Ella nos ha entregado su corazón

Guille Vilar • La Habana, Cuba

Cuando nos disponemos analizar la significación de determinada intérprete en el universo de la canción contemporánea, influyen tantas variantes como cualidades se quieran resaltar. Incluso, puede darse el caso de alguien que no sea una excelente cantante, pero se ajusta a la medida del espectáculo que asume y por lo tanto dicha propuesta resulta funcional. Sin embargo, hay auténticas divas cuya obra desfigura cualquier análisis a nivel académico, puesto que constituyen en su conjunto una sumatoria de parámetros inalcanzables para la media de semejante profesión. Tal es el caso de Mercedes Sosa, una de esas voces que al cantarle a la vida, realmente le imprime el calificativo enaltecido de humana.

Imagen: La Jiribilla

Escuchar a Mercedes Sosa es impregnarnos de la certeza que los mitos no son invenciones de los filósofos de la Antigüedad y mucho menos el sortilegio de poetas.

Escuchar a Mercedes Sosa es impregnarnos de la certeza que los mitos no son invenciones de los filósofos de la Antigüedad y mucho menos el sortilegio de poetas. Es que ella misma representa la máxima expresión del mito de quienes vienen al mundo con la misión de conmover lo inamovible, de reincorporar lo inanimado, solo con su voz. El cantar de  Mercedes Sosa ha quedado como uno de los tantos misterios inexplicables cuyo impacto en nuestra espiritualidad cultivada, nos convoca a dignificarlo inclinados, como sincera muestra de admiración por tan extraordinaria artista.

Solo así, pudiéramos tratar de comprender por qué razón escuchar cualquier tema cantado por ella, es como si asistiéramos al parto de una canción. Escuchamos quejidos que aparecen expresados con la sutileza de susurros ancestrales, pero si les prestamos atención, reconoceremos que están motivados por el dolor que implica su apego a la ética del ser. En tal sentido, por mucho que se empeñe la globalización por banalizar nuestra cultura con la intención de hacernos creer que el mundo de hoy es el mejor de los posibles, hay todavía demasiada miseria, hay todavía demasiada hambre y hay todavía demasiada muerte que provocan a personalidades de la estatura moral de Mercedes Sosa para defender desde sus canciones a millones de pobres y desvalidos de nuestra América.

Es tal la dimensión del tema “Canción con Todos”  en la versión de Mercedes, que nos hace despertar por el apocalíptico retumbar del sermón liberador nacido entre las inmensas cordilleras americanas mientras que al unirse a Calle 13 en la pieza “Hay un niño en la calle”, comparten en delicada ternura una de las amarguras más inquietantes, como pesadillas perpetuas en realidades de los infantes por ciudades del continente.

No obstante, su interpretación de “Solo le pido a Dios” del cantautor León Gieco, se recibe como una orden de detenernos en el camino de nuestras reflexiones. Se nos ruega entregarnos a las vibraciones provenientes de un apabullante mensaje de amor a la Humanidad, mensaje que en el canto de Mercedes Sosa, habitualmente nos llega acompañado por el arribo de lágrimas de vergüenza que reclaman cuanta justicia aún queda por impartir en este mundo que vivimos.

Basta estar al tanto de las últimas noticias cotidianas por los diferentes medios de prensa, para percatarnos que canciones como las mencionadas entre tantas otras, conservan plena vigencia por estas tierras americanas. En nuestras luchas por alcanzar utopías, bien concretas y prácticamente realizables, vamos acompañados por el emotivo verso del Fito, pero en la cálida e insuperable voz de la Sosa: “Yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato