Entrevista a Fidel Alberto Tejeda Rodríguez

Hay que tomar el agua de Remedios

Fernando León Jacomino • La Habana, Cuba

Fotos: Sonia Teresa Almaguer

Inquieto por vocación y omnipresente por necesidad, Fidelito se ha convertido últimamente en una de las personas más buscadas de todo San Juan de los Remedios. Su condición de hijo adoptivo y su prolongada presencia aquí, lo convierten en testigo de excepción del acontecer cultural y social de los últimos 20 años y lo han situado al centro de la vorágine constructiva que antecedió  los festejos por el medio siglo de existencia de la Octava Villa. Tras larga y azarosa persecución, logramos obtener su testimonio, atravesado por el sentido de pertenencia de alguien que ha dedicado sus mejores años al desarrollo y la prosperidad de su patria chica y al bienestar de sus conciudadanos.

¿Qué valor le concedes a todas estas obras que se restauraron o inauguraron como parte de los trabajos por el 500 y qué incidencia tendrá esto en la calidad de vida del remediano?

Todas las instituciones culturales, sin excepción, han recibido o bien una labor inversionista o bien acciones concretas de mantenimiento y reparación con el embate del 500 aniversario. Hablemos en primer lugar de lo constructivo. De los tres museos que tenemos, dos han estado sometidos a procesos inversionistas, cuya parte civil culminará para la fecha prevista, dando paso al montaje especializado, que también tomará su tiempo. Me refiero al Museo de las Parrandas y al quinto museo de Cuba, el Municipal Francisco Javier Balmaseda, que llevábamos siete años intentando repararlo, primero mediante un esquema relacionado con el Programa de Desarrollo Local, que concibe pagar los trabajos con el funcionamiento mismo de la institución y ahora con apoyo centralizado, pero sin abandonar del todo aquella idea. Todo esto recibe ahora un impulso adicional y deja el escenario listo para acciones como los Recorridos de Ciudad y las Noches de Parrandas que permitirán, a mediano y largo plazo, devolver el dinero invertido en ambas reparaciones.  Está demostrado que, mediante estas acciones, que incluyen recorridos por sitios representativos de hechos históricos y eventos culturales, se pueden recuperar los recursos invertidos en las obras. Hemos utilizado para estas labores fuerzas constructivas locales y eso se ha revertido en prontitud y calidad del trabajo. El Museo Alejandro Caturla, cuyas colecciones estaban en peligro de mojarse por falta de un sistema de canales eficiente para todo el local, se acometió y solucionó como reparación. La Galería de Arte Carlos Enríquez también se intervino y jugó un papel importante en los festejos por el 500 aniversario, ya que justamente allí comenzaron las actividades de la celebración. La Casa de Cultura ha sido objeto de un remozamiento casi total, de hecho los financiamientos y recursos materiales que se han ubicado allí nos permiten hablar prácticamente de una inversión. Allí se han impermeabilizado todos los techos, se han recuperado camerinos y baños, se sustituyó  el sistema eléctrico, se restauró parte del mobiliario y se repuso todo el sistema de canales recolectoras de la lluvia, que es un elemento característico de  nuestros inmuebles.

La Banda de Conciertos también se verá muy beneficiada y no solo en lo que respecta a su local sino a la Banda misma, que recibirá una mejoría notable en sus instrumentos y medios de trabajo y que podrá estar de vuelta en la Glorieta del Parque, su sede natural, inhabilitada durante años por problemas constructivos que ahora quedarán resueltos. Hemos desarrollado algunas acciones menores en el Cine América y el  Teatro Guiñol, que se mantiene muy conservado gracias sobre todo al colectivo que allí radica, pero que ha recibió beneficios varios. El Teatro Rubén Martínez Villena, cuya reactivación general no terminará este mes, se restauró, alfombró  y climatizó; de hecho funcionó perfectamente como sede de la Asamblea solemne del miércoles 24 de junio. La inversión del Teatro continuará con obras  de carácter civil que incluyen la reposición de algunos elementos internos y la recuperación de camerinos, con materiales muy similares a los originales. Desarrollaremos también allí un proceso inversionista asociado al escenario (telones, mecanismos de tramoya, etc.) y al equipamiento tecnológico, que se debe reponer e incrementar en buena medida. También hemos trabajado en la librería y la biblioteca, en cuya red de servicios emprenderemos otras acciones de mantenimiento y reparación, que se extenderán hasta Zulueta y Buena Vista.

 

También como resultado de las obras, tengo entendido que las instituciones pertenecientes al turismo ofrecerán servicios culturales directos para la población y generarán fuentes de empleo para el sector cultural. ¿Es así?

En las instituciones que ha inaugurado ya el Ministerio de Turismo y en las nuevas que hoy se acondicionan, así como en otras que pertenecen a Gastronomía, continuaremos con nuestra política de integrarlas a la programación cultural. Hoy tenemos peñas literarias con escritores nuestros en los hoteles Mascote y Barcelona, lideradas por Jesús Díaz Rojas y Luis Manuel Pérez Boitel, respectivamente. Los Tríos Tres del Caribe y Sabor a Cuba han estado vinculados también a estos espacios turísticos. Esto ha implicado opciones de entrada gratuita o con precios accesibles para la población y a la vez fuentes de empleo para estos y otros escritores y artistas. Ahora se sumará La Tertulia, que fue Círculo Juvenil y Liceo en otras etapas y que acogerá la maqueta de la ciudad y ofrecerá una programación cultural coordinada por nosotros, así como el Centro Cultural Las Leyendas, que también ofrecerá música en vivo, hecha por artistas del territorio. 

Cuando se menciona Remedios se termina siempre hablando de Las Parrandas. ¿Qué expectativas genera el 500 para los parranderos y espectadores, después de un año poco exitoso como el anterior?

La Parranda es algo casi genético para los remedianos. No hay acción luctuosa, solemne o festiva que, de una manera u otra, no se relacione con este evento popular. Es la principal tradición cultural que tiene este pueblo y lamentablemente hoy los niveles de satisfacción de quienes la hacen y la disfrutan, distan de los que merecemos como cuna de ese hecho cultural internacionalmente conocido. Lo primero a dilucidar sería su relación con la fiesta del San Juan, que ha sido motivo de confusión en varios sentidos, sobre todo más allá del remediano común que por lo general tiene muy claro su calendario festivo. Pero esta relación entre ambas fiestas ha estado marcada por varios errores que no deberían repetirse. Lo primero fue que la entrega, hace dos años, de la condición de Monumento Nacional, concedida al Complejo de Parrandas del Centro Norte de Cuba, tuvo lugar en torno al 24 de junio y no al 24 de diciembre, como debió ser. Reitero que eso no tiene nada que ver con el remediano que siente y padece por La Parranda y que está deseoso de hacerla bien y perfeccionar la experiencia de años anteriores.  A partir de recibir aquella condición se han cometido otros errores relacionados con la descontextualización del hecho cultural en función de eventos como la Convención de Turismo y otros, lo cual debilita muchísimo el festejo tradicional, ya que supone un desgaste y unos niveles de gasto que luego no se recuperan. Hay que considerar además que la mayoría de los insumos y materias primas que se utilizan en Las Parrandas no aparecen en el balance de recursos de ninguno de los organismos que la producen, lo que implica un nivel de gestión insuficiente para multiplicar el hecho más allá de la fecha establecida.

Imagen: La Jiribilla

Por estos errores y otros, La Parranda ha terminado invisibilizando a la Fiesta Sanjuanera, que es una tradición más antigua, asociada a la fundación de la Villa y que ha obtenido premios como el Memoria Viva, entre otros. La de San Juan es una fiesta más difusa, más bien rural, donde cabe desde las lidias de gallos, los concursos culinarios y las carreras a caballo, hasta las Ferias de Arte Popular y la representación artísticas de las diferentes leyendas populares. Es una celebración relacionada con los juegos tradicionales, de origen religioso pero que muy pronto logró otra connotación y gran alcance social. Tuvo, en algún momento, presencia de fuegos artificiales, pero en muy pequeña escala.

La manera de financiar Las Parrandas hoy no es mediante el presupuesto del Estado, como mucha gente piensa.  Por muy  Monumento Nacional que sea y por más que la proteja el Consejo Nacional de Patrimonio, que la protege bastante, La Parranda se financia con lo que recaudan los barrios y con el apoyo de la Cuenta de Festividades del Gobierno, la cual además  debe responder a  las necesidades de programación cultural y otras de la población durante todo el año.

A propósito del tema, me gustaría conocer si existen los mecanismos para que cada visitante extranjero tribute directamente al financiamiento de una fiesta que cada vez genera mayor demanda internacional.

Imagen: La Jiribilla

Como consecuencia de nuestro proyecto social y sus mecanismos de redistribución de los ingresos, todos los sectores nos beneficiamos con la presencia del turismo extranjero en Cuba, pero esto no garantiza un aporte directo y concreto a La Parranda remediana.  Evidentemente, hay muchas reservas en este sentido, si bien hemos explorado iniciativas de desarrollo local lideradas por el Museo de las Parrandas. Por esta vía, hemos logrado vender en Cayo Santa María paquetes de turismo especializado, mediante agencias como Paradiso y Cubatur, entre otras. Esto ha generado ingresos significativos pero todavía insuficientes para cubrir el nivel de gastos que implican el evento anual y sus procesos organizativos y de producción. Lo más importante es que, mediante estas iniciativas, se puede explotar el hecho cultural en diferentes momentos de su calendario, sin necesidad de reproducir artificialmente la fiesta. Unos visitan las naves o casas de trabajo de los barrios, otros visitan el museo, ven videos documentales de años anteriores, se familiarizan con vestuarios y elementos de atrezos e interactúan con los protagonistas, mientras que otros disfrutan del hecho en su mayor esplendor. Sin embargo, aquel  turista mayoritario que disfruta de la fiesta el 24 de diciembre,  por lo general no aporta directamente a los festejos y eso mismo sucede con el MINTUR, la Gastronomía y demás instituciones que se benefician de la presencia multitudinaria y del pico de consumo que se produce entre el 8 y el 25 de diciembre. Esto no quiere decir que estas instituciones no aporten al territorio, ya que el Programa de Desarrollo Local establece que el  1 % de los aportes al presupuesto del Estado se reinviertan en el desarrollo del territorio. Lo que sucede, y esa es nuestra mayor paradoja actualmente, es que La Parranda no puede favorecerse de estos ingresos debido a que su entidad coordinadora es la Dirección Municipal de Cultura, concebida como Unidad Presupuestada con Tratamiento Diferenciado. De existir un mecanismo que gravase los ingresos de las diferentes entidades, estatales y privadas, a favor del acto cultural que los genera, La Parranda se financiaría ampliamente solo con un por ciento ínfimo de lo recaudado en los días principales de la fiesta.

Imagen: La Jiribilla

Otra fuente de financiamiento estaría asociada con la infraestructura  pirotécnica nuestra, que es la mejor de la región y que, por razones burocráticas, no se acaba de activar. Esta entidad se subordina a VICLAR, que la tiene subutilizada y que no acaba de transferirla al territorio. Hay que comprender también que el fuego de nuestra fiesta siempre se ha producido aquí y que el fuego artificial que está inscripto en la tradición no es ese fuego bello, de muchos colores, sino el fuego explosivo, de fabricación artesanal, para el cual se necesitan recursos materiales muy puntuales y sensibles y una disponibilidad financiera que garantice primero la adquisición del güin al cual se ata el volador, que se cosecha entre febrero y marzo, luego la fabricación de los casquillos y así sucesivamente, hasta completar rigurosamente los diferentes pasos que al final satisfarán la demanda de fuego de cada barrio y sus partidarios, sin descuidar las medidas de seguridad que deben acompañar al proceso, las cuales se resquebrajan en proporción directa con las irregularidades del cronograma establecido.

Por último quisiera que me hablaras de tu relación con San Juan de los Remedios, ciudad a la que te unen lazos de muy distinta especie.

Yo nací en Mayajigua y me crié en Santa Clara pero a finales de los años 90 me tocó desempeñarme como Secretario de la Unión Jóvenes Comunistas en este municipio y me cautivó Remedios, que es una ciudad mágica.  Gracias a aquel nombramiento, viví cinco largos años aquí, luego me quedé un poco más trabajando en el Partido y, finalmente, me mudé acá.  Yo no creo que el remediano sea tan difícil ni insatisfecho como dicen. Yo creo que hay que vivir aquí, hay que tomar el agua de Remedios y conocer al remediano para comprender el pensamiento difuso que lo caracteriza, que viene desde la fundación, de ese vivir al margen de la ley que caracterizó sus primeras décadas de vida. Lo cierto es que te atrapa su cultura, su gente y creo que por eso y no me he vuelto a ir del todo, aunque he trabajado fuera en diferentes momentos. Es también una ciudad que se descuidó mucho, desde la provincia y por parte de los mismos remedianos, sin embargo sus tradiciones se mantienen. Esta es una tierra de artistas, educadores y agricultores, una ciudad de escritores. Mi relación con ella es entrañable y creo que me ha marcado para toda la vida.

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