Cantores...

Augusto Blanca: No olvides que una vez tú fuiste sol (II Parte y Final)

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba
Fotos de Archivo

Imagen: La Jiribilla

Augusto, Augusto, celebro tus 70 con tremendo gusto.
Augusto, Augusto Blanca, celebro tus 70 y tu guitarra franca.

La guitarra y el canto de Silvio llegó soneando este 24 de junio para felicitar al trovador:

Voz de guarapo y trapiche,
dador de peces y panes,
raudo tomeguín de Banes
nuestro Esopo de palmiche.

Augusto, Augusto, celebro tus 70 con tremendo gusto.
Augusto, Augusto Blanca, celebro tus 70 y tu guitarra franca.

Escuchamos la pieza calientica, acabada de sacar del estudio en la Casa del Alba Cultural donde Vicente Feliú, con su Canto de todos, hizo la gran fiesta cultural de cumpleaños; el propio Vicente, Pepe Ordás, y jóvenes como Annie Garcés y José Manuel Ordás, entre muchos otros, participamos de este concierto-fiesta espiritual trovadoresca celebrando los 70 de Augusto:

Te aplauden agradecidos
caracoles y babosas
y hasta las auras tiñosas
por ti no tienen olvido.

Augusto, Augusto,
Augusto, Augusto, celebro tus 70 con tremendo gusto.
Augusto, Augusto Blanca, celebro tus 70 y tu guitarra franca.

Ese día en la mañana Augusto recibió la llamada de Silvio, quien le dijo que le estaba componiendo un “tumbao” por sus 70, y le cantó por teléfono un pedazo. Un rato después le dijo que había terminado la canción y se la enviaba grabada.

Fraguados en tu crisol
de poblinas y domingos,
los nadies y pirindingos
por tu culpa fueron sol.

Augusto, Augusto, celebro tus 70 con tremendo gusto.
Augusto, Augusto Blanca, celebro tus 70 y tu guitarra franca.

Imagen: La Jiribilla

En unos minutos, muy sabrosos, al regusto de la trova oriental, Silvio sintetiza la obra de Augusto Blanca, sus Poblinas, sus Trovadas, sus animalejos, y personajes populares o legendarios, su luna trovera, sus matamorinas y sindogarianas…

La vieja luna trovera
de Sindo y de Matamoros,
ya no llora y te hace coro
de otoño a la primavera.

Augusto, Augusto, celebro tus 70 con tremendo gusto.
Augusto, Augusto Blanca, celebro tus 70 y tu guitarra franca.

Augusto, hermano Augusto,
celebro tus 70 con tremendo gusto.

Augusto, Augusto,
celebro tus 70 con tremendo gusto.

                       Silvio Rodríguez, 24 de junio, 2015

En un escrito anterior en esta sección jiribillera, pasé revista sobre todo al trovador teatrero y amante de las artes plásticas, a esa peculiaridad de la obra de Augusto que es el trabajo con actores —y él mismo actuando— que ha quedado ya en nuestra cultura acuñado como la Teatrova. 

Si de repente algún día doy un vuelco a mi arena
y echo al mar mi canción,
levanto un muro de piedras, doy un hachazo a esta tierra
o atravieso un corredor.

Si de repente algún día rompo el cielo a latigazos,
corto el tallo de una flor
o abandono en la galaxia a una estrella que agoniza
y va a caer,
no creas lo que hago, cree en mí.

Augusto Blanca forma parte de un segundo grupo que en la segunda mitad de los 60 e inicios de los 70, emergen con fuerza dentro de la canción cubana, entre los que se encuentran también Lázaro García, Vicente Feliú, Sara González, Amaury Pérez, Pedro Luis Ferrer, y otros muchos que en 1972 fundan la Nueva trova como movimiento oficial en un encuentro en Manzanillo.     

Imagen: La Jiribilla

Un  episodio importante en la vida de Augusto Blanca ocurrió en 1980 cuando forma parte de una pequeña delegación artística que va actuar a Bolivia; eran los primeros cubanos en presentarse públicamente allí tras el asesinato del Che en 1967. Fueron arrestados durante su concierto Vicente Feliú, Lázaro García, Sareska Pantoja y Augusto. Los golpearon y hasta un simulacro de fusilamiento soportaron, alcanzaron estatus casi de desaparecidos.

