Yo soy ustedes. Identidades múltiples y diversidad plural

Georgina Alfonso González • La Habana, Cuba
Foto: K & K

Las reflexiones sobre la identidad y la diversidad son constitutivas del pensamiento emancipatorio latinoamericano, aunque en ellas no siempre se han planteado de manera explícita el carácter relacional de estos conceptos. El debate actual sobre el tema revaloriza el carácter relacional e histórico de las identidades, destaca su naturaleza contradictoria e incorpora con fuerza la cuestión de los imaginarios populares. El reconocimiento a la diversidad convierte las generalizaciones abstractas acerca de las identidades en procesos reales, complejos y de múltiples determinaciones. Se trata además de posiciones epistemológicas que sitúan en el centro de la reflexión el análisis de los actores sociales y sus prácticas.

El reto para el pensamiento social crítico cubano está en la posibilidad de   acompañar la realidad para transformar, respondiendo a interrogantes prácticas concretas: ¿Cómo insertar las acciones cotidianas de lucha y resistencia del pueblo en el modelo social y económico que se promueve?, ¿cómo convertir las demandas sociales en un programa de alcance ético y político para las organizaciones políticas? ¿Cómo unir a las personas, a los distintos grupos étnicos, raciales, generacionales, de géneros, de clases en función de objetivos sociales comunes respetando la dignidad y la identidad de cada cual?  ¿Dónde ubicar la categoría de pueblo en el proyecto país al que nos convocan?

Imagen: La Jiribilla

No siempre el debate sobre la identidad y la diversidad recoge el acumulado ético y político que existe en las experiencias concretas de las organizaciones, movimientos y redes sociales que coexisten con nuevos espacios que emergen alternativos a las estructuras de poder que imponen un modo único de pensar, actuar y desear intentando frenar los cambios sociales y la reconstrucción de la autoestima colectiva desde la dignidad humana y la justicia social.

El respeto a la diversidad no obedece a una moda, como ciertos discursos pretenden demostrar a partir de frecuentes intentos de carnavalización  y ridiculización del tema con fuertes intenciones ideológicas.

El fortalecimiento de un pensamiento crítico que acompañe al proceso de   actualización del modelo económico y social cubano estimula, también, la actividad reflexiva y valorativa de los propios actores sociales involucrados en las diversas formas de acción colectiva. La recuperación y ampliación del pensamiento crítico actual se asume desde el legado teórico y práctico acumulado e inserta nuevos  referentes vinculados a las estrategias de luchas y resistencias desde lo cotidiano y lo posible, aparecen nuevos conceptos para explicar y proyectar la realidad: economía popular y solidaria, diversidad étnica, racial y sexual, software libre, comercio justo, comunicación alternativa, salud sexual y reproductiva sana y sin violencia, integración regional cooperada.

¿Es la diversidad, la libertad de escoger quienes somos o el derecho a ser nosotros mismos?

Las prácticas de dominio, potenciadas en la cultura capitalista, han penetrado en la psiquis y la cultura humana. No de otra manera se explica la permanencia de patrones y prácticas racistas, sexistas y patriarcales autoritarias que irradian el tejido social, incluso bajo el manto de discursos pretendidamente democráticos y socialistas. El respeto a la diversidad no obedece a una moda, como ciertos discursos pretenden demostrar a partir de frecuentes intentos de carnavalización  y ridiculización del tema con fuertes intenciones ideológicas.

Hoy el tan polémico debate sobre cómo asumir, respetar y desplegar la emergencia de la diversidad (sociocultural, étnico-racial, de género, etárea, de opciones sexuales, diferencias regionales, entre otras) como signo de fortaleza y como la propia expresión de la complejidad del sujeto social-popular en las dimensiones micro y macro social pasa por definir de partida dos posiciones contrapuestas esencialmente:

·                    El reconocimiento de las diferencias deviene punto de partida para aceptar la diversidad 

·                    La identidad es el punto de partida para aceptar la diversidad

La identidad, planteada en términos de creación y recuperación material y espiritual, impide a los hombres y las mujeres resignarse a sus impuestas condiciones de vida; por ella, insisten en cambiarlas, y a ese fin infieren de lo dado lo posible, se imaginan por lo imperfecto lo perfecto, sueñan, especulan, inventan, aplican su voluntad a la naturaleza y al mundo.

Frente a la homogeneización y fragmentación del mundo contemporáneo el abandono de la identidad recalca la incertidumbre y los titubeos de acción y reflexión. La incorporación consciente del sujeto a una totalidad integrada por lo que hay valioso en ella de naturaleza y sociedad  humana es un proceso histórico y cultural en el cual los hombres y las mujeres sienten que lo esencial no le es ajeno. La integración de los sujetos sociales a una totalidad es el modo de incorporarse en el todo mediante las semejanzas y estableciendo la armonía entre lo diferente.

