Conversación con Jorge Fernández

Una mirada hacia el arte producido en el Sur

Maylin Guerrero Ocaña • La Habana, Cuba

Por estos días la agenda de trabajo de Jorge Fernández está más que ocupada. Incluso para el director del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y de la Bienal de La Habana, se ha vuelto imposible poder participar de todas las propuestas artísticas de esta duodécima edición del evento. “Ojalá tuviera el don de la ubicuidad, para poder verlo todo”, nos dice sonriendo, y dedica unos minutos de su tiempo a conversar con La Jiribilla.

Imagen: La Jiribilla

¿Pudiera afirmarse que la Bienal de La Habana ha contribuido a visibilizar en el contexto internacional la producción artística de nuestro país y de aquellas zonas geográficas que no hallan espacio en los circuitos preferenciales?

Sin dudas este evento ha sido una plataforma de lanzamiento en primer lugar para los artistas cubanos, y en segundo lugar para los de Latinoamérica, África, y Asia. La Bienal nació para promover el arte de lo que en aquel momento se llamó tercer mundo, a mediados de los años 80. Siempre dirigió su mirada hacia las zonas geográficas del Sur. La primera edición estuvo dedicada a América Latina, y en las dos siguientes hubo una mayor apertura hacia África, Asia y otras áreas del mundo. Eso creo que se ha mantenido hasta ahora. No desde una mirada paternalista, sino todo lo contrario, dándoles visibilidad a aquellos artistas de estas regiones que no la tienen y defender su arte. Aunque sin dudas América Latina sigue siendo el continente de más peso dentro de la Bienal, quizás por la cercanía, porque realmente hay una cultura de los gobiernos de las instituciones, más allá de las ideologías, de apoyar a sus artistas a que vengan a la Bienal.

También lo más importante de la Bienal no solo fueron los artistas, que tienen un peso fundamental, ni tan siquiera las obras, era el pensamiento que se estaba generando en torno al evento. A la Bienal siempre la acompañó una plataforma conceptual alrededor de todo lo que estaba sucediendo. Y eso se ha ido enriqueciendo a lo largo de los años. Cada Bienal se adapta y tiene que interpretar el momento en que se desarrolla, la coyuntura, los procesos, por eso además hemos hecho una Bienal de contextos, de transdiciplinariedad, dirigida a las micropolíticas, a las relaciones del arte y la educación...

También lo más importante de la Bienal no solo fueron los artistas, que tienen un peso fundamental, ni tan siquiera las obras, era el pensamiento que se estaba generando en torno al evento.

Si vas a trabajar desde el contexto, las micropolíticas o el arte y la educación; si vas a crear sujetos participantes y activos en cada uno de los procesos; si es una bienal que genera colaboración de científicos, genetistas, inmunólogos, arquitectos, urbanistas, diseñadores, arquitectos hasta bicitaxistas y vendedores; es un evento que está abriendo, está generando diversos espacios de encuentros, dentro de la propia naturaleza del contexto, de lo que te puede aportar. Es una Bienal donde no hay nada preestablecido, no hay dogmas, esquemas, sino que te sorprende desde la propia realidad.

Usted comentaba recientemente que la Bienal además era como una especie de compromiso social, porque en ella los espectadores también jugaban un papel fundamental.

Desde los primeros momentos la Bienal de La Habana impulsó talleres, trató de trabajar con el espacio público, de generar ambientes, iba mucho más allá de una museografía, una curaduría pautada, estructurada, sino que también trabajó para involucrar personas, desarrollar los sentidos y capacidades creativas de la gente. Y es algo que también se mantiene desde el pensamiento fundacional del evento. La Bienal se ha ido enriqueciendo, ha ido tensando todas sus posibilidades, como demuestra esta duodécima edición.

Creo que a pesar de que las personas que hemos dirigido las distintas ediciones la hemos ido cambiando, no obstante a eso, se mantiene un equipo de curadores que muchos de ellos fueron fundadores y por eso ha existido una continuidad. Creo que lo más importante es que se ha mantenido el evento con una coherencia en sus planteamientos, ha ido desbordando todas sus potencialidades, ha ido desarrollando su espíritu fundacional sin traicionarlo.

A estas Bienales se han ido incorporando muchos artistas europeos que vienen a dialogar con nuestras aéreas geográficas. Se produce una conversación, un diálogo sobre lo que está sucediendo de igual a igual. Aquí todo el mundo aporta, da su visión, y de esa interacción se producen cosas interesantes.

Imagen: La Jiribilla

Es una Bienal donde no hay nada preestablecido, no hay dogmas, esquemas, sino que te sorprende desde la propia realidad.

¿Qué no debería dejar de ver el público cubano de esta duodécima edición de la Bienal de La Habana?

Quisiéramos que el público se llegara, por ejemplo hasta el ultramarino barrio de Casablanca para disfrutar de las obras expuestas allí, las cuales se han ido articulando de una manera armónica con ese poblado y muchas se quedarán allí después que termine la Bienal. Entre ellas, las intervenciones realizadas en la estación del tren de Hershey por el reconocido artista francés Daniel Buren y el mural que hizo junto con la comunidad el artista Juvenal Ravelo, Premio Nacional de Artes Plásticas de Venezuela. Todavía arquitectos venezolanos están realizando allí una obra muy compleja en sintonía con las necesidades de los pobladores y puede verse aún el collar gigante de cocos de la artista guatemalteca Sandra Monterroso, la obra del cubano Mauricio Abad, con un sentido crítico en torno a los videojuegos, así como otras propuestas igualmente sorprendentes.

Continúa abierta al público en el parque Morro-Cabaña la gran exposición Zona Franca, de arte cubano, que ofrece un balance de tendencias, de estilos de creación, y de formas de aprehender y entender el arte. Zona Franca no se planteó un solo discurso, sino muchos, por lo que en esa muestra las personas podrán encontrar gran pluralidad y diversidad del arte expuesto allí.

Otros espacios como los centros de Desarrollo de las Artes Visuales, el de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Pabellón Cuba, la galería El reino de este mundo de la Biblioteca Nacional, la academia San Alejandro, los museos de Bellas Artes, de Ciencias Naturales de la Universidad de La Habana, el recinto ferial Pabexpo, y los centros culturales de la Oficina del Historiador de la Ciudad, entre otros más, continúan con sus puertas abiertas para que el público cubano tenga la oportunidad  de seguir disfrutando de una Bienal que todavía no llega a su fin.

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