En un artículo que recoge los hechos cuenta de este pasaje en Bolivia:

“Una noche, cuando estaban en casa de un amigo, sonó una fuerte explosión y pensaron que el golpe de estado se había producido. Se marcharon entonces para la sede diplomática panameña. No pudieron llegar, porque la policía los detuvo en el trayecto.

“Fueron acusados de agitadores comunistas. A culatazos y golpes llevaron a una unidad policíaca a los tres trovadores y a la muchacha cubana. Se trataba de una vil patraña para confundir a la opinión pública internacional.

La noticia llegó a La Habana y, por supuesto, Haydée Santamaría, Presidenta de Casa de las Américas, se enteró de lo que estaba sucediendo y del peligro que corrían los jóvenes cubanos”.

Una mano amiga es como un río
como un pedazo de pan
como una ceiba del monte,
es como un oasis verde claro
como cristal de colores
como paloma volando.

 “Cuando Tony Pinelli —miembro de la dirección nacional del Movimiento de la Nueva Trova— se enteró, llamó enseguida a Casa de las Américas. La propia Haydée (Yeyé, como le decían con inmenso cariño) lo convocó para ese lugar, donde se había establecido algo así como un “puesto de mando”.

“La opinión era que se corría el riesgo de que fueran asesinados. La propia Yeyé comenzó a contactar con amigos intelectuales vía telefónica. Así se enteró Gabriel García Márquez, que también se sumó a movilizar a otros intelectuales. Miguel Otero Silva habló con la presidenta boliviana y le dijo que iban a mandar un avión con periodistas del diario El Nacional si no soltaban a los muchachos. La campaña de reclamo por la liberación de los trovadores comenzó a sentirse con fuerza. Eduardo Ramos y Tony Pinelli fueron a avisarle a Silvio Rodríguez, que estaba de vacaciones en Santa María del Mar. Enseguida se unió al reclamo, con su enorme prestigio y amor a la causa revolucionaria”.

Una mano amiga
se hace necesaria
para comenzar otro camino
ese otro camino interminable

“Cuando regresaron a Casa de las Américas se enteraron de que ya Fidel lo sabía. Se comenzó entonces a respirar con más tranquilidad. Estando en casa de Haydée Santamaría se supo la noticia de que ya estaban los jóvenes rumbo a Panamá. Durante su prisión habían sufrido maltratos y torturas. Incluso los llevaron con extrema violencia a un paredón donde les dijeron que serían fusilados. Augusto Blanca se violentó e insultó a uno de los guardias que lo emprendió a culatazos rompiéndole la cabeza. Vicente Feliú salió en su defensa y también fue agredido.

“Cuando los situaron en el paredón de fusilamiento y el piquete de tiradores aprestaban los fusiles esperando la orden de disparar, los tres jóvenes trovadores se tomaron de las manos como una manera de firmeza ideológica de ofrendar sus vidas juntas. Pero los disparos eran un burdo y cobarde intento de amedrentarlos. Ninguno se quejó ni se acobardó. A este instante terrible y a la vez de hermandad en situación límite, Augusto le hizo, muy poco después su canción:

Morir así le da sentido a la sonrisa adolescente,
morir así le fertiliza la canción a los poetas
morir así levanta un hospital en el Uvero
que salvará el latido a un niño nuevo
al nuevo corazón que nacerá.

Morir así abre a la tierra
otro surco a la semilla
impulsa el azadón, florece al árbol
endulza más al fruto y lo hace miel.

 Aquí detrás
detrás  de nuestras manos apretadas,
aquí detrás
detrás como le cabe a los cobardes,
aquí detrás
revueltos en sus propias repugnancias
sin poder detener el canto, tratan
de enmudecernos
y nos crece más la voz.

Aquí detrás
vencidos miserables humillados
sin entender que damos bienvenida
a un: ¡hasta siempre!
un hasta siempre
¡!que nos mantiene de pie
que nos mantiene de pie!!

Imagen: La Jiribilla

La obra de Augusto Blanca cuenta con una amplia discografía que incluye los títulos: Regalo, De regreso, Un puñado de semillas, Este árbol que sembramos, Felicidades trovador, Poblinas I y II, Luna trovera, y La fuga de la tarde disco en que musicaliza poemas de Rubén Martínez Villena que obtuvo el premio especial del jurado en el Premio de Creación Ojalá.    

