Detrás del Muro, los artistas tienen la palabra

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Pasear por el Malecón en estos días de Bienal tiene una connotación diferente. Más allá de la pareja que se acomoda a contemplar el mar; el grupo de amigos que se reúne a cantar acompañado de una guitarra; aquellos dispuestos a pescar; los niños que se aventuran a los retadores saltos de clavados; y los omnipresentes vendedores de cuanto suvenir o comestible exista; detrás de este muro, hasta el 22 de junio, se respira también arte de Cuba y el mundo.

Imagen: La Jiribilla

“En el medio de la nada” se emplazan obras lúdicas como Pista sobre hielo, de Duke Riley, y Resaca, de Arlés del Río; otras que estimulan la participación y experiencia extrasensorial como Proyecto Reality-Cubo Azul, de Rachel Valdés. Algunas invitan a la reflexión, como Secreter, de Lina Leal, y Salvación, de Duvier del Dago. No falta el refinamiento y la delicadeza en la obra Primavera, de Rafael San Juan, o en la irónica intervención El Vacío, de Glexis Novoa; asimismo, la fugacidad de proyectos como La Muda, de Owena Fogarty o La dama de rojo, de Aimée García. Hay lugar, a su vez, para consagrados del patio, como Roberto Fabelo, con Delicatessen; Florencio Gelabert, con Stella y Manuel Mendive, con Mi energía y yo…

La segunda edición de Detrás del Muro, curada una vez más por Juan Delgado Calzadilla, destina espacios para todas las preferencias e inclinaciones estéticas. Creadores de Cuba, Estados Unidos, Alemania, España, Irlanda, Colombia, Panamá, Noruega, Marruecos, México, Bolivia, República Dominicana y Canadá se aúnan en un proyecto heterogéneo y múltiple, donde son válidas la sorpresa y la fascinación de lo aparentemente inconexo del conjunto y el factor individualizante de cada obra.

Pero se trata precisamente de romper esquemas, prohibiciones, estereotipos, fronteras físicas y mentales, acudir a lo sensorial y lo diverso con el punto de mira enfocado hacia el impacto comunitario de cada propuesta, hacia la integración del otro.

La segunda edición de Detrás del Muro, curada una vez más por Juan Delgado Calzadilla, destina espacios para todas las preferencias e inclinaciones estéticas.

Comenzando por La Punta, apreciamos los vestigios de lo que pudo ser un tupido bosque, construido con maderas cubanas barnizadas y espejos hechos con láminas de alta tecnología. Se trata de la pieza Stella, de Florencio Gelabert: “Mi obra está inspirada en un tema que vengo desarrollando desde hace veinte años, acerca de levantar conciencia por la deforestación y la destrucción del medio ambiente. Está dedicada a la memoria de mi madre, que falleció hace dos años, y es un homenaje a ella y a todo lo que hemos destruido y no queremos construir. Debemos mirarnos en este espejo, porque estamos arrancándole parte a la vida, y de lo que se trata es de traer el árbol a la vida, no de quitarlo”, expresó el artista.

A lo largo del camino, nos topamos con tres grandes esculturas de madera que nos invitan a “mirar” desde lo alto. Sobre esta serie de Duvier del Dago, titulada Salvación, nos comenta su creador: “Son tres torres de cinco metros de alto: una es un confesionario que está en la calle Campanario; en Gervasio tengo una silla de vigilancia de salvavidas, como una torre de alta tensión, y en La Punta otra que es una garita de vigilancia militar. La serie alude todo el tiempo al concepto de salvación, que tiene muchas acepciones interesantes desde el punto de vista espiritual y religioso”.

Según apunta el propio artista en la explicación del proyecto, se trata de producir un extrañamiento en el espectador al encontrarse con estos objetos en un espacio que mucho ha necesitado de un “salvavidas”. Las piezas aluden, así, al fenómeno intrínseco en el cubano que lo vincula con el mar como vía de cambio, sea para bien o para mal.

Por su parte, la muestra conjunta Goteo, reúne fotografías de padre e hijo: Ernesto Fernández (serie de 1958 a 1982) y Ernesto Javier Fernández (serie de 1986 a 2015), montadas en “gotas de agua” provenientes de tubos de PVC oxidados: “Cuando íbamos a la escuela al campo, estos eran los tubos donde teníamos que tomar agua todos, en una composición más pequeña”, nos narra Ernesto Javier. “Entonces quisimos valernos de ellos para mostrar una sucesión de hechos en fotografía lenticular que es lo que produce el efecto de cambio de imagen y te acerca al agua, al movimiento. Se le suma luz por la noche y representa una serie de sucesos históricos que no tienen que ser los más importantes en estos últimos 50 años. La idea es hacer referencia a la historia como un goteo: lo que parece relevante en tu vida hoy, sea lo que sea, mañana es una gota más dentro de la historia”.

