Entrevista con Diana Lío Busquet

El sueño de Abril, 35 años después

Mayra García Cardentey • La Habana, Cuba

Desde su perfil editorial y principal público destinatario, hasta la propia estructura, la casa editora Abril es única de su tipo en el país. Este proyecto cultural arropa no solo una variedad de propuestas literarias publicadas sino que aúna las principales revistas periódicas dedicadas a las nuevas generaciones de cubanos y cubanas.

Fundado el primero de julio 1980, este conglomerado editorial nació con el encargo de agrupar publicaciones habituales ya existentes en la nación, a la par que propició el surgimiento de otras opciones informativas. Niños, adolescentes, jóvenes, estudiantes universitarios, noveles científicos y artistas hallan en la amplia gama de propuestas, números y temas de su interés. Todo ello acomete el sello, sin renunciar a la reproducción de la buena literatura infanto-juvenil.

Próxima a cumplir más de tres décadas de existencia, Abril prepara celebraciones en tanto se piensa y reconceptualiza en escenarios cada vez más dinámicos dentro de la política cultural cubana. Sobre ello, conversa Diana Lío Busquet, subdirectora editorial del centro.

Treinta y cinco años se dice fácil, pero no lo son, especialmente en el complejo mundo editorial cubano. ¿Cómo llega Abril a este aún joven onomástico?

Abril arriba a este aniversario con el entusiasmo que siempre la ha caracterizado y los deseos de hacer. Lo que no quiere decir que pueda acometer todo lo que sueña o se propone, en la mayoría de las ocasiones, por causas ajenas a su voluntad. Pero lo que no le falta es emprendimiento y voluntad.

En este sentido, durante el período, este sello se distingue por su producción literaria infanto-juvenil. Dentro de la amplia y variada creación para estos públicos ¿Cómo se produce la selección de textos? ¿Qué mecanismos articulan para intentar tener propuestas anuales, variadas en temáticas y con tópicos actualizados?

Si algo ha tratado Abril en los últimos años es de hacer realidad la misión que tiene de cubrir todos los temas, perfiles y públicos posibles; especialmente, al lector infanto-juvenil. El «colchón editorial» se nutre de los intereses de autores que llegan a nuestra puerta; de aquellos escritores a los cuales pedimos propuestas; de las sugerencias e ideas de miembros de los colectivos de nuestras propias publicaciones o encargos institucionales. Las vías son variadas. Todo se evalúa, y se selecciona el proyecto de plan editorial tratando de lograr diversidad de géneros, temas y públicos. Hemos avanzado muchísimo en lo infantil y no tanto en lo juvenil.

¿Pocas sugerencias para jóvenes?

Aún sigue habiendo déficit, tanto en Abril como en el resto de las editoriales, de esa producción adolescente y juvenil atractiva que, muy en lo personal, creo sigue teniendo un vacío en la literatura cubana”.

Bajo este amplio abanico de destinatarios, Abril tiene una peculiaridad que la hace única. Aloja en su interior tanto un departamento de producción editorial como seis medios de prensa de tirada periódica, cada uno con perfiles y públicos diferentes. Sabido es que no comprende las mismas rutinas profesionales dirigir la confección de un libro, con procesos creativos más atemperados, que la dinámica de un medio de difusión con una urgente generación de contenidos ¿Qué elementos positivos conlleva contener esta variedad editorial en su interior?

El acierto, y para lo que me imagino que se soñó y fundó un proyecto como este, está en poder dar, «desde la teoría», atención a la gran diversidad de lectores y edades desde un propósito editorial. Un medio global como Abril te posibilita tocar, o por lo menos proponerte abarcar con amplitud, y si está bien concretado con profundidad, todos los intereses o por lo menos los más posibles. Casi, en teoría, nada te es ajeno: tienes contemplado el público infantil, el adolescente, el juvenil, el trabajador, el profesional, el científico-técnico, el desempleado, el universitario, el que tiene intereses culturales o artístico-literarios, desde las revistas y también desde los libros. El que aupemos sendas formas de difusión aporta diversidad desde la proyección editorial. Lo que no puede tener salida en un medio lo tiene en el otro (periodismo o literatura). Hoy ambos se tocan y se concatenan. Hay cada día más periodismo literario y más libros que se nutren del periodismo. Bien llevado, ese es el sueño de lo que debe ser Abril. La posibilidad de abarcarlo todo, desde todas las posibilidades.

