Entrevista con Aram Vidal

El reto de acercarse a la ficción

Yinett Polanco • La Habana, Cuba

Hace pocos días el realizador cubano Aram Vidal obtuvo el premio al mejor guion en el Festival Entr'2 Marches de Cannes con su cortometraje Relevo. La noticia no fue muy comentada en los medios cubanos quizá porque al llevar unos años residiendo en México a Aram se le ha perdido un poco la pista. En la Isla se le recuerda sobre todo por sus documentales hechos en coautoría con Eric Coll, fundamentalmente De generación y Calle G. Sin embargo, Aram no ha dejado de producir desde entonces y en 2012 su cortometraje Recursivo fue reconocido por el Fondo Mexicano para la Cultura y las Artes y exhibido en Francia, en 2013, en el Festival de cortometrajes de Clermont-Ferrand. Con una evolución sostenida, el creador, ha ido transitando de la literatura al documental, y ambas experiencias las ha llevado a la simbiosis en la ficción cinematográfica. Tres cortometrajes ya exhibidos—y un cuarto casi a punto de estrenarse— avalan su andar, al tiempo que prepara ya su ópera prima.

Imagen: La Jiribilla

 

Relevo es un cortometraje sin diálogos que trata de sobre la ciclicidad de la vida. ¿Cómo llegaste a esa idea, qué te motivó a escribir el guion?

Relevo es parte de una trilogía de cortos con una estructura circular que de algún modo pueden ser vistos en loop. Es un ejercicio creativo autoimpuesto, quizá relacionado con mi manera de ver las cosas muy cíclicas, la propia estructura es parte del mensaje. Me formé en comunicación y comencé haciendo documentales, es decir, obras muy explícitas, lineales si se quiere, en su mensaje. El primer corto de la trilogía se llama Recursivo. Tiene diálogo y es más largo, dura 20 minutos. Relevo es la segunda historia, también juega con esta estructura circular y en su primera versión había algunos diálogos aunque no muchos. Sin embargo, de algún modo me he ido acercando a esta ambigüedad del arte, a la posibilidad de que un mensaje sea entendido de modos muy diversos según quien lo vea. Dentro de ese juego de buscar algo no tan lineal o que pudiera interpretarse de muchas maneras quería llevar al extremo el lenguaje cinematográfico. El cine es una mezcla entre el lenguaje audiovisual, propio de él y el narrativo de la literatura, empezando por los diálogos de los personajes. Por eso sentí que hacer un corto sin diálogos era un reto.

Lo que más me gusta de hacer cortos es que los produzco yo o los producimos entre un grupo de personas muy alejadas de lo comercial y por lo tanto tengo mucha libertad. No hay una exigencia de recuperar un dinero o de llegar a ser súper taquillero. Me da la libertad de explorar cosas, de probar mis límites y una de ellas era precisamente construir una historia sin diálogo. En este caso era posible, me gustó el proyecto entre otras razones porque debía contarlo todo con la imagen, la edición, el ritmo, la fotografía, los planos, el sonido. Eso me hizo poner mi atención en cuáles recursos audiovisuales iba a emplear para contar la historia, porque a la misma vez la quería muy breve. Los actores también se sintieron muy atraídos al proyecto por la misma razón, porque en la expresividad, en sus gestos, estaban todos sus recursos. Era un doble reto, para mí como director y para ellos como actores.

Afirmas que de hacer cortos te gusta la libertad; ¿te sientes cómodo trabajando en ese formato o lo tomas como sucesivos ensayos para llegar al gran largometraje?

Ambas. El corto tiene muchas ventajas, en primer lugar es más barato que un largo por lo tanto lo puedes autofinanciar. Los cuatro cortos que he hecho hasta el momento han sido una mezcla de residencia artística –porque he ganado una beca para producirlos–, de autofinanciamiento, y de asociarme con otras personas que aporten equipo o poco financiamiento. No le rindo cuentas a quien esté invirtiendo en mi proyecto como tengo que hacer con mi largo. Entonces te sientes más libre para experimentar porque estás apostando tu propio dinero o ya ganaste un financiamiento por residencia, entonces el proyecto debe ser bueno en calidad estética pero no te exige en la parte comercial. Eso significa que me gustan los cortos y pretendo seguirlos haciendo aun cuando ya esté filmando largometrajes.

Es cierto que también tienen esa otra parte de ejercicios de entrenamiento para un director. Un corto en realidad es una mini película, debes pasar por todo el proceso: dirigir actores, al equipo técnico… Con Recursivo había 20 personas en el equipo, eso ya es un reto más cercano al trabajo de un director en un largo. Cortometraje tras cortometraje he ido aprendiendo cosas— algunas no te gustan y otras sí— como atajos en un modo de mover la cámara, de encuadrar, de iluminar… que probaste, te gustaron y vas a retomar cuando las historias lo necesiten. Así se va construyendo el estilo de un director. Para mí hacer cortos tiene esos dos sentidos: disfruto la posibilidad del formato para experimentar mucho y, también, financiarlo y producirlo en menos tiempo y con menos presupuesto. 

Imagen: La Jiribilla

¿Sientes que haber hecho documentales te ayudó también a hacer cortos de ficción o son dos lenguajes diferentes?

Algunas cosas se conservan, por ejemplo, reglas de la edición o el encuadre de la fotografía, pero sí los siento como dos lenguajes con sus propios límites y estructuras. El documental puedes hacerlo sin guion, abierto a mucha improvisación porque estás trabajando con la realidad misma y, por tanto, no lo puedes prever ni encerrar todo en tu perspectiva; debía dejar que muchas cosas sucedieran porque así estaban, no tenía un control premeditado de la escena. Por otro lado, la ficción encaja muy bien en lo obsesivo que soy como director, me gusta estar en todos los detalles, pensar cada color en la escena, cada figura, cada movimiento, cada iluminación, cada vestuario… debes atender más cosas desde el inicio. El documental lo construyes mucho en postproducción; en la ficción, aunque uno le añada cosas después, debes llegar a la filmación con un guion limpio, muy pensado, cada escena por qué; qué está buscando cada personaje; cuál es su motivación; debes hacerte muchas preguntas previas y me gusta esa manera de trabajar. Además, la ficción introduce un elemento totalmente nuevo para mí: la dirección de actores; desde antes yo sabía iluminar, sabía fotografía, el lenguaje de la ficción lo aprendes sobre todo viendo películas, pero donde más he evolucionado es en el trabajo con los actores y quiero seguir avanzando mucho más en ese aspecto porque me apasiona y es nuevo en mi carrera.

Antes obtuviste en Cuba el Premio de Narrativa Pinos Nuevos, una mención en el Premio David de la UNEAC, la Beca de Creación Literaria del Centro de Onelio Jorge Cardoso... con qué te sientes más cómodo: ¿escribiendo cuentos o guiones?

La literatura es la libertad total, eres tú con una página y no importa el presupuesto. Eso que tiene de positivo lo disfruté por un tiempo considerable, por ese entonces escribí bastantes cuentos. Para mí la literatura fue una primera etapa pues ahora sigo escribiendo pero sobre todo guiones. Aún leo mucho y me sigue gustando la literatura pero transité totalmente al cine entre otras  razones porque me gusta lo colectivo, y el cine es un arte colectivo. Incluso cuando escribo un guion lo comparto con otras personas –actores, amigos, productores–, escucho sus comentarios y a partir de sus ideas lo retomo, y, sobre todo, a la hora de hacer la película es la experiencia y la estética de toda la gente involucrada. Aunque el director orienta hacia dónde va el proyecto siempre hay muchos detalles y elementos aportados por el fotógrafo, el editor, el músico, los actores… Sí me sirvió de mucho la literatura, pasé talleres de narrativa y eso me ayudó para la escritura de guion porque al final se trata de contar una historia, de crear personajes sólidos, conflictos, dialogar y retomo esa experiencia previa, pero no puedo decir que me sienta como un escritor cineasta. Escribí en algún momento de mi vida muy apasionadamente y mucho, pero siento que ya me incliné totalmente hacia el audiovisual.

Háblame del largometraje que tienes en proyecto y si eso significa que el tercer corto de la trilogía debe esperar al largo.

El tercer corto ya lo hice y está en postproducción de sonido. Debe salir a finales de este año, se llama Gato y también es una estructura circular. Quienes han visto el primer corte y también han visto los otros dos, notan la relación entre ellos, no solo por la estructura circular sino porque todos implican una pérdida y una búsqueda de la libertad, se repiten temáticas y de algún modo me gusta el diálogo entre mis cortos.

Con respecto al largometraje, es el que acapara y consume todo mi esfuerzo y energía actual. La historia sigue a un grupo de sobrevivientes luego de un evento donde termina el mundo, es decir, es una historia post-apocalíptica. Ese género me atrae mucho y estoy muy contento con el proyecto. Actualmente estoy en la etapa de búsqueda de financiamiento, debe filmarse el próximo año porque lleva una preproducción grande. Ojalá tenga éxito y sea el inicio de muchos más porque he escrito bastante, tengo varios guiones y argumentos para largometrajes.

Imagen: La Jiribilla

Al director de De generación lo vimos por primera vez en la Muestra de Nuevos Realizadores donde también se exhibieron otras como Calle G. ¿Sientes que la Muestra llevó a conformar algo así como una generación de cineastas cubanos o nunca llegó a trascender las relaciones de amistad entre gente que hace cine? ¿Te sientes parte de alguna generación de cineastas?

Ahora mismo no considero que forme parte de un movimiento, al menos de manera consciente o explícita. Vivo en México y aunque mis cortos sí se consideran mexicanos y se exhiben en los festivales internacionales de cine como tales, en realidad no soy un cineasta mexicano por lo cual no puedo acceder a muchos apoyos y festivales que estimulan, por ejemplo, las óperas primas. Por otro lado ya llevo seis años viviendo fuera de Cuba y aunque por un tiempo seguí presentando algunos cortos allá, el último documental con el que lo hice fue Bubbles Beat (El latido de las burbujas), que obtuvo el premio de la Fundación Brownstone en la Muestra de Nuevos Realizadores en 2013. De algún modo con eso cerré un ciclo. No quiere decir que no haga documentales, los hago como parte de mi desempeño profesional aquí, pero en mi obra personal, la que está marcada por mi mirada y mi intención como creador, ya estoy totalmente centrado en la ficción. Alguna gente me ha escrito diciéndome que formo parte de lo que se ha dado en llamar “cineastas cubanos en la diáspora”. De hecho este año se hizo un festival en Montreal con esa temática y se exhibió mi primer corto y algunos documentales. Hay una intención de algunas personas de retomar a los realizadores cubanos que andamos fuera de Cuba y seguimos activos.

La verdad yo no oriento mis proyectos para formar parte de nada, ni aquí ni allá. Veo mucho cine de todas partes del mundo, estoy influido por muchos creadores de todas partes y escribo y propongo proyectos atractivos para mí. De ellos algunos enganchan, otros no, y eso sí ya tiene que ver con el interés existente por algunos o que se adentren en un género con una audiencia preformada. No ignoro esa parte porque para hacer un largo uno debe tener mucha conciencia de para quién estás haciendo; si es para Festivales europeos funciona un tipo de historia, para Sundance otra, y si es para cine comercial es otro tipo de narración. Un director debe saber la vía por la cual su película va a presentarse y distribuirse. En este proyecto me gustaría estar idealmente como en un medio camino, o sea, me atrae mucho que esta ópera prima pueda presentarse en festivales –Sundance, por ejemplo, me gusta mucho– pero también me interesa su distribución comercial. Eso me orienta, pensar este proyecto hacia dónde va. Si quiero que tenga una distribución comercial debe cumplir un grupo de requisitos respecto al cast, a la visualidad, al género, y también depende de cuánto presupuesto tengas y cuánto puedes gastar, porque hay responsabilidad del director en cómo lo maneja; porque estás trabajando con dinero que no es tuyo y debes estar claro de que ese dinero debe recuperarse. En el caso de ser apoyos artísticos no es necesario recuperarlo pero entonces sí diseñas la obra en función de festivales de cine. Todo tiene su estética y sus lineamientos y en eso me concentro, en si voy a desarrollar un género u otro, más  que en si soy cubano, mexicano o de la diáspora.

De todos modos a veces es más fácil ver esas cosas desde fuera, si alguien observa lo que estamos haciendo varios realizadores salidos de la Muestra en la primera década del 2000 y vea si ha habido continuidad con esa obra en nuestra labor actual. Yo no estoy súper enterado del trabajo de cada quien como para hacer ese tipo de juicios. Tuve la suerte de poder estrenar mis primeros documentales en la Muestra porque había un caldo de creación, mucha gente queriendo expresar ideas, experimentar temática y estéticas. Fue un momento propicio que nos hizo llegar a festivales de cine en Cuba y el extranjero. Pude ver cómo otras personas hacían sus obras, cómo las pensaban, lo cual es muy difícil de hacer como cineasta independiente y alejado de cualquier movimiento. Como joven realizador eso fue increíble, la experiencia, ese inicio, incluso la legitimidad que tuvimos: ganamos premios, estuvimos en contacto con realizadores del mundo, asistimos a talleres en buenas escuelas de cine. Nos estimuló a quienes estábamos empezando en ese momento y a mi juicio nos ha dado el valor para seguirlo intentando. No sé si todos los que vivieron ese momento opinen de ese modo pero para mí fue un momento de mucha efervescencia y empezar así es genial.

 

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