Imagen: La Jiribilla

Desde Colombia llega Lina Leal, con su instalación Secreter, una especie de torre confeccionada con diversas piezas de mueblería que surge a partir del concepto de la casa como espacio donde ocurren cosas y se van acumulando situaciones: “Tuve referentes también de espacios como albergues y prostíbulos, donde el tráfico de personas es muy alto. Todos los secretos y situaciones se empiezan a quedar ahí y a condensar, entonces me planteo ese movimiento hacia arriba y tomo el referente del secreter como ese mueble emblemático e impecable de la burguesía que hace la función de máscara, de lo que todos tratamos de ocultar, aparentando lo que no somos. Precisamente es blanco porque muestra esa fachada, esa máscara irreal de la pulcritud hacia afuera en el buen estado.

“Traigo esta obra a Cuba porque, al igual que en el resto de Latinoamérica, existen problemas sociales, y Secreter va a cumplir una función de interactuar con la comunidad. Voy a ir por las casas de las familias a hacer pesquisas con las personas, a realizar un ejercicio de tomar los secretos, llevármelos y guardarlos simbólicamente en un cofre con llave. La idea es llenar esta pieza de secretos, porque va a recoger secretos donde quiera que esté”.

Valiéndose de otro lenguaje más fugaz, la cubana Aymée García dialoga con el transeúnte a través del performance La dama de rojo, un personaje ambiguo ¿masculino?, que juguetea con la dualidad de la imagen: “Hacia abajo visto al modelo con la terminación de un vestido largo de mujer, y hacia arriba, con una chaqueta militar de hombre, porque me interesa jugar con la masculinidad y la feminidad, el poder y la fragilidad, la ostentación y la corrupción, la prostitución y todo ese tipo de lecturas que puedan desprenderse de esa dualidad, por eso se llama La dama de rojo y lo represento con una figura masculina”, explicó la artista.

Casi en medio del recorrido tropezamos con una de las piezas más populares de la muestra: divertida, alocada, burlesca y desafiante, una obra digna de Macondo: la famosa playita Resaca, en la que todos quieren tomar el sol. Acerca de esta instalación experimental, declaró su autor Arles del Río: “La idea era crear una ilusión, borrar el muro en este tiempo que iba a estar emplazada la playita y ver la reacción del público exagerando un poco; por eso el título es Resaca. Para mi sorpresa y alegría, el resultado ha sido mejor de lo que esperaba, ha habido mucha interacción y la pieza ha tomado más fuerza y más lecturas. Todo ha resultado increíble”.

Casi en medio del recorrido tropezamos con una de las piezas más populares de la muestra: divertida, alocada, burlesca y desafiante, una obra digna de Macondo: la famosa playita Resaca, en la que todos quieren tomar el sol.

De igual manera, el Cubo Azul, de Rachel Valdés, confeccionado con capas de espejos mezclando cinco tonos de azules, se erige como otra de las piezas más interactivas que invita al público a mirar el entorno desde un prisma diferente: “La obra consiste básicamente en crear un espacio donde el espectador pueda introducirse y percibir la realidad de otro modo. Es una experiencia personal que quería vivir al ver todo lo que me rodeaba de un solo color y compartirlo con las personas. Al final, creo que he logrado mi objetivo, porque estoy aquí en medio de tanta gente bonita, y poder compartir la idea de manera tan directa es espectacular”.

Cerrando la muestra expositiva, frente al parque Antonio Maceo, se encuentra emplazado el proyecto más esperado de Detrás del Muro, La Esquina Fría o Pista sobre Hielo, del artista irlandés-norteamericano Duke Riley: “Para la confección de la pista, usamos un material sintético que emplean los jugadores de hockey cuando entrenan en sus casas y durante la estación de verano. No es hielo, pero se acerca mucho y mientras más la gente patine sobre él mejor funciona el material.

“Ahora, con la reapertura de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, los intercambios culturales entre ambos países se harán más fuertes y pienso que una pista de hielo es muy significativa por la idea de romper el hielo de tanto tiempo en el pasado, también porque ambos países comparten gustos y preferencias, como el mismo deporte del beisbol”, afirmó Riley.

Así desde La Punta y hasta el parque Antonio Maceo, más de 50 propuestas artísticas, performáticas, instalativas, esculturales, pictóricas y fotográficas conminan a las rupturas de las escenas cotidianas.

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