Perfume de Mujer

Pollos d’granja

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Por razones que no vienen al caso explicar, pues llevarían todo un trabajo independiente, las variantes aupadas bajo el rótulo de rock progresivo siempre han sido las que menos cultores y seguