Remedios para una iglesia

Jorge Sariol • La Habana, Cuba

Si en verdad es la iglesia más antigua de Cuba aquella de San Juan Bautista, edificación que engalana el centro histórico de la otrora villa de San Juan de los Remedios, no es trascendente. Lo verdaderamente valiosos es su singularidad que la distingue de otras fundadas en los albores de la conquista hispana en la Isla.

Y la peculiaridad va más allá del archiconocido retablo de la parroquial, sus ínfulas de oro, molduras, volutas e imágenes del santoral católico. Como ocurre con otros ámbitos de la naturaleza humana, tal vez lo que no se ve a simple vista, lo que no hiere a los ojos desde la opulencia, sea lo más significativo. Eso pasa cuando se detalla la vieja construcción religiosa de la ciudad de Remedios y se descubren atisbos del Pre Barroco Formativo, el Barroco, el  Neoclásico y el Ecléctico.

Como en todo acto fundacional de asentamientos coloniales, la iglesia tenía alta prioridad. Cuentan que implantada por Vasco de Porcayo de Figueroa, a finales de 1514 y mediados de 1515, la semilla primigenia de Remedios estuvo situada a la salida del estero del Tesico, en la costa norte de lo que hoy es la provincia de Villa Clara, en un paraje que todavía muchos llaman como Pueblo Viejo.

La población entonces se llamó Santa Cruz de la Sabana o Santa Cruz de Porcayo. Muchos insisten en autenticar cuánto tiempo estuvo situado allí el asentamiento. Pero algún tiempo después la falta de agua potable y los extensos pantanos del lugar hicieron que los pobladores mudarán sus cheles más hacia tierra adentro, aunque no muy lejos del sitio primigenio. Al nuevo lugar se le empezó a llamar sencillamente Sabana.

Aseguran que en 1544 estuvo allí varios días el Obispo Diego Sarmiento quien autorizó a Porcayo la construcción de una iglesia y un hospital, lo que hizo el poderoso colono, de quien se dice era un hombre impío, a pesar de declararse un católico ferviente.

De esta primera iglesia no se conocen detalles.  Sólo hay una referencia que  hizo en 1570 el Obispo Juan Castillo, cuando visitó el lugar el 24 de febrero de ese año y vio la iglesia de piedra edificada por Porcayo.

Otro Obispo, esta vez Alonso Enríquez de Armendáriz, contó de una iglesia reedificada, porque la antigua se había caído, en alusión a la de Porcayo, destruida por los piratas en 1578.

Sin embargo, al parecer esta nueva edificación religiosa ya no estaba en el mismo lugar, pues los pobladores temiendo nuevos ataques, habían mudado el emplazamiento más al sur, asentamiento que entonces comenzaron a llamar San Juan de los Remedios del Cayo.

Muchos aseguran que esto sucedió hacia 1604, de modo que era la octava villa fundada en Cuba. Otros mantienen firmemente que había sido el tercer emplazamiento español más antiguo de Cuba, junto a Baracoa (1511) y Santiago de Cuba (1515).

La razón pudiera ser creíble si se acepta el hecho de haber quedado bajo la jurisdicción de Sancti Spíritus —fundada por Velázquez— y en razón de que Vasco de Porcayo, queriendo hacer de ella su feudo, no quiso que se estableciese allí un ayuntamiento [1].

Aun así los piratas no creyeron en mudanzas y repitieron ataques en 1658, 1667 y 1668, causando cada vez peores estragos en la edificación religiosa, que precisó de varias reconstrucciones, una casi total en 1692.

Cuarenta años más tarde, en 1734, el cura vicario Jacinto Sánchez Valdés terminó por extender la iglesia por el lado sur hacia la antigua calle de Mercaderes, dando inicio así a un período de renovación, mejoras y embellecimiento, que incluía una capilla mayor y dos colaterales que pueden verse en la actualidad entre sus mayores desarrollos y lucimiento.

Según cuentan,  la iglesia tuvo una torre que se desplomaría en 1763 y que fuera reemplazada a mediados del siglo XIX con una de carácter neoclásico, levantada por el arquitecto francés Louis Rolland.

Pero no todo sería tranquilidad. Durante el siglo XVIII y la primera mitad del XIX fueron muchos los cambios que tuvo la imagen primitiva.

Tal fue la necesidad de ir mejorando que un hacendado llamado Eutimio Falla Bonet, quien buscaba de entre las partidas bautismales las de sus ancestros, feliz de encontrarlas puso los dineros necesarios y junto a otras personalidades del lugar encargó al arquitecto Aquiles Maza una restauración completa, realizada entre 1944 y 1946, lo que significó consolidación de muros y techos, redescubrimiento y exposición de lo que estaba oculto por enchapes y repellos y restitución de elementos arquitectónicos y decorativos, que habían sido arrancados por razones desconocidas.

Desde entonces se puso en evidencia que originalmente esta iglesia había tenido tres naves, según Joaquín Weiss y Sánchez [2] “separadas por arcos apoyados en gruesos pilares; la principal con un alfarje en el techo de tres faldones y harneruelo, con cuatro tirantes pareados y uno triple en el centro…A ella sigue el presbiterio, con un alfarje de cuatro faldones y harneruelo y tirantes en ángulo…La decoración tallada de esos alfarjes es sencilla y consiste en cuádruples estrías en las vigas y tapajuntas y molduras abilletadas en las soleras”.

Para Weiss era significativa la disposición de las naves laterales “techadas en tramos independientes por sendos techitos de cuatro faldones, apoyados en soleras transversales que se corresponden con cada pilar”.

Plena está la iglesia de elementos arquitectónicos peculiares y de valor patrimonial. Pero no sería justo obviar el famoso retablo por ser archiconocido, con una fama subida a hombros de un perfil opulento.

De él dice Weiss: “Para la capilla mayor el arquitecto Aquiles Maza, en armonía con los dos pilares centrales, procedente del Altar Mayor de la iglesia de Bejucal, diseñó un altar enteramente nuevo, que talló primorosamente el escultor Rogelio Atá. Esta labor, incluyendo las imágenes y el dorado de todo el retablo, alcanzó un costo fabuloso”.

Hoy la ciudad de Remedios en medio de las celebraciones por el medio milenio de su existencia, exhibe entre sus muchas galas la peculiar iglesia de San Juan Bautista, para regocijo de creyentes, orgullo de lugareños y asombro de forasteros.

 

Notas:
1.   Rafael Martínez Escobar. Historias de Remedio
Profesor de historia del Arquitectura de la Universidad de La Habana —1930-1962— y decano de esa facultad. Escribió el primer libro de texto cubano sobre esta materia.

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