Chic. La revista de lujo

Cira Romero • La Habana, Cuba

Dos etapas bien delimitadas rigen la vida de esta revista: de 1917 a 1927 y de 1933 a 1959. Fundada en La Habana por Lorenzo de Castro, inició su salida quincenal a partir de un primero de mayo, donde dio a conocer su carácter:

Chic ha de proporcionar a la sociedad distinguida y culta de La Habana la última novedad en la quincena transcurrida, recogiendo en sus páginas como un alto honor los acontecimientos sociales más sobresalientes, aquellos que se destacan por su esplendidez y puntualidad, que merecen ser consignados en caracteres de oro     para conservarlos de manera gráfica en las colecciones que anualmente se conservarán preferentemente en todo hogar verdaderamente distinguido, como el recuerdo más eficaz de aquellos años de la vida en los cuales hemos intervenido de manera grata y memorable.

Al igual que revistas similares, de gran boato en su expresión gráfica, Chic se vio custodiada por figuras de prestigio en la vida cultural como Guillermo Martínez Márquez, quien fungió como redactor en jefe a principios de la década del 20, o su propio fundador se convierte en director literario o bien el nicaragüense E. Avilés Ramírez se apropia de la jefatura de redacción y es sustituido por quien, con el tiempo, sería uno de los narradores más relevantes del siglo XX: Enrique Serpa, que aparece como director literario, mientras que la dirección artística  —de mucha importancia en revistas de esta naturaleza— la sume Pedro A. Valer. Valga subrayar que la presencia de Serpa en Chic le abrió las páginas a Rubén Martínez Villena, pues eran amigos desde la infancia. De modo que en el lapso primero de la revista hay nombres vinculados a ella que ya estaban asentados en nuestra vida cultural o en el periodismo, como es el caso de Martínez Márquez, que acumulaba experiencia como tal, al igual que Avilés Ramírez.

Durante su primera etapa se caracterizó por retratar a la burguesía cubana, especialmente la habanera, en todos los acontecimientos sociales que ocurrían sobre todo en la vida privada de sus miembros, hechos públicos mediante la engalanada publicación de papel satinado. Sin embargo, las firmas más notables del momento son invitadas a cubrir la letra impresa, convocados, hay que creerlo así, por los que tenían en sus manos la configuración de cada uno de los números. Habría espacio para la boda o el bautizo, pero también para que firmas como las del ya mencionado Rubén Martínez Villena, Alejo Carpentier, Juan Marinello, Alfonso Hernández Catá,   Emilio Roig de Leuschenring, Regino Pedroso, Jorge Mañach, José Zacarías Tallet y Enrique Labrador Ruiz, entre otros nombres relevantes o en vías de serlo, se hicieran presentes en sus páginas.

En su segunda etapa reaparece con un nuevo formato y con el subtítulo de “Revista ilustrada”. Se expresa:

Las páginas de Chic han de ser grato refugio de las bellas artes. Sin banderín político alguno, queremos olvidarnos de nuestras luchas fratricidas. Solo hacemos literatura frívola y reseñas teatrales y cinematográficas. También dedicaremos atención preferente a la cultura física, base donde descansa la belleza de la mujer elegante.

Pero Chic no vuelve a ser la de antes en cuanto a firmas notables y se refugia, en gran medida, en el mundo de Hollywood: los artistas estelares, reportajes sobre las lujosas mansiones que ocupan, entre otras frivolidades tan del gusto de quienes, materialmente, lo tienen todo resuelto y, espiritualmente, se encuentran vacíos. No obstante, la cultura cubana nunca dejó de estar presente mediante cuentos, poesías, relatos, novelas rosa y temas de cultura física. De esta segunda época fueron los más asiduos colaboradores José María Chacón y Calvo, Max Henríquez Ureña, Mariano Brull y Agustín Acosta, entre otras figuras que contaban con pleno reconocimiento como intelectuales.

Recogido en las páginas de Chic de aquella primera época es este soneto de Martínez Villena que tituló “Carnaval”, donde enfrentó la alegría de esta fiesta con el dolor de los pobres:

 Corramos amada; tus penas olvida.
¿No escuchas un vago murmullo de enjambre.
Es Momo que al baile gentil nos convida;
gastemos el oro, gocemos la vida…
¡en tanto los pobres se mueren de hambre!

Deja que te ciña del ebúrneo talle;
Vámonos al baile, vamos a la calle.
Las casas cerradas parecen vacías…
y acaso hay en ellas un cadáver yerto;
uno que dejando penas y alegrías,
arrojó la máscara de todos los días
y por disfrazarse se vistió de nuevo.

Detrás de las tristes ventanas cerradas
quizás hay en ellas un ser que recuerde
llorando quién sabe qué glorias pasadas
y cada gemido que lanza se pierde
entre el estallido de las carcajadas…
Corramos, amada. Tus penas olvida.
¡Es Momo que al loco danzar nos convida
y al pie de tu reja su grito resuena!
¿No escuchas el vago zumbido de enjambre?
Gastemos el oro, gocemos la vida,
en tanto los pobres se mueren de hambre…
en tanto los tristes se mueren de pena…

No escuches el vago zumbido de enjambre:
Para tantos pobres que mueren de hambre,
vertamos el llanto, tengamos amor;
átame a las vueltas de una serpentina
y lloremos juntos, dulce Colombina,
por las tristes almas llenas de dolor.

 

Chic. Revista de lujo ocupa un lugar relevante entre las revistas del siglo XX en Cuba. Al igual que Grafos y Social y también Smart puso de relieve dos mundos opuestos: la frivolidad de la burguesía cubana y la existencia de un grupo fuerte de escritores que plasmaron en sus páginas sus composiciones para dar fe de que existía una literatura cubana que se abría espacio día a día.

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