Tania Castellanos

Hoy y mañana en nosotros

Antonio López Sánchez • La Habana, Cuba

En este 2015 se cumple el aniversario 95 del natalicio de una importante compositora cubana. Alguien que, a pesar del valor de su obra, parece hoy rondar los límites del definitivo silencio. No ese que sobreviene con la muerte, sino uno peor, el del olvido. Un riesgo así corre la memoria y el legado de una artista en mayúsculas como lo fue Tania Castellanos.

Este trabajo fue una sugerencia de las inefables amigas que organizan el evento teórico del Festival Pepe Sánchez, en Santiago de Cuba. Esta vez, el cónclave dedicó su edición, entre otras efemérides, al aniversario de la compositora. Sin embargo, al encarar la tarea, una primera gran verdad me llamó poderosamente la atención. Era poco lo que sabía sobre Tania Castellanos, así, de primera mano y de memoria. Acudimos entonces a los libros, a las modernas redes cibernéticas. Y entonces empezaron las sorpresas porque, al parecer, no era este escriba el único que sabía poco.

No fueron tantos, como esperaba, los sitios web donde se hablara de la artista. Incluso, sobre aviso de la inexactitud y hasta rigidez que a veces acompaña a la información en predios digitales, fuimos más allá del nombre artístico. Al cambiar Tania por Zoila, nombre real de la figura que nos ocupa, tampoco aumentó significativamente el resultado.

En general, Zoila Castellanos Ferrer, reglana, conocida por su seudónimo político Tania, nacida el 27 de junio de 1920, obrera de la metalurgia, destacada compositora del grupo del filin y compañera sentimental del líder obrero Lázaro Peña, importante luchadora ella misma, eran los datos más o menos repetidos. Hagamos, eso sí, la excepción de un magnífico texto de la autoría de Marta Valdés en su sección Palabras, de la web Cubarte, que aunque no era un ensayo exhaustivo y más o menos se movía por los registros ya sabidos, sí apuntaba un poco más a las fibras de lo sensible, al recuerdo, al retrato humano, a sus actuares y valores.

Así pues, quedaba sumergirse en los libros. En un rápido recorrido —pues no es este el espacio para una enumeración más profunda— pudimos tocar varios hitos importantes. Tanto Helio Orovio, como Radamés Giro, nombran a Tania Castellanos en sus respectivos diccionarios de la música, y mencionan un buen número de los títulos de sus obras. Sin embargo, en contraste, Radamés Giro no incluye —en su válida pero discutible selección Cincuenta canciones en años de revolución (Editorial José Martí, 2008) — ningún tema de la compositora. Por su parte, Orovio sí suma cuatro creaciones de la artista en su libro 300 boleros de oro. Los mejores boleros cubanos (Pomaire/Fuentes, 1992).

En general, las menciones más profundas, y más, la propia voz de Tania Castellanos en testimonio, aparecen (y que sepamos, al menos editados en Cuba no hay muchos otros libros dónde así ocurra) en Porque tienen filin. Una obra de Félix Contreras que ya merece a gritos una reedición. De hecho, en el Diccionario enciclopédico de la música en Cuba, del ya citado Giro, la única bibliografía que aparece en la entrada de Tania, es justamente el libro de Contreras.

Otro detalle está en los discos. A pesar de que en las investigaciones hechas resalta la gran cantidad de creaciones de esta autora, al menos quien escribe no conoce ni ha visto referencias a que existan fonogramas hechos por ella, o por otros, solo sobre las obras de Tania Castellanos y más allá de su inclusión en antologías diversas. Ojalá, si existen, no duerman el eterno sueño de los justos en los estantes de alguna emisora.

En este rubro, valga decirlo, la antología El tesoro de la música cubana, licenciada por la EGREM, sí trae un tema de Tania (“Vuélvete a mí”, cantado por Fernando Álvarez). Otra colección, Toda la música de Cuba, de la misma casa disquera  a una firma foránea, trae en su volumen 14, correspondiente al bolero, el tema “Recordaré tu boca”, en versión de Celeste Mendoza.

La también controvertida y discutible selección Cien canciones cubanas del milenio, compilada por el investigador cubano Cristobal Díaz Ayala, trae una versión de “En nosotros”, por Elena Burke. La Señora Sentimiento, que sepamos, puso su voz al menos a otro tema, una canción hermosísima por cierto, llamada “Y si llueve”, en un arreglo de Pedro Coto para la Orquesta del ICRT, dirigida por el maestro Rafael Somavilla, según datos de un viejo single.

Asimismo, el estupendo jazzista César López, con su grupo Habana Ensemble en un singular y jugoso dueto con La Orquesta de Cámara de La Habana dirigida por Iván del Prado, también graba en vivo “En nosotros”, para su álbum Clásicos de Cuba. Y qué decir de la versión de esta misma obra por Pablo Milanés, en su Boleros en Tropicana, salvo que es todo un lujo. Hasta ahí, las exiguas, aunque muy vigorosas reservas de obras de Tania Castellanos en el archivo sonoro de quien suscribe estas líneas. El periodista Rafael Lam y el investigador Zenovio Hernández, justo en Santiago de Cuba, me comentaban acerca de algunas otras viejas grabaciones sobre obras de Tania y de Lucho Gatica, por ejemplo. Pero ni ellos, ni Félix Contreras, recordaban que hubiera un disco sólo con los temas de la compositora.

Entonces, es evidente que existen, conocidas o no, diversas grabaciones. Podemos sumar además, aunque sea a pura memoria, la interpretación por varias cantantes, creo que entre ellas Omara Portuondo, de esa impactante canción “Por los Andes del orbe”, dedicada a Ernesto Guevara. Apelando a muy viejos recuerdos, podemos asegurar que era presencia regular en espacios como Escenario Escolar y otros de este corte, asombrosamente con carácter infantil, además de infaltable en galas y conmemoraciones. Igual, el Coro Nacional de Cuba dejó una magnífica versión de “Cuba, corazón de nuestra América” por citar al vuelo y no abusar de las frágiles, y a veces traicioneras, evocaciones.

¿Por qué tenemos entonces esa sensación de olvido, de que hay un silencio que cubre despacio los sonidos de las canciones de la Castellanos? ¿Sería que se cuestiona su calidad? Lino Betancourt responde así: “La participación de la mujer en el filin es poquísima. Se ha producido en el filin el mismo fenómeno que en la Trova Tradicional cubana. Poca participación femenina, muy poca. Porque como intérpretes están las D´Aida, Elena Burke, Omara Portuondo, en fin, pero como compositoras solo Marta Valdés y Tania Castellanos. Para mi concepto, tanto Marta como Tania, son mujeres que marcan un hito dentro de la composición trovadoresca en el filin. Tanto en letra como en música. Además, filinescas ciento por ciento, con una sensibilidad y un carisma tremendos; son muy buenas las dos”.

¿El silencio será entonces por la cantidad o por el carácter político de algunas de sus obras? En este sentido, por suerte para sus seguidores, a un artista le basta a veces una sola creación para entrar al Parnaso de lo indeleble. Y con solo haber escrito una canción de la magnitud de “En nosotros”, ya Tania Castellanos se ganaba un lugar en la historia musical cubana. Pero podemos apuntar algo más, incluso su obra de signo político, hasta las de un carácter más temporal como su canción a Angela Davis, poseen suficiente calidad y fueron bien defendidas. Especulando un poco, tan sólo en comparación con experiencias posteriores y sin otra cosa que lo avale que la suposición sobre la base de prácticas que hemos vivido, es posible que una difusión exagerada, casi más dañina que la falta de ella, pueda en su momento haber saturado los medios de estas obras de la Castellanos, en detrimento de sus canciones de otras temáticas.

¿Entonces, influyen su raza, su ideología, su condición de mujer? Quiero creer que no, y si apenas tuviera un atisbo de que esas razones pesan para silenciar a un artista, las combatiríamos sin tregua.

Al final, una vez más, hay que caer en el tantas veces mentado tema del círculo vicioso de las difusiones. Lo que no se difunde, no se conoce, no se disfruta o aprecia, no se extraña. Y llega un momento en que ni ya siquiera existe. Si desde la muerte de la compositora, hace ya casi 30 años, la transmisión de sus obras mengua y pierde presencia, deben existir unas cuantas las personas, en esas mismas edades, que ignoren por completo un puñado de magníficas canciones. Y peor, que no pueden convertirlas en emociones, en alimentos para el alma, en herencias y legados válidos de cubanía cierta.

Así pues, nos queda entonces, una vez más, elevar el reclamo de que (como se requiere igual en tantas otras, igual de preteridas), se transmita más la obra de una creadora como Tania Castellanos y se investigue más sobre su vida y quehacer. A los 95 años de su nacimiento, sería un buen momento para traer de vuelta sus canciones. Ojalá así, y como en ese salto de los claustros de mármol a la vida que relata un bello poema martiano, puedan la música y poesía de Tania, hoy y sobre todo mañana, seguir sonando vivas en nosotros.    

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