Nuestra Isla comienza su historia dentro de la poesía

Alberto Marrero • La Habana, Cuba

El 12 de julio del pasado año, en la primera reunión de la Sección de poesía después del VIII congreso de la UNEAC, acordamos realizar este encuentro nacional que, como se expresa en su convocatoria, tiene el objetivo de dar continuidad a dicho congreso, así como propiciar un debate en torno a la creación poética en el país, sus antecedentes y el panorama actual. No es un “balance de resultados”, sino un espacio de reflexión donde podamos teorizar e intercambiar criterios sobre cuestiones prácticas que nos interesan a los poetas y críticos del género. Al principio, cuando comenzamos a madurar esta idea, la mayoría la celebró, pero a algunos les pareció improductiva una reunión de esta naturaleza. Nuestra respuesta fue que hacía mucho tiempo los poetas nos debíamos un momento como este, porque como escribiera Lezama, “nuestra isla comienza su historia dentro de la poesía. La imagen, la fábula y los prodigios establecen su reino desde nuestra fundamentación y el descubrimiento”. La poesía fue y sigue siendo el género más cultivado por los escritores cubanos. Varias generaciones de poetas escriben hoy de manera simultánea reflejando una gran diversidad de estilo y estéticas. Nunca antes se habían publicado tantos libros de poesía en Cuba. En este sentido existe la opinión de que son demasiados y que carecemos de una crítica que establezca jerarquías y fustigue la mediocridad de algunos cuadernos publicados. Al mismo tiempo, hay quien opina que se aprecia cierta tendencia, digamos economicista, que asegura que la poesía ni se compra ni se vende, frase a la que algunos colegas, con gran sentido del humor, le añaden: pero tampoco se rinde. En la carpa que el Instituto Cubano del Libro (ICL) nos ha situado especialmente para este evento, podrán evaluar la amplia gama de publicaciones de poesía que existe en nuestras librerías, algunas de ellas casi agotadas, lo cual nos indica que en realidad sí se venden y que hay un público lector, no solo integrado exclusivamente por poetas, sino por personas de las más disímiles ocupaciones. En fin, sobre estos y otros temas hablaremos en estos tres días, si bien no estoy tan seguro que en todos nos pongamos de acuerdo. Tampoco aspiramos a ello. Pero el solo hecho de conocer la diversidad de criterios en torno a la creación poética y sus avatares editoriales, incluso comerciales, ya es algo positivo y alentador.

La poesía fue y sigue siendo el género más cultivado por los escritores cubanos. Varias generaciones de poetas escriben hoy de manera simultánea reflejando una gran diversidad de estilo y estéticas. Nunca antes se habían publicado tantos libros de poesía en Cuba.

Damos la bienvenida a los participantes. Faltan varios de nuestros más prestigiosos poetas por razones justificadas, entre ellos algunos premios nacionales de literatura como Fina García Marruz, Carilda Oliver Labra, César López, Pablo Armando Fernández, Nancy Morejón, Miguel Barnet y Reina María Rodríguez. A ellos llegue nuestro reconocimiento y gratitud.  De Carilda, hemos recibido la siguiente nota dirigida a los participantes de este evento y, por qué no, a todos los poetas del país:

 

Queridos amigos:

Una de las peores desdichas con las que nos azota el tiempo sucede cuando obliga a envejecer a nuestro cuerpo dejando en esta niñez perpetua al espíritu. Al cabo de ya casi 93 años en los que he padecido su desvalijamiento permanente, el tiempo también me hizo rica en memorias, porque penetró en mí ungido de cuerpos cálidos, de voces inapagables y de mundo. Creo que he vivido una vida larga porque siento que ya soy tanto por dentro como por fuera un planeta esplendoroso, y no tengo soledad. Me acompañan en el pensamiento muchos amigos eternos y soy tan dichosa que cuando abro o cierro los ojos toda la maravilla de existir se derrumba como carne nueva en su ansiedad interminable. Pretendo decirles que ustedes son una raíz tremenda que baja hasta la sangre misma de la Patria, que son más que hombres y que versos, el más sublime reflejo de la sensibilidad humana de una nación poética.

Uno por uno los beso en este día, los celebro, y los pronuncio en una palabra unánime y definitiva: poesía.

Imagen: La Jiribilla

No podemos pasar por alto que nuestra reunión se realiza en el año del centenario del poeta y educador Raúl Ferrer, autor de una breve pero intensa obra poética que dejó recogida en dos cuadernos: El romancillo de las cosas negras y otros poemas escolares de 1957 y Viajero sin retorno de 1978. Como sabemos, Raúl Ferrer fue, además de excelente poeta, maestro y promotor de la lectura, responsabilidades que siempre asumió con pasión hasta que las fuerzas lo acompañaron. Sirvan estas palabras para recordar al hombre, al educador y al poeta del “Romance de la niña mala”. También en el cumpleaños 85 y 80 de los poetas Roberto Fernández Retamar, Antón Arrufat y Domingo Alfonso, respectivamente. Los tres con una obra indeleble en la historia de la literatura de la nación cubana y que continúan creando.

Entre nosotros se encuentran un grupo de jóvenes poetas de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y quizá, el tercer día, si su apretada agenda se los permite, contaremos también con los Héroes de la República de Cuba Antonio Guerrero y Ramón Labañino que, gracias a la capacidad de resistencia de nuestro pueblo forjada en inúmeros desafíos, a la solidaridad internacional y al ejercicio de las ideas y de la poesía, entre otros alientos, supieron romper y al final vencer el perverso encierro a los que fueron sometidos junto al resto de sus tres hermanos en cárceles imperiales. No sería la primera vez que el espíritu impone su voluntad de redención, aunque el cuerpo permanezca encerrado. No en vano, el mayor de los poetas cubanos, nuestro José Martí, escribiera aquella célebre sentencia que todavía hoy —y pienso que jamás— dejará de estremecernos: “Verso o nos condenan juntos, o nos salvamos los dos”. 

Hay momentos teóricos, audiovisuales de poesía del narrador y realizador J. R. Fragela (un proyecto denominado VISUALEER y orientado a fusionar la literatura con un entorno audiovisual), debates, lecturas, presentaciones de libros, revistas y merecidos homenajes a miembros de nuestro gran destacamento poético (esta última frase no es mía, sino de Gastón Baquero). También consideraremos las propuestas que pudieran surgir al calor de este intercambio para difundir mejor la poesía y alcanzar una mayor cantidad y calidad de lectores en el país, convencidos de que una mente iniciada y fecundada por el buen verso no será secuestrada por el “hambre fingida” de que hablaba Lezama o por “cantos de sirenas”, como en el célebre pasaje de la Odisea, y siempre ofrecerá una enconada resistencia a la desidia, la falsedad, la mediocridad, el egoísmo y la estupidez.

 

Nota: Versión de las Palabras Introductorias al Encuentro Nacional de Poesía, celebrado en La Habana, del 3 al 5 de junio de 2015.

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