Diálogo con Elaine Morales

Ser joven: (auto) reconocerse y marcar la diferencia

Narmys Cándano García • La Habana, Cuba
Foto: K & K

La Doctora en Psicología Elaine Morales, del Instituto de Investigaciones Culturales Juan Marinello define las herramientas de las que se vale cada individuo para conformar su identidad. El autoanálisis y la interacción social-familiar son mecanismos inherentes a la búsqueda del deber y querer ser que todo joven realiza.

Ser joven

Esa definición pasa en primer lugar, “por un reconocimiento de lo que somos, una mirada hacia nosotros mismos mediada por una relación con nuestras raíces, una conexión con los antecedentes familiares, sociales, históricos y de diversa índole que influyen en ese proceso de formación. Más allá de las identidades personales, también cada ser humano se relaciona con grupos poblacionales a los que pertenece según su género, color de la piel, raza, determinados aspectos físicos u otras cuestiones que no se visualizan.

Imagen: La Jiribilla

“En el caso de los jóvenes, la construcción de su identidad comienza por una mirada a sí mismos, cómo se ven dentro del contexto en el que se desarrollan. 

“En el caso de los jóvenes, la construcción de su identidad comienza por una mirada a sí mismos, cómo se ven dentro del contexto en el que se desarrollan. Por otra parte, existe una mirada política que interviene en esa definición, no solo a partir de las edades sino de derechos y deberes estatuidos de acuerdo a la edad que fijan un rol a nivel social”.

En ese sentido, “actualmente existen distintas concepciones entre las instituciones, investigadores, organismos estatales y organizaciones sobre el rango de edad que define a una persona como joven y la propia concepción de esa etapa de la vida”.

 

Participar, no asistir

Una herramienta fundamental para afianzar la identidad es la participación, “que no es asistir, tampoco una presencia pasiva, sino tomar partido para analizar, decidir y contribuir a formar o transforma el desarrollo del grupo al que pertenece. El distanciamiento puede afectar la identidad que se tiene respecto a un grupo y si tomas distancia dejas de ser.

“Hoy en Cuba como en cualquier país del mundo, la identidad pasa por los espacios de consumo en tanto esos jóvenes tienen acceso a determinados productos desde el punto de vista material o cultural, estético”.

También el factor social es determinante en la definición del querer ser que todo joven construye. “Todas las sociedades tienen elementos de continuidad y ruptura: unos  se transmiten de una generación a otra, y otros que de alguna manera se contradicen con su realidad. De ahí que todos los jóvenes entren en contradicción con su época, pues las maneras de actuar, pensar, e incluso de vestir varían y responden a nuevas circunstancias, lo que muchas veces genera opiniones a nivel social que hacen verlos como generación perdida, justamente por no corresponderse con parámetros que se creen establecidos.

“Hoy en Cuba como en cualquier país del mundo, la identidad pasa por los espacios de consumo en tanto esos jóvenes tienen acceso a determinados productos desde el punto de vista material o cultural, estético”.

“Es entonces en el tránsito de la adolescencia a la juventud —establecido aproximadamente entre los 15 y 35 años— que cada individuo se pregunta cómo se ve a sí mismo, proceso en el que intervienen una serie de regularidades psicológicas y de comparaciones con otras épocas, con narraciones de quienes los rodean. No se trata solo de juzgar, es un hecho natural que las personas se analicen, se piensen a sí mismas, y se comparen con sus coetáneos. Siempre el autoconcepto pasa por un antes y un después, permeado por matices económicos, políticos y sociales que son determinantes.

“Sobre esas bases cada individuo conforma la idea del joven o más tarde el adulto que quiere ser, y si bien imita patrones heredados de las generaciones anteriores, intenta romper otros que no se ajustan a su proyecto de vida y el futuro que desea tener.

“La Cuba contemporánea y el mundo en general atraviesan realidades muy dinámicas, por lo que la combinación de los contextos nacional e internacional provoca que cada vez esas autodefiniciones sean más complejas, pues no es igual el resultado en una sociedad cambiante como a las que nos enfrentamos actualmente que en una ya establecida”.

Imagen: La Jiribilla

Jóvenes marginados

La marginalidad es un tema que toca de manera particular a este grupo etario y marca su desarrollo psíquico y social. “Ser joven pasa también por procesos de diferenciación y heterogeneidad, en los que entran a jugar la región del país donde vive, sus hábitos de consumo, la situación económica que los rodea, especialmente la familiar, elementos que modifican y matizan esa noción independientemente de las políticas diseñadas a nivel de Estado para garantizar su desarrollo.

“Cada ser humano tiene distintas necesidades de satisfacción, por lo que todos buscan y crean mecanismos para transitar hacia la adultez y llevar a cabo de manera exitosa sus proyectos de vida. El joven de hoy tiene que (re) construir y ver qué medios le valen para llegar a la etapa adulta de manera satisfactoria”.

En ese punto surge en muchas ocasiones, y particularmente ha sido evidente en la sociedad cubana, la necesidad de emigrar. “En una misma persona coinciden dos visiones: la de ser joven y la del joven que cree que debe ser, y ese deber ser muchas veces lo encuentra en otros contextos. La comparación con otro coetáneos desemboca construcciones simbólicas —que no obligatoriamente tiene que concretarse o ser ciertas— de lo que puede alcanzar o encontrar en determinado escenario y es a partir de ahí cuando entran en conflicto con su realidad.

En una misma persona coinciden dos visiones: la de ser joven y la del joven que cree que debe ser, y ese deber ser muchas veces lo encuentra en otros contextos.

“Cabría preguntarse entonces cómo se relacionan esos jóvenes con la emigración o qué tan cubanos se sienten desde fuera. De acuerdo con resultados de estudios sobre el tema, buena parte de los jóvenes emigran por razones económicas, o en busca de una ampliación de sus horizontes culturales o profesionales, por reunificación familiar, pensando ser en la alteridad el joven que quiere ser con determinados derechos.

“Pero al mismo tiempo, durante esa autoconstrucción, el entorno que rodea a cada persona también puede generar identidades marginadas. En Cuba, históricamente en cada región o localidad se definieron barrios o zonas marginales a las que en la década de los 90 se unieron otros asentamientos como resultado de la compleja etapa conocida como “periodo especial”.

“Es en los mismos ambientes donde crecen que los jóvenes de esos lugares encuentran homogenización, porque es el medio que conocen, y desde esa posición hacen diferenciaciones y toman conciencia de los límites de su movilidad social, lo que pudiera llevar a que esa identidad se construya a despecho”.

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