Conversación con Ulises Hernández

Festival Musicalia: la pasión por el crecimiento del piano en Cuba

Marilyn Garbey • La Habana, Cuba

Fotos: Alexis Rodríguez

El maestro Ulises Hernández es un pianista apasionado. Compositor, pedagogo y gestor infatigable, organiza el Concurso y Festival Musicalia desde 2007, un espacio de confluencias de estudiantes y maestros que revela nuevos talentos y trae a La Habana a figuras consagradas del instrumento, hechos que el público agradece.

Imagen: La Jiribilla

¿Cuáles son las características de Musicalia que lo hacen un evento necesario?

El Concurso y Festival Musicalia surgió hace 22 años, creado por la Facultad de Música del Instituto Superior de Arte (ISA) para presentar el talento de las distintas disciplinas que convergen allí, lo cual insta a los estudiantes a prepararse mejor.

Desde que comencé a dirigir el Departamento de Piano, en 2007, propuse renovarlo porque había caído en la rutina, hacerlo con carácter bienal y darle una proyección internacional. Somos una Isla y si llegan músicos de otros países podríamos estar muy actualizados. Es necesario estar atentos a las últimas tendencias de las técnicas, tenemos que saber cuáles son las novedades estilísticas en la interpretación del repertorio pianístico, porque cada cierto tiempo se produce una renovación estética y hay que estar debidamente informados.

Para eso al Musicalia llegan profesores que imparten clases magistrales, se realizan conciertos, se hacen conferencias y se proyectan materiales audiovisuales, de ahí que lo cataloguemos como Festival. Este año llegaron estudiantes de México, Ecuador, Colombia, Costa Rica, y vinieron maestros cubanos que trabajan en importantes universidades del mundo.

¿Cómo valora el impacto del festival entre los estudiantes?

Se ha producido un salto cuantitativo y cualitativo en muchos órdenes después que el Musicalia tomó el actual rumbo. Carecemos de bibliografía actualizada sobre temas de nuestra profesión, que la traen los que llegan. Los profesores que ejercen como jurados también hacen conciertos, y es otra manera de saber por dónde van los principios estilísticos de la interpretación, porque algunos de ellos están siendo programados en importantes salas de concierto del mundo.

Es un estímulo para los estudiantes porque se ven sometidos a un proceso de selección para poder participar en la competencia; se esfuerzan mucho para estar aquí, y ya eso es un logro. No puedo, desagraciadamente, enviar a nuestros alumnos a eventos de esta naturaleza en otros países, pero si puedo convocar a los maestros, que se costean sus gastos, y vienen.

Se dan verdaderas clases magistrales no solo por la calidad de estos profesores, sino también por el nivel de asimilación y preparación de nuestros estudiantes, que pueden profundizar verdaderamente en cuestiones de estilo, por citar un ejemplo. También sorprendemos a los que llegan porque aquí la enseñanza del piano es de gran calidad, desde el nivel elemental hasta la universidad.

El espacio del festival también ha propiciado el reencuentro de los maestros con el público cubano y la oportunidad para que las nuevas generaciones los conocieran

Por intereses profesionales y personales conozco la trayectoria de algunos pianistas cubanos que viven en otros países. Le dije a Mauricio Vallina, quien vive en Bélgica, que para venir a Cuba a ver a su familia escogiera el momento del Musicalia. Él tenía muchos deseos de tocar aquí, ha hecho una muy buena carrera en Europa, ha estado cerca de grandes figuras del piano como Martha Argerich, Nelson Freire, Alicia de Larrocha, Joaquín Soriano, también de la cubana Zenaida Manfugás.

En el caso de Adonis González, quien ha sido laureado en incontables eventos y da clases en la Universidad Estatal de Alabama, protagonizó un acto heroico al preparar en apenas cinco días el concierto de Ravel para interpretarlo junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, fue impresionante. Eso revela su calidad artística. Son cubanos que se formaron en nuestro sistema de enseñanza y han hecho carreras extraordinarias como concertistas y se sorprendieron con muchas de las soluciones técnicas que proponen los estudiantes.

También en otras oportunidades he invitado a figuras como el polaco Piotr Oczkowski, el austríaco Cristoph Lieske, profesor de la Universidad Mozarteum de Salzburgo y a los españoles Josep Colom y Antón García Abril, porque siempre es importante la mirada del que viene de otro país. Hemos recibido de manera sostenida la sabiduría de profesores como Antonio Carbonell y Ninowska Fernández-Britto, a esta última el aula se le llenó de niños del nivel elemental, lo que agradecemos porque ellos y sus maestros se benefician de profesores de alto nivel, es un gran estímulo y garantiza el futuro.

¿Cómo distribuye sus premios el evento?

El primer premio graba un disco con el sello discográfico Colibrí, lo que es muy importante para un músico, sobre todo joven, y eso debo agradecerlo a la comprensión de su directora Marta Bonet.

A los estudiantes de otros países también se les ofrece la posibilidad de tomar cursos en el ISA de asignaturas que no forman parte del currículum de sus escuelas, pero que están incorporadas al nuestro como Metodología de la Enseñanza de la Música, Acompañamiento, Historia del Pianísimo, Historia de la Música Cubana. Los alumnos que vienen de otros países saben que aquí encontrarán sólidos conocimientos. Para algunos esa posibilidad es tan atractiva como el concurso, algunos vienen a escuchar, solo a tomar clases sin competir.

Hay un premio de interpretación de la música cubana, lo cual exige estudiarla, es una de las bases del concurso de obligatorio cumplimiento, eso ayuda a promover a nuestros autores.

Para mí lo más importante no es el concurso, nos gusta ver cómo toca cada uno, todo el mundo emite un criterio y eso es un estímulo para los jóvenes, pero lo que más me gusta es el todo en que consiste el evento. Esta vez, por ejemplo, añadimos la presentación del disco 4 por 1 de Fidel Leal, premiado en 2011, la presentación de varios libros sobre el desarrollo del piano, y de revistas con temas sobre música y nos unimos al Encuentro de Jóvenes Pianistas, que organiza la Oficina del Historiador de La Habana, lo cual le imprimió un altísimo nivel a nuestro Musicalia.

Desde tu perspectiva de concertista, compositor, maestro y gestor, ¿cómo valoras el estado del pianísimo en Cuba?

He asociado la pérdida de la maestra Alicia Perea al momento que vivimos en el piano en Cuba. Alicia estuvo vinculada a la fundación de las escuelas de arte junto a Carmen Valdés, Nilo Rodríguez, Harold Gramatges, personas que se ocuparon de que los estudiantes tuvieran una formación sólida en el instrumento, en el plano teórico y en la cultura general. Por eso se vivió una época de gloria entre los años 60, 70 y 80, en las que se alcanzaron resultados extraordinarios.

En los 80 se recogieron los buenos frutos de la organización de los diferentes niveles de enseñanza, desde el elemental hasta la universidad, en ese periodo la Escuela Nacional de Arte (ENA) se convirtió en modelo por el nivel de su profesorado y por la calidad de los estudiantes que graduó.

El Periodo Especial fue duro, puedo hablar con conocimiento de causa porque siempre he estado dentro del sistema de enseñanza artística, vino el éxodo de profesores y se tomaron decisiones que pretendían salvarlo pero no fueron las mejores muchas veces, creo que no hemos recuperado el rigor de los años gloriosos. Mermó la entrada de instrumentos al país, se cortaron de golpe las posibilidades de recibir del campo socialista las mejores ediciones en partituras, discos y libros de música clásica, se perdió la casa editora de partituras EGREM, donde podíamos adquirir lo mejor de nuestra música, como las obras de Caturla, Roldán, Valera, etc.

No siempre están los mejores maestros en las escuelas, faltan instrumentos y no se encuentran los accesorios para su mantenimiento. La maestra Alicia Perea siempre defendió la necesidad de crear las mejores condiciones para la enseñanza artística, lo hizo cuando estaba al frente de la ENA y también cuando fue presidenta del Instituto Cubano de la Música (ICM).

Nos toca a nosotros continuar la batalla. Aquí hay talento y deseos de tocar el piano, y aunque no tengamos las condiciones materiales ideales para hacerlo, por ejemplo, las aulas no están acondicionadas como debieran, tenemos profesores que asumen esa responsabilidad. Debemos trabajar en el relevo, en preparar a los jóvenes para que continúen en la enseñanza y transmitan sus experiencias. No solo de piano, también de las asignaturas teóricas, porque no se trata de tocar notas, también deben tener una sólida formación cultural.

La semana anterior al evento, suspendí las clases y nos fuimos a la Bienal de la Habana. Cuando estudiaba en la ENA participábamos de la vida cultural de la ciudad, y eso se ha perdido en todos los niveles de enseñanza.

Alicia se ocupaba mucho de ese tema cuando era directora de la escuela, ahora falta pasión en algunos directivos escolares y ese entusiasmo es lo único que puede salvar las carencias actuales, la búsqueda a través de la creatividad y, sobre todo, sumar a todos y a todo lo que pueda aportar en beneficio de la música y del piano en este caso. Yo creo que el Festival y Concurso Musicalia contribuyen mucho en ese sentido, ese es mi principal objetivo.

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