Entremezcla, añejo 30 años

Thais Gárciga • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del entrevistado y tomadas de Internet

Aunque no festejan un día señalado en el calendario, una de las agrupaciones cubanas pioneras en la fusión de géneros celebra este año su trigésimo aniversario. Pablo Menéndez, fundador y director de Mezcla comenta sobre los desafíos iniciales, recorre una trayectoria signada por la experimentación sonora y reflexiona sobre la producción musical del presente.

¿Cómo fueron los inicios de Mezcla?

Nosotros nos propusimos formar un grupo en el que su línea iba totalmente en contra de lo que establecía el mercado de la música. Tradicionalmente uno se ciñe a un solo estilo o una sonoridad exclusiva porque es más fácil comercializarlo.

Al principio de fundar Mezcla nos decían que estábamos locos, en ese momento luchábamos para tratar de empujarlo hacia un rock afrocubano con un nivel de elaboración superior. Yo venía de Síntesis, que hacía rock trova o rock sinfónico prácticamente, y al unísono tocaba en el grupo de jazz Sonidos Contemporáneos. Todavía no se había armado el Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) al que me uní posteriormente.

Además, al tiempo que era integrante de Síntesis y Sonidos Contemporáneos, tenía una carrera musical con mi mamá que es cantante. Me invitaban a tocar con grupos de rock cubanos y disfrutaba experimentar con la música folclórica. Las sonoridades de raíces afrocubanas me gustan mucho y siempre estuve vinculado a ellas desde que arribé a esta tierra. Entonces me pasaba el día saltando de un grupo al otro. Al regresar a casa continuaba estudiando los repertorios de esas agrupaciones, el día no alcanzaba para todo lo que deseaba hacer, por tanto, por qué no crear un grupo donde pudiera fusionar todos esos géneros. El nombre justificaba la intención: Mezcla.

Siempre hemos pretendido abrir puertas y pensábamos que ese era un modo también de descolonizar el gusto musical y desterrar los prejuicios hacia el rock, que en Latinoamérica y en Cuba suena diferente al de EE.UU. Versionamos asimismo música brasileña, muy desconocida aquí.

Imagen: La Jiribilla

 Pablo y Chico Buarque
 

Cierta vez oí por casualidad en la Emisora Radio Progreso un programa dedicado al panorama del rock argentino antes de que fuera conocido en Cuba, y me enamoré de él. Decidimos montar un número emblemático de Fito Páez, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, que mostraba la gran unión espiritual de la generación precedente a la canción política con el folclore latinoamericano.

En resumen… que la primera etapa de Mezcla fue un poco de locura. Cuando celebraban un festival de la nueva trova casi siempre llamaban a tres grupos: Moncada, Mayoguacán y Mezcla; si era un concierto de rock cubano llamaban a Monte de Espuma, Síntesis y Mezcla. De tal manera, transitábamos de un género al otro.

A nivel internacional empezamos a causar una cierta sensación que nos permitió recorrer un circuito de festivales de primera línea: Noruega, Holanda, Dinamarca, Alemania, EE.UU., Canadá, Colombia.

¿Los artistas que reunió también tenían ese deseo de experimentar con la mezcla de géneros?

Tenía que hallar instrumentistas que tuvieran preferencia por varios géneros, que su gusto fuera diverso, y en esa búsqueda he tenido mucha suerte. Me atrevo a decir que el sitio de cada instrumento ha sido ocupado por alrededor de diez músicos. Muchos en su carrera ulterior como solistas se han granjeado reconocimiento y fama.

Uno crece con el apoyo de otros artistas. Empero es un proceso natural que algunos decidan continuar su carrera en solitario o gestar su propio proyecto. Tenemos músicos que tras varios años en el grupo se van y más tarde regresan, vuelven a irse y así se repite el ciclo. De ese modo hoy tengo una lista de tres o cuatro suplentes excelentes que pueden sustituir a algún integrante cuando lo necesite.

En los inicios aparecíamos frecuentemente en la televisión; hoy, cuando prácticamente ya no nos ven y en la radio menos nos difunden, la gente —sobre todo las personas de 40 años en adelante— me reconoce en la calle.

Si uno cree verdaderamente en algo tiene que buscarse problemas. Nacimos sin ninguna seguridad de que esa fórmula tuviera respuesta en la población, y sin embargo llegó a ser muy popular, sobre todo a finales de los 80 y principio de los 90. Recuerdo una vez que actuamos para medio millón de personas junto con otros dos grupos en la Plaza de la Revolución. Cuando salimos a escena la gente se sabía la letra y bailaba.

Hilando texturas melódicas

El jazz fue cardinal en sus orígenes, así como el rock y los ritmos afrocubanos. A propósito de la fusión de géneros y cómo ellos hicieron de esta alquimia su sello de excelencia, explica que “los géneros tienen que existir, como en el deporte las especialidades. Hay música para escuchar y música para bailar. Cuando fundamos el grupo muy pocos fusionaban. A finales de los 70 había una tendencia de fusionar jazz con la sonoridad del rock. También la fusión era muy mal vista en ese momento por el mercado de la música, y desde hace alrededor de una década se oye constantemente.