Imagen: La Jiribilla

Lo más frecuente en el debate es asumir las diferencias como punto de partida para aceptar la diversidad. Aceptar la diferencia resulta incuestionable, sin embargo, es difícil ser consecuentes con la idea de que la sociedad humana esta formada por todos y todas sus integrantes, y que, por tanto, todos y todas somos sujetos de derechos humanos con iguales aspiraciones al reconocimiento y aceptación de su identidad personal y al ejercicio de su derecho a participar en su mejoramiento y desarrollo humanos en los ámbitos personal, familiar, comunitario, local, regional y nacional.

La integración de los sujetos sociales a una totalidad es el modo de incorporarse en el todo mediante las semejanzas y estableciendo la armonía entre lo diferente.

El énfasis en la identidad como punto de partida para aceptar la diversidad supone definición de posiciones cognitivas, valorativas prácticas, ideopolíticas, entro otras, que a la vez que se personalizan van constituyendo también un referente de acción común. La elaboración y realización de los proyectos de vida individuales y sociales compartidos constituye un objetivo de primer orden en la conformación de la identidad. Este enfoque promueve interacciones y relaciones sociales basadas en el respeto mutuo, el razonamiento, la cooperación, la aportación constructiva y la coherencia ética, en el que se asume la persona en su totalidad como ser humano social. Se trata de invertir la lógica civilizatoria, crear una nueva cultura que incluya la diversidad a partir de las identidades.

Asumir la diversidad social desde la identidad supone un proyecto de vida construido colectivamente donde cada cual tenga claro qué espera del proyecto y qué está dispuesto a aportar al mismo. Pensar, hacer y desear juntos proyectos concretos, necesarios, posibles es un compromiso individual y colectivo que demanda conocimiento y confianza mutuos, superación de prejuicios, transparencia en la toma de decisiones y el manejo de los recursos, espacios equitativos y procedimientos claros para la participación de todas y todos.

La diversidad plural se construye desde las identidades múltiples que expresan el derecho de cada persona a ser reconocido como ser humano. Desde esta perspectiva se visibilizan los procesos de construcción social de proyectos de vida individuales y sociales desde objetivos comunes, se promueve interacciones y relaciones sociales basadas en el respeto mutuo, la solidaridad, el cuidado y se fortalece la cultura de vida en sociedad.

“¿Qué problema hay con andar encueros, quiero decir con el alma encueros, pero qué problema hay por ser sincero y parecerse a lo que sientes en verdad?...”

La práctica social juvenil en el contexto cubano actual potencia una diversidad de conductas, valores y posicionamientos ideológicos a partir de las respuestas que emanan al preguntarse: ¿cómo organizar y proyectar desde lo cotidiano los sentido de vida individuales y colectivos?, ¿cómo articular la diversidad juvenil, respetando las múltiples  identidades  que  la  constituyen?, ¿cómo no dejar de ser sujeto activo y transformador?, ¿cómo articular las necesidades, intereses, deseos, saberes y valores de la juventud a un  proyecto  socialista emancipatorio cubano?

El diálogo crítico y claro que supone la manera de socializarnos en procesos culturales desenajenadores, sin temores a las preguntas, a la curiosidad, a los testimonios es un modo de buscar respuestas colectivas desde lo individual. Esto significa desarrollar la capacidad valorativa de los jóvenes sobre la realidad en la que están inmersos. Es desde la práctica cotidiana de los jóvenes transformados en sujeto sociales que empieza el cambio cultural en un plano integral y autotransformador.

Este proceso de autotransformación comienza en la persona, con la autoconciencia de su identidad, en medio de las reales contradicciones que conforman la diversidad social. La socialización, el acompañamiento, la organización, coordinación y articulación de los aportes individuales y colectivos supone un gigantesco esfuerzo de creatividad desafiando los dogmas y las modernizaciones calcada de supuestas experiencias exitosas.

 Es desde la práctica cotidiana de los jóvenes transformados en sujeto sociales que empieza el cambio cultural en un plano integral y autotransformador.

¿Qué encontramos en las reflexiones críticas sobre la diversidad desde las prácticas juveniles?: ausencia de proyectos colectivos compartidos,  desconocimiento de los objetivos del proyecto que los convoca a unirse,  se reproducen actitudes y criterios sectarios y discriminatorios, existen prejuicios y tabúes que limita la comunicación interpersonal, la diversidad no es un elemento constitutivo del accionar ni un valor a considerar, se maneja  la diversidad de actores como freno para reproducir el verticalismo y el autoritarismo. [1]

La conformación de una subjetividad juvenil con libertad de acción en espacios y tiempos propios implica, también, dar cuenta de las fuerzas propias para involucrarse colectivamente. La construcción de la subjetividad emancipatoria en los jóvenes es un proceso complejo, sistemático y profundo lleno de rebeldía, atrevimientos e irreverencias lo que supone un cuestionamiento perenne a lo establecido en la sociedad. Si apostamos por una subjetividad abierta al diálogo creativo y el protagonismo social crítico, la juventud deja de ser una multitud que grita en las plazas y se convierte en sujeto histórico de las transformaciones que rehacen el mundo posible.

 

Nota:
1.   Memorias de los Talleres de GALFISA sobre Identidad y Diversidad en el trabajo comunitario en Cuba y Venezuela, 2007 7 2008. Fondos GALFISA, Instituto de Filosofía.

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