¿Qué deficiencias presenta englobar esta multiplicidad de estilos e intereses?

Es un gran reto, desde la dirección de la editorial, lograr la real concatenación, la coherencia de los objetivos, el enriquecimiento del trabajo entre unos y otros, la multiplicidad de intereses; aún estamos por llegar a acercarnos a la meta, a pesar de que hemos avanzado. Queda camino.

En  ese camino tan plural, ¿cómo aglutinar esfuerzos en pos de una política comunicativa inclusiva y acertada para jóvenes y niños?

Partiendo, primero que todo, de saber realmente qué les interesa a esos niños, adolescentes y jóvenes, y enfatizo en el realmente y no en el supuestamente con el que casi siempre trabajamos. En segundo lugar, tener claro hacia dónde queremos llegar con esa política comunicativa; cuál es el propósito que nos estamos trazando con ese mensaje que emitimos. Y debe ser una mirada inclusiva. Hoy no creo que lo sea tanto. Tiene que haber un organismo que rectoré esa política comunicativa”.

En el orden comercial —llamado el país a una racionalización y optimización de los recursos—, donde se debate el tema de la economía del arte, ¿cómo intenta Abril generar ingresos de valor sin caer en una mirada economicista del proceso editorial, y al mismo tiempo sin generar libros poco vendibles? ¿Cómo evitar también que se vea comprometida la publicación de la buena literatura debido a su baja comercialización?

Desde hace mucho tiempo hemos logrado resolver el dilema entre lo que se considera comercializable y la calidad y los propósitos de nuestras propuestas editoriales. Nuestros libros son, casi mayoritariamente, de gran aceptación por el llamado gran público, considero que sin hacer concesiones a la banalidad o a la seudocultura. Claro, hay títulos que se sabe no son de interés masivo, pero esos también tienen sus lectores. De esas propuestas entonces hay que hacer menos tiradas, promocionarlos más, buscar presentarlos donde están los interesados, y también se venden. Si no, ¿para qué los hicimos? La buena literatura siempre encuentra su público. La mala no es literatura y no merece ser publicada.

En este enredado andamiaje de comercialización y producción de literatura de valor y actualizada, una de las principales deficiencias identificada por los especialistas del mundo editorial es que la producción no resulta un circuito cerrado. Es decir, las editoriales producen los textos, pero no los imprimen ni distribuyen. ¿Cuánto favorece o complejiza la situación este mecanismo?

Hoy cada día estamos más abocados a funcionar como empresas y no como entidades presupuestadas. Abril tiene el mismo dilema que el resto de las editoriales del país. Necesita de un tercero, que es la imprenta, para llevar a vías de hecho sus proyectos editoriales y de un distribuidor para circularlas hasta las manos de los lectores.

En la actualidad, la producción editorial no está en sus mejores momentos por el déficit de materiales en las imprentas, lo cual troncha un plan de producción —ya sea bueno, regular o malo— y afecta los ingresos. El segundo gran problema es que, como muchos, sufrimos la dualidad monetaria: los gastos de producción son en dos monedas y la recuperación de esos gastos son mayoritariamente en una sola de ellas. La inversión en la otra moneda nunca se recupera.

En nuestro caso en específico, desde hace años, aunque no somos una empresa todavía, gastamos menos de lo que ingresamos en CUP, pero no ingresamos todo lo que podríamos porque dependemos de esos terceros: impresores, distribuidores, transportistas, cuyos niveles de eficiencia y efectividad a veces dejan mucho que desear y afectan todo lo que se pudiera generar, producir.

Con los múltiples mecanismos descritos, parecen haber sido 35 arduos años. Y habrá también mucho que celebrar, ¿cómo serán los festejos?

Nos caracterizará la diversidad, tal cual somos. Muchas de las actividades tendrán que ver con los aniversarios también de Zunzún y Juventud Técnica y con la presentación del Premio Abril de Literatura. Habrá propuestas de actividades para casi todos los públicos, desde presentaciones de libros y revistas, cursos de verano, hasta actividades en las comunidades e inauguración de exposiciones relacionadas con nuestras opciones.  ¿Qué nos faltará? Queríamos haber llegado a la presentación de proyectos digitales. No aislados, como algunos que ya tenemos, sino masivos. Espero que ese sea nuestro cumpleaños 36.

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