“La gente habla de fusión cuando se mezcla un género con otro. A la hora de buscar novedad, dentro de unos patrones simples se introducen elementos extraños como las texturas y a eso le llaman fusión, pero nuestra tesis trasciende esa visión. Primeramente porque los elementos hay que manejarlos con mucho respeto, te pongo el ejemplo de la música afrocubana. Cierta parte del público me cuestionó si yo era religioso por interpretarla.

“Les respondí que la misma admiración podría tener el miembro de una orquesta sinfónica cualquiera—sea cual sea la religión que profese, mahometano o budista—, donde seguramente en el repertorio habrá misas de compositores cristianos europeos como Beethoven, Mozart o Bach; sin que tenga necesariamente que estar adscrito a esa creencia, simplemente está reconociendo el patrimonio artístico de la humanidad. La música de origen africano tiene el mismo rango de admiración. No podemos imaginar el desarrollo musical del presente sin la herencia africana.

Imagen: La Jiribilla

Pablo, Octavio Rodríguez (percusionista de Mezcla), Pancho Quinto (maestro de los tambores batá)
 

“El jazz siempre lo interpretamos desde el inicio, la dosis fue aumentando hasta años recientes cuando empezamos a componer temas propiamente jazzísticos, y recibir muchas peticiones para asistir a eventos de este género. Nos dimos cuenta que en sentido general es mucho más elegante añejarse en un estilo como el jazz que en el pop rock.

“Cuando empezamos a girar por EE.UU. fui a ver grupos cubanos de jazz que tocaban en los mejores clubs. Ellos mezclaban igual que nosotros y también interpretaban géneros cubanos, al parecer por lo novedoso. Es así que le perdimos un poco el miedo a esa misma unión que nosotros estábamos haciendo.

“Allí vi que el público jazzista es más desprejuiciado que el bailador de salsa, quienes por lo general conocen poco de la música cubana. Ellos escuchan salsa—básicamente neoyorquina— en las clases de casino, y luego quieren escuchar algo parecido cuando van a los conciertos. Eso era frustrante, sobre todo por la poca música bailable que tiene Mezcla.

“Muchas veces los arreglos de nosotros causaron problemas. Fue el caso de los trovadores, por ejemplo, que son muy celosos con sus composiciones, y tampoco veían con buenos ojos la música cubana bailable. Frank Delgado una vez nos dio una canción en reggae, se llama “Río Quibú”. Como yo siempre he sido vanvanero desde que conocí a Formell en 1968, al escuchar la canción de Frank le hice un arreglo con el tumbao de Pupy, quien en ese entonces tocaba en los Van Van.

“De pronto nos vimos rompiendo con el cómo se debía hacer: como número bailable tenía mucho texto; como canción cubana chocaba con la guitarra de rock, el saxofón de jazz y el still drum de música caribeña; y como tema de la Nueva Trova tenía demasiado estribillo y era muy bailable. Fue la primera composición interpretada por nosotros que ocupó la preferencia del público, no solo de los jóvenes estudiantes que habitualmente nos seguían, sino de otras capas de la población que se identificaron con el grupo”.

¿Usted es jazzista que toca rock o rockero que toca jazz?

Ni remotamente. Soy aprendiz de todo y fan de diversos géneros. Hasta los 14 años me la pasé descubriendo el folclor norteamericano. Mi aspiración ha sido poder presentarnos en eventos de rock, de jazz, de trova, de pop-rock, de rumba. La música cubana en general me encanta. He intentado acercarme a ella con mucho respeto y estudiarla.

¿Cuántos músicos conforman Mezcla en el presente?

Con el nombre de Mezcla nos presentamos en varios formatos: un septeto compuesto por dos metales, guitarra, bajo, batería, percusión y el pianista que dobla otro instrumento. Al trío lo dotamos de forma un percusionista, un bajista y la guitarra —que soy yo—, lo llamamos el Trío Soñado.

A veces nos juntamos con el multinstrumentista, en este caso es el violinista de jazz y música cubana, Julio Valdés, quien además canta y toca el piano. En otras ocasiones nos unimos al percusionista Octavio Rodríguez. Él lleva 28 años conmigo, es casi fundador de Mezcla. Incluso grabamos un disco en vivo en el mejor club de jazz de la costa occidental estadounidense, que casualmente está ubicado en mi ciudad natal. Este material ahora está llamando la atención a nivel mundial, se llama Pure Mezcla.

Imagen: La Jiribilla

El percusionista Roberto Smith Izquierdo y Julio Valdez durante una gira del grupo Mezcla por Estados Unidos
 

Una tercera modalidad es el trío más uno, con la que estamos montando un repertorio de The Beatles y covers en inglés, así como canciones de novísimos trovadores y rockeros cubanos, entre ellos X Alfonso y Osamu.