Una pieza antológica suya es “A golpe de canción”, a la cual Pablo Milanés le aporta su telúrica voz a un texto desagarrado, donde el trovador defiende la vida poética a capa y espada ante un mundo que promueve el pragmatismo egoísta, descerebrado, epidérmico, ese modo de vida de alegría insustancial.

Guardaré lo mejor, lo más querido
debajo de mi almohada, por si acaso;
guardaré aquel frescor del primer beso
para cuando mañana caiga herido.

Guardaré lo mejor, la maravilla,
en un cofre de nácar y de estrellas;
guardaré en su interior las cosas bellas
para el tiempo de sembrar otra semilla.

“El tercer deseo”, es otra de esas canciones emblemáticas, una tierna pieza de amor, de esas en que el ser humano sabe que no habrá fronteras de tiempo ni de espacio que impida el torrente espiritual volcado hacia otro ser merecedor de la más elevada entrega, de ese darse todo y parecernos poco; ese amor que va más allá de dos. A esta pieza Silvio Rodríguez le pone esa espesura de matices que pide la pasión dadora ilimitada:  

Voy a irte a buscar
aunque en ello me juegue
mi tercer deseo,
mi última oportunidad.

Voy a irte a buscar
a través de las miles de vidas
que distan de ti
desde ayer a las diez;
voy a volver,
regresaré,
ve tú también
y espérame...
ayer...
allí…

Imagen: La Jiribilla

Augusto Blanca es uno de los creadores musicales más versionados en la trova cubana, de entrada hay dos discos donde cantores de todas las generaciones le ponen alma y voz a sus temas, los fonogramas Este árbol que regamos y Felicidades trovador. En ellos cantan a Augusto: Kiki Corona, Heidi Igualada, Diego Cano, Marta Campos, Amaury Pérez, Liuba María Hevia, Manuel Argudín, Eduardo Sosa, Sara González, Miriam Ramos, Pepe Ordás, Vicente Feliú, Lázaro García… senderos espirituales disímiles que estilos y generaciones diferentes asumen, remoliendo los sueños de este creador tan exquisito y querido, tan cubano, y por ello universal.

Creo que la pieza más versionada de Augusto Blanca es “No olvides que una vez tú fuiste sol”, consejo enamorado; canción de gran complejidad armónica con una progresión que exige no solo una gran voz sino que venga con ella un mundo interior muy rico y sensible. Versiones de Eduardo Sosa, Vocal Zambá, Santiago Feliú, o el gran cantor del rock nacional argentino Juan Carlos Baglietto, abren el abanico de sensaciones, sentimientos y razones que contiene esta canción hacia rincones insospechados del amor.  Hay que decirle en sus 70, felicidades y gracias, Augusto, por ese cosmos de personajes, amores, sueños, que has creado para que, por desesperanzado que pueda parecernos un día cualquiera, echemos mano a una canción tuya para no olvidarnos que una vez fuimos sol.

 

No olvides que una vez tú fuiste sol

Autor: Augusto Blanca

No olvides que una vez tú fuiste sol,
no olvides ni la tapia, ni el laurel;
no dejes de asombrarte al asistir
a un nuevo nacimiento en tu jardín.

No pierdas una ventana,
no entregues tus mañanas
de aguaceros y juegos,
ni desentierres tesoros viejos.

No ocultes lo que ayer se te ofreció,
no escondas la moneda ni el vitral;
no dejes que una nube diga ”adiós”,
no caigas a pedazos,
no asustes tu diamante.

No entregues tu perfecto amanecer,
ni tus estrellas, ni tu arena, ni tu mar,
ni tu incansable caminar.
Vete de nuevo hasta el arroyo
donde está tu mejor canto.

Y ve,
cálmale la sed a tus enormes prados,
no permitas que se pierda tu cosecha,
hoy, que hasta la lluvia fiel no te ha escuchado,
busca tu raíz.

Y dale la caricia a la que siempre espera,
la única manera de hacerla que vuelva
a ofrecerte frutos hasta en el invierno.
Y no olvides que una vez tú fuiste sol.

Y ve,
desata esos diques de corrientes presas,
déjate llevar y vuelve a ser jinete,
baja hasta tus valles de palomas sueltas,
que éste es tu país:
donde están tus riendas,
donde está tu espuma,
donde abandonaste tu camino entonces,
donde naufragaste,
haz nacer mil rosas.

Y no olvides que una vez tú fuiste sol.

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