Selección de poemas

Karel Bofill • La Habana, Cuba

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el talco que uso para afeitarme

tiene en la etiqueta el rostro de un bebé rosado

el rostro de un bebé que no se afeita

y no conoce por tanto

las suciedades que habitan

en el rostro

 

yo también pude ser

un bebe-slogan de belleza

yo también pude ser o no ser…

 

miro los ojos inocentes

del límpido bebé

y me lleno de lástima

–envidia–

 

 

visión de Piet Hejn

me siento frente a la estatua de Piet Hejn

sus ojos me observan

quizás observan a través de mí

los grandes pelícanos que pegan sus alas

al cuerpo

y se dejan caer con el pico entreabierto

hacia el agua

hacia los peces que nadan en la superficie

de afuera hacia adentro

de adentro hacia el borde de la Tierra

con esa envidiable libertad

de los peces de mar

que a veces son tragados por pelícanos

tal vez más gordos

que esos que Piet Hejn observa

a través

de mi impotencia

 

 

el cráneo desde arriba

miro lo que somos desde un balcón

la parte superior de los cráneos no esconden

las verdades

visto de frente: el rostro

donde un hombre puede ser una multitud

miro los cráneos desde un balcón

imagino el mío:

sólido

cubierto de cabellos

con varias cicatrices de la infancia

visto desde arriba

un hombre no puede negar su soledad                

 

el ojo muerto del gorrión

el cadáver semipodrido del gorrión

es un objeto hermoso

un pico triangular

contrasta con la esfera donde estuvo el ojo

(ahora hay un vacío que asusta

con un temblor fatal)

 

el cadáver semipodrido del gorrión

tiene plumas abiertas entre los huesecillos

y un gris profundo en todos los pedazos

que intento no pisar

porque un gorrión muerto merece respeto

el cadáver semipodrido de un gorrión

da deseos de pintar un cuadro

de mezclar la estupidez de nuestros

antepasados

/cortejando un gorrión muerto por toda

la ciudad

con nuestra desidia que crece y se arrincona

en la cuenca

donde una vez estuvo

el ojo vivo del gorrión

 

para tiempos de guerra

mi madre guarda leche en polvo

en recipientes de vidrio

para tiempos de guerra

–no sabe que la guerra

golpea en nuestro pecho–

 

hago de esa leche una culpa más

como esta pared amarillenta y húmeda

como el busto de Martí

como el café que en las mañanas

no debo tomar

 

mi madre me guardaba

en una placenta vidriosa

–como una culpa más–

para tiempos de crisis

para tiempos de guerra

 

Tomado de La letra del escriba

                  

Ficha: Karel Bofill (Hradec Králové, Checoslovaquia, 1986) Poeta y narrador. De profesión es Ingeniero Informático y Diseñador Gráfico. Graduado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y del Centro de Estudios Literarios Hotel Kafka, en 2008, es, además, miembro de la UNEAC y la AHS. Ha publicado Escala en Naxos (poesía, Ediciones Matanzas, 2009). En 2009 obtuvo el Premio David de  Poesía con su cuaderno Matrioshkas (poesía, Ediciones Unión, 2010), Fragmentos en la humedad (Editorial Cauce, 2010), Himnario del destierro (poesía, Editorial Aldabón), Lo que era todo (poesía, Premio Fundación de la ciudad de Matanzas, 2013), Ventana Tropical (poesía, Editorial Abril, 2015). Sus textos también aparecen recogidos en antologías de México y España, entre las que destaca Dejar atrás el agua. Nueve nuevos poetas cubanos (Editorial La Bella Varsovia, España, 2011). Por su obra ha sido distinguido con los premios David de Poesía y Alcorta en 2009, Digdora Alonso y la beca de creación La Noche en 2011, así como Mención en los concursos David, José Jacinto Milanés, Reina del Mar Editores, Alcorta y Calendario entre los años 2007, 2011 y 2014.

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