios del Morro Cabaña, intenta ser una vitrina, un lugar de posicionamiento para el arte cubano.

 

Notas:
1.    Junto a Isabel Pérez Pérez, formaron parte del equipo curatorial de Zona Franca Tania Parson, Ariana Landaburo, Estela Ferrer, Liana Rodríguez y Elisa González.
Algunos de los artistas que integran la extensa nómina de Zona Franca son: Roberto Fabelo, Manuel López Oliva, Eduardo Roca (Choco), Gilberto Frómeta, Ernesto García Peña, Arturo Montoto, Roberto Diago, Arístides Hernández (Ares), Carlos Garaicoa, Aimée García, Alberto Lescay, Santiago Rodríguez Olazábal, Esterio Segura, Joel Jover, Eduardo Abela, Adislén Reyes, Andrés Serrano, Mabel Poblet, Glauber Ballestero, Ariamna Contino, Arlés del Río, Duniesky Martín, Rachel Valdés, Dania González, Agustín Bejarano, Luis E. Camejo, Duvier del Dago, Iván Capote, Flora Fong, Mario García Portela, Glenda León, Ernesto Rancaño, Eduardo Ponjuán y Lázaro Saavedra

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato