Luis Camnitzer: “Apuesto por un socialismo de la creación”

Narmys Cándano García • La Habana, Cuba

De regreso a Casa de las Américas, el pintor, grabador y pedagogo uruguayo Luis Camnitzer, protagonizó la primera actividad colateral del Año del Dibujo y colmó de actividad los días previos a la 12 Bienal de La Habana.

El denominador común para ambos eventos fue Ejercicios, un taller realizado en la institución con estudiantes de artes plásticas de distintas escuelas cubanas cuyo resultado devino en una exposición homónima, con la que, como declaró a La Jiribilla, el arista pretendía hacer desaparecer su propia obra con el resultado de las nuevas creaciones.

Imagen: La Jiribilla

De esa forma se inauguraron a la par, Ejercicios con piezas performáticas e instalativas hechas in situ, y la muestra de dibujos que pertenecen al año temático de Casa, tomado de su Colección Arte de Nuestra América Haydée Santamaría.

Al preguntarle sobre la importancia que le concede al dibujo entre las artes plásticas, Camnitzer respondió que lo importante no es el medio sino la idea, por lo que él escoge una técnica en dependencia del propósito que tenga la obra.      

Precisamente uno de los privilegios de su visita fue conocer de cerca sobre su concepción del arte. En una conferencia ofrecida en Casa —totalmente distante de ser una autobiografía, afirmó— revisitó algunas de sus experiencias como artista, y explicó el modo en que definió su relación con la comercialización del arte y en especial con los museos, en tanto estos se definen como instituciones de poder destinadas a dar un determinado valor a una obra.

“He coleccionado museos por más de 50 años —reveló—, y debo confesar que siempre favorecí la cantidad por encima de la calidad. Tengo una cuarentena de museos en mi colección y varias bibliotecas”.

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el de Grabado de la misma ciudad,  el de Arte Moderno de Nueva York y otros como el Museo Witney de Arte Americano —en el que fue el primer latinoamericano en tener una pieza en exposición— fueron algunas de las referencias con las que Camnitzer describió el inicio de su carrera, la cual dirigió por caminos conceptuales que otorgan al arte un fin político, social y filosófico.

Se definió como “un anarquista ético, porque ante cualquier intento de desequilibrio de poder mi instinto es el de buscar una distribución equitativa. Ideológicamente la anarquía es una de las formas que puede tomar el socialismo”. Y añadió que si bien no está en contra de la distribución equitativa de los ingresos y de los bienes de consumo, “cree en un socialismo de la creación, o lo que es lo mismo, en el contexto de una creatividad no competitiva, que el poder se distribuya equitativamente”.

Imagen: La Jiribilla

De vuelta su relación con los museos, cuyo poder invierte a su favor, afirmó que “existe una colección simbiótica entre mi colección de museos y las colecciones de los museos,  en la que un grupo de colección genera un vértice hacia la otra. En mi caso mi objetivo es coleccionar una serie de abstracciones, y paradójicamente me veo obligado a crear objetos concretos que puedan ser poseídos, cuanto más museos tengo, mi colección se hace más coleccionable”.

“¿Cuánto tiempo dura una simbiosis que se basa en la propiedad? Los vínculos relacionados con la propiedad son frágiles y pueden ser amenazantes, especialmente cuando uno se da cuenta de la inestabilidad que tienen tanto las instituciones como las bases teóricas sobre las cuales operan”.

En ese sentido puso como ejemplo a EE.UU., donde reside actualmente  y ha podido comprobar que “incluso los nombres de las instituciones son inestables, como no hay un ministerio de cultura y todo depende de la filosofía oligarca, los nombres de las instituciones se compran”.

“En general se considera que los poseedores de poder con referencia al arte son los museos, que representan los valores de una cultura de poder que es realmente una estructura estratificada, y como guardianes de esos valores dan el sello y la aprobación sobre qué es bueno y qué es malo, no importa si el museo es privado o público, la diferencia con el consumidor es la misma. De ahí que los museos tengan la capacidad de coleccionar y los artistas solemos ser coleccionados, lo que da poder. El solo hecho de tener una colección de museos despierta admiración, aunque el público mire la obra y la deteste”.

En ese punto aclara que ideológicamente “cree firmemente que el poder corrompe, y en la medida que adquiero algo de poder trato constantemente de no caer en la trampa, pero el hecho es que como artista uno se enfrenta a una disyuntiva que fue y es: me coleccionan o los colecciono”.

Su decisión fue coleccionar los museos, “claro que la situación no es tan simple —bromeó—, los museos siguen creyendo que me coleccionan y yo sigo creyendo que soy yo el que los colecciona a ellos”.

“Lo interesante es que el poder de los museos no aumenta con la adquisición de mi obra, pues, salvo excepciones, son todas instituciones bastante establecidas cuyo prestigio no se afecta con mi presencia o ausencia, pero mi poder sí aumenta con cada museo que colecciono”.

Asume que si no tuviera su colección nadie lo invitaría —a volver a Casa de las Américas— y que ahora se iba a respetar lo que podía decir, lo que para él significa la desmitificación.

Tales afirmaciones llevan a otras consideraciones referentes a los museos como guardianes de valores, lo que “significa que esos valores cuidados son fijos, inamovibles, que no se puede desafiar. En otras palabras, no pueden ser desmitificados, establecen una doctrina o una religión que no permite herejes”.

Más allá de su labor artística, en la trayectoria de Camnitzer se destaca su inclinación por la pedagogía, cuya importancia también fue tema del conversatorio.

Resaltó que “en el fondo, siempre me interesó más la pedagogía que el arte, el tratar que la gente se eduque que producir objetos para que se clasifiquen como obras de arte.”

“Aun cuando produzco objetos, me interesan por el efecto que puedan tener y no por su propia presencia. Ese efecto no se traduce en una aspiración pasiva sino justamente en un enfrentamiento con dilemas que generan nuevos pensamientos”.

“Cuando el museo colecciona obras reafirma los valores establecidos, a veces los refina y los enriquece, pero esa forma de presentar arte contradice lo que yo pienso que el arte tiene que lograr. Es por eso que colecciono museos (…) porque me da credibilidad para poder decir lo que pienso y tener una leve posibilidad de que se me escuche, a lo mejor se desencadenan actitudes nuevas que puedan generar nuevos socialismos de consumo, sinónimo de creación”.

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