Igualmente nos presentamos como trío más dos. Lo usual es tener un baterista y un percusionista, por eso llama la atención el hecho de contar con dos percusionistas en ese formato, ambos tocan más de un instrumento a la vez, como resultado tienes la sensación de sentir a ocho tocando al mismo tiempo.

Por otro lado tenemos proyectos como el de Mezcla Plus, una idea a la que se suman cantantes y creadores jóvenes con el fin de retomar temas del grupo de la década de los 80, pero respetando el estilo interpretativo de los invitados. De este modo pretendemos rescatar números desconocidos principalmente, y sumar canciones de los convocados al repertorio del grupo o versionarlas.

La televisión está ultimando los detalles de la filmación de un concierto que tuvo lugar en el Teatro Nacional en agosto pasado. Allí nos acompañaron el conjunto de Danza folclórica JJ, Rumberos de Cuba, y otros artistas. Esa vez trajimos a colación el trabajo del disco que gestamos en conjunto con el maestro Lázaro Ros, una voz privilegiada, gran cantante e investigador.

Le hicimos arreglamos modernos a ese fonograma de canciones yorubas que él nos trajo, y que por cierto cumplió 25 años en 2014. Fue su único disco de fusión, y con este nos fuimos juntos de gira por todo el país y el extranjero.

Imagen: La Jiribilla

En escena con Lázaro Ros
 

Mezcla no ha sido el único desvelo artístico de Pablo Menéndez. Su labor como cantante, guitarrista y director la supo combinar con la pedagogía, específicamente con la enseñanza de la guitarra eléctrica. Al matricular en la escuela de arte no existía un plan de estudios oficial diseñado para ella.

“Quería que alcanzara el mismo nivel de reconocimiento que otros instrumentos que han prestigiado a la música cubana. Cuando me pidieron que fundara el departamento de guitarra eléctrica en la Escuela Nacional de Arte (ENA), dediqué mucho tiempo a preparar el programa docente. Eso fue alrededor del año 1991, aproximadamente 14 años más tarde cerró y se abandonó este perfil, pienso que por celos de otros departamentos o miopía burocrática si se quiere.

“El trabajo de director es una esclavitud. En último caso, si el tiempo lo permite atiende su instrumento, por eso la docencia me auxilió en aquellos años para olvidarme de todo dos veces a la semana y concentrarme en mi instrumento. Era una liberación y un trabajo muy grato para mí.

“Es un desacierto que en los conservatorios no se impartan clases de guitarra eléctrica, ni siquiera jazz, y lo que es peor, música cubana. Cuba tiene una inmensidad de talentos que egresan de los conservatorios (de música). Honestamente creo que hoy día hay una cantidad de excelentes intérpretes aquí con buen gusto como nunca en la historia.

“Hace poco Joaquín Borges-Triana me comentaba que alumnos míos de esa cátedra figuran hoy entre los más importantes guitarristas de España, Canadá, EE.UU, Cuba, ganadores del Gran Premio Cubadisco. Me siento feliz porque fue un granito de arena que les aporté y me ayudó a consolidar mis conocimientos”.

Imagen: La Jiribilla

Pablo Menéndez junto a sus jóvenes músicos
 

El trabajo de profesor, que ya no desempeña como tal, lo traslada a su grupo mientras alecciona a los músicos vocalmente. “En el conservatorio, los instrumentistas por lo general reciben clases de coro, alguna vez cantan o al menos afinan. Se acercan a la canción escuchando el tono, timbre, tesitura y al final si se lo señalas, se fijan en el texto. Sin embargo, con el público sucede al revés: primero escuchan el texto y luego la voz”.

“Trato de educarlos y enfrentarlos a la canción interpretativamente. Por supuesto, no es a lo que están acostumbrados ni fue lo que estudiaron durante años de especialización en la escuela. Precisamente esa es una de nuestras singularidades”.

A propósito de la fusiones actuales

“La música cubana, que siempre ha sido consumida por los jóvenes, está sufriendo un proceso de empobrecimiento en la actualidad. A veces me parece que estamos ofreciendo un planteamiento distante del gusto del público joven.

“Hay un fundamento económico mediando. Cada vez se dispone de menos dinero para la cultura a nivel mundial, ya no se arma una agrupación con todas las de la ley sino que los formatos tienden a reducirse.

“En cuanto a la confección, mucha de esa música suele grabarse en distintas capas que copian y pegan repetidas veces. Si uno se fija en lo último que se está oyendo ahora como música popular, se da cuenta que a los 20 o 30 segundos de canción ya usted sabe todo lo que va a pasar rítmica, melódica y armónicamente, incluso la letra. No hay un puente, un interludio, una coda. Entre una canción y otra no cambian el ritmo. Eso es un empobrecimiento brutal. Realmente es muy triste.

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