¡Llega Charles Chaplin a La Habana!

Luciano Castillo • La Habana, Cuba

Por supuesto que el titular es una llamada de atención sobre alguien que sin haber pisado nunca tierra cubana, siempre ha estado presente. Y es que Charles Chaplin (1889-1977) regresa a la Isla donde sus habitantes prefirieron bautizar a su personaje Canillitas y no llamarle Charlot como en el resto del mundo, en el Festival Chaplin en La Habana; organizado por el ICAIC y la Cinemateca de Cuba junto a otras instituciones culturales del 1ro. al 12 de julio. Qué mejor momento para evocar cómo Alejo Carpentier, entonces un joven cronista en un París en perpetua ebullición, lo describió para los lectores cubanos allá por los años 20 del siglo de Lumière: “Hay un Chaplin técnico, un Chaplin cineasta, un Chaplin teórico, un Chaplin actor, un Chaplin en la vida, y, sobre todo, un Chaplin poeta. Es difícil ser poeta y vivir. Chaplin es obligado, por el hambre y la ambición, a vivir los estados más disímiles; es bombero, tramoyista, policeman, soldado, plomero, lapidario de vidrieras, emigrante, falso noble, equilibrista, cuando no payaso o buscador de oro. Y siempre los reveses de la fortuna le hacen regresar a una vida humilde: millonario al final de La quimera del oro, lo encontramos de nuevo, melancólico y sin trabajo, en el primer capítulo de El circo [...] Quiere ser heroico, pero no tiene valor; quiere ser digno; y siempre la vida lo encanalla; quiere ser brillante; causar admiración, inspirar amor, y habrá siempre un ladrillazo que interrumpa sus parrafadas líricas. La sola silueta de Chaplin encierra ya un drama: es la encarnación de la miseria decente.

“Un último prurito de elegancia logra exteriorizarse en su corbata deshilachada, su chaqueta demasiado corta pero siempre abotonada, su bastoncillo —refugio de toda una dignidad—, y el inefable bombín propiciador de saludos estudiados. Además, Chaplin intentará continuamente hacer revivir un desaparecido pliegue de sus pantalones, utilizando su pulgar y su índice a guisa de plancha... Y con ello ¡qué corrección exquisita la de Charlie! Nunca le sorprenderéis esbozando un gesto grosero o poco digno. Recordad sus actitudes ingenuamente caballerosas, al bailar con Edna Purviance en el cabaret de La quimera del oro; recordar la rectitud de su comportamiento en aquel restaurante de El inmigrante, donde le ocurren tan terribles cosas”. [1]

Y justamente La quimera del oro (The Gold Rush, 1925) cumplió 90 años el pasado 26 de junio y fue el pretexto para esta jornada de actividades como homenaje al genial artista, en la cual sobresale una amplísima exposición —por primera vez en el continente americano— de piezas pertenecientes a la colección privada del australiano de origen irlandés Paddy McDonald, quien atesora cientos de objetos y materiales relacionados con Chaplin, desde carteles, lobby cards, portadas de revistas, juguetes y libros a sellos de correos. Esta exposición ocupa las galerías del cine Charles Chaplin, el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC y la biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes (Edificio de Arte Cubano), que presenta la muestra “Chaplin diverso”, integrada por objetos relacionados con el creador de Luces de la ciudad.

En la galería del cine 23 y 12 se exponen desde el 1ro. de julio los carteles seleccionados de la convocatoria promovida por la Cinemateca a propósito de su aniversario 55 con la figura de Chaplin como eje temático. El primer premio correspondió a Michelle Hollands y el segundo y tercero los recibió Néstor Ponce. En la galería “El reino de este mundo” de la Biblioteca NacionalJosé Martí”, expone el pintor Jorge Pérez Duporté un conjunto de obras sobre el tema “Chaplin y la flora”, a partir de Historia de mi vida, apasionante autobiografía del cineasta.

La sede de la Cinemateca de Cuba, el cine 23 y 12, junto a las salas Charles Chaplin y Charlot, acogen una programación cinematográfica que abarca no solo su obra lo más íntegra posible (con la totalidad de sus largometrajes), sino también documentales en torno su vida y su creación.

El conjunto de actividades incluye además el martes 7 a las 4:00 p.m. la cancelación de un sello por la Federación Filatélica de Cuba y el domingo 12 a las 11:00 a.m. en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional con música original del creador de Charlot y partituras de su preferencia bajo la dirección del maestro Jorge López Marín. No podía faltar el arte circense en este tributo a alguien que lo inmortalizó en la pantalla en el clásico El circo (The Circus, 1928) y el 14. Festival Internacional de Circo CIRCUBA 2015 ha programado una función especial dedicada a Chaplin el sábado 11 a las 8:30 p.m. en la carpa Trompoloco.

Solo Chaplin podía figurar en el cartel de presentación de la entonces naciente Cinemateca de Cuba a principios de los años 60 y así lo concibió el diseñador Rafael Morante. Precisamente, en esos tiempos fundacionales nuestra Cinemateca alentó el surgimiento del cine-móvil para llevar el arte del siglo XX a los lugares más apartados. Octavio Cortázar filmó en un hermosísimo clásico de nuestro cine documental, Por primera vez, cómo los campesinos en el corazón de la Sierra Maestra, descubrieron entre sorprendidos y deslumbrados la magia del cine a través de ese prestidigitador que es Chaplin. Fue escogido para la inauguración, a la que asistió Oona Chaplin, hija de Geraldine, junto a la copia restaurada definitiva de La quimera del oro, que se exhibe junto al resto de la programación por cortesía de la firma MK2 y la oficina Chaplin en París.

Y el vagabundo que deslumbra a todas las generaciones de espectadores, ejerció un poderoso influjo también en la poeta Fina García Marruz, quien le consagró el bellísimo libro Créditos de Charlot (Ediciones Vigía, Matanzas, 1990), del que reproducimos uno de sus textos “El momento que más amo” (Escena final de Luces de la ciudad):

 

El momento que más amo
es la escena final en que te quedas
sonriendo, sin rencor,
ante la dicha, inalcanzable.

El momento que más amo
es cuando dices a la joven ciega
¿Ya puedes ver?» y ella descubre
en el tacto de tu mano al mendigo,
al caballero, a su benefactor desconocido.

De pronto, es como si te quisieras
ir, pero, al cabo, no te vas,
y ella te pide como perdón
con los ojos, y tú le devuelves

la mirada, aceptándote en tu real
miseria, los dos retirándose y quedándose
a la vez, cristalinamente mirándose
en una breve, interminable, doble piedad,

ese increíble dúo de amor,
esa pena de no amarte que tú
--el infeliz-- tan delicadamente
sonriendo, consuelas.

 

Nota:
 1._ Alejo Carpentier: “Glosas a un Festival Chaplin”, en: Crónicas, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1976, t. 2, pp. 358-362.

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