Aki Kaurismaki nieva en La Habana

Joel del Río • La Habana, Cuba
Fotos de Internet

Una jornada de 13 largometrajes de ficción procedentes de Finlandia (a exhibir en el cine Chaplin y el Multicine) ostenta la ventaja del exotismo. Sin embargo, puede ser que los cada vez más raros conocedores del ambiente cinematográfico europeo jamás me perdonen que tilde de peregrino y raro al más famoso de los cineastas fineses, Aki Kaurismaki, alguien que en los años 80 ya se ubicaba entre las llamadas tres K de lujo del cine mundial junto con el iraní Abbas Kiarostami y el polaco Krzysztof Kieślowski. Al finés le tocó la responsabilidad de dar a conocer mundialmente una cierta imagen sobre su gélido país a través de un estilo lacónico, taciturno, y de personajes desarraigados, desamparados.

Hace tiempo debió haber ocurrido en Cuba esta retrospectiva bastante completa sobre Kaurismaki, pero este es el momento de disfrutar de un tipo de cine, lo advierto, totalmente distanciado de los cánones narrativos a lo Hollywood en tanto el autor opta por un ritmo mucho más pausado aunque conciso, realista y austero. El ciclo inaugura con la sorprendente actualización de la dovstoievskiana Crimen y castigo (1983) en blanco y negro, y ambientada en una Helsinki desalmada y marginal, mientras que la apertura oficial está ocupada por La vida de bohemia (1991) donde el autor intenta que su obra alcance cierto cosmopolitismo, sin perder sus esencias, en tanto se trata de una coproducción entre Finlandia, Francia, Alemania, y Suecia, que narra la amistad y desventuras de tres curiosos artistas sin recursos en el París bohemio: Marcel, un escritor sin trabajo, Rodolfo, un pintor albanés sin papeles, y Schaunard, un compositor irlandés. Los tres intentan sobrevivir a su mala situación económica ayudándose mutuamente.

Imagen: La Jiribilla

Aparte del inicio, la retrospectiva Kaurismaki continúa luego cronológicamente, es decir, que a partir de la apertura el día 15 en el Chaplin y del 16 en el Multicine Infanta, los filmes se programan ordenados por la fecha de su realización, y por eso, uno de los primeros títulos en exhibirse es Sombras del paraíso (1986) que presenta al actor y la actriz fetiches de Kaurismaki (Matti Pellonpaa y Kati Outinen) en una delicada tragicomedia sobre la alienación y la marginalidad: se narra con enorme humildad y dignidad, la historia de amor entre el chofer de un camión de basura y una cajera de supermercado.

Sombras del paraíso integra la llamada Trilogía obrera junto con las posteriores Ariel (1988) y La chica de la fábrica de fósforos (1990). El tema común en los tres filmes viene a ser la opresión de los desfavorecidos, pero desde una perspectiva humorística más que melodramática, en profunda exploración de la realidad finesa, sobre todo de Helsinki. Ariel es un joven desempleado que viaja por todo el país y se vincula ocasionalmente al delito, a una fuga y al inicio de una historia amorosa. En tanto, La chica de la fábrica de fósforos muestra una joven solitaria que hace un trabajo mecánico y rutinario en la fábrica que menciona el título. Cuando llega a casa debe soportar a su perverso padrastro y la falta de cariño de su madre. Por las noches sale a bailar intentando divertirse y encontrar pareja, pero nunca tiene suerte.

Hamlet en el negocio (1987) es de los filmes kaurimaskianos que ambienta en la Finlandia contemporánea grandes relatos clásicos como había ocurrido con Crimen y castigo. El filme se aparta de cierto patetismo que el realizador había rozado en su Trilogía obrera, opta por la comedia negra y se sitúa en el ambiente de dirección de una gran empresa cuyo director ha sido asesinado. El joven y sensible protagonista se nombra igual que el dubitativo héroe de Shakespeare en tanto otro guiño humorístico de esta comedia en clave ligeramente satírica.

Y los tonos cómicos de Hamlet en el negocio se tornan descacharrantes y absurdos en Vaqueros de Leningrado en América (1989) sobre la peor banda de rock and roll del mundo, que vive en la tundra, con ningún público y nulo éxito comercial, hasta que deciden partir a EE.UU., donde la gente consume todo tipo de imbecilidades (así dice la sinopsis oficial). El filme cuenta la historia del viaje al país de las hamburguesas de este grupo de rockeros infelices, o felicísimos, según el cristal con que se mire.

A estas alturas del recorrido, Aki Kaurismaki ha trabajado como coguionista y director asistente en los filmes de su hermano mayor Mika Kaurismaki. Ambos comandan la firma productora Filmtotal y la compañía distribuidora Senso Film,  pero antes del éxito mundial, y de transformarse en presencia sustantiva del cine europeo, Aki se desempeñó como cartero y lavaplatos en breves períodos antes de que se decidiera por el cine luego de la asistencia en un cine club donde vio en programa doble Nanook, el esquimal y La edad de oro.

Otras influencias notables en su obra serían las del neorrealismo italiano, la tragedia sin paliativos de Robert Bresson, y el tono comedido de Yazuhiro Ozu, sin olvidar ciertos detalles imaginativos, optimistas y fantásticos robados a Frank Capra, que suelen adornar los finales de los filmes realizados por Kaurismaki a partir de los años 90.

El éxito en circuitos festivaleros de sus primeras obras le valió la posibilidad de hacer Contraté a un asesino a sueldo (1990), que fue rodada en Londres y protagonizada por el francés Jean Pierre Leaud, o la mencionada Vida bohemia, rodada en París con el mismo actor. En la primera, un ser solitario y apesadumbrado, típico personaje a lo Kaurismaki, decide suicidarse y para ello contrata un asesino que se encargue del trabajo sucio. Pero estas incursiones cosmopolitas y genéricas del director apenas afectan su típico estilo de realismo en cuanto al contenido y una cierta aura fantástica en cuanto a la escenografía y los sets, como ocurre en la minimalista Nubes pasajeras (1996), comedia de tono ligero sobre la crisis económica y el desempleo, y sus efectos en una pareja que al principio son felices, luego llegan los problemas y al final son felices otra vez.

Nubes pasajeras está muy en la vena de Capra o el Chaplin de Tiempos modernos, pero sin el énfasis melodramático que sí reaparece,  disfrazado de comedia, en La vida de bohemia o en Juha (1999) que adapta un clásico de la literatura finlandesa de Juhani Abo pero prescinde de diálogos, pues se presenta cual si la hubieran realizado durante el cine silente. Mucho antes del Oscar y la alharaca universal ocasionada por la francesa El artista (2011), Kaurismaki le rinde homenaje al cine silente mediante la historia trágica  de Juha y Marja, que viven felices hasta el día en que un extranjero se le rompe el coche cerca de su  granja de coles y seduce a la mujer prometiéndole una gran vida en la ciudad.

En 2002, Kaurismaki es premiado en el Festival de Cine de Cannes por Un hombre sin pasado, que igual devela emociones soterradas de personajes en desgracia (un soldador pierde la memoria por un ataque racista) sin lágrimas, masoquismos, manipulaciones ennoblecedoras ni excesiva preferencia por los masoquistas y sufridores.

Treinta años después de iniciar su carrera, Aki Kaurismaki triunfa clamorosamente (nominado a tres premios César; FIPRESCI y Mención Especial del Jurado Ecuménico en el Festival de Cannes; premio Hugo de Oro en el Festival Internacional de Chicago; cuatro candidaturas a los premios del Cine Europeo) con El puerto de la esperanza, en la cual se presenta a un famoso escritor bohemio, que se ha establecido en la ciudad portuaria francesa de Le Havre, donde vive satisfecho trabajando como limpiabotas. Tras renunciar a sus ambiciones literarias, su vida se desarrolla sin sobresaltos entre el bar de la esquina, su trabajo y su mujer enferma, hasta que se cruza en su camino un adolescente africano inmigrante. La inmigración ilegal en Francia le sugirió a Kaurismaki esta película en la cual lo solemne del tema se afilia con un tono de cuento de hadas, pleno de sorpresas y giros emocionantes.

La poética de Aki Kaurismaki pasa por un neorrealismo nevado por el humor negro y la fantasía. Es de los grandes y singulares autores europeos capaces de convencernos de que el cine es algo más que glamour y superhéroes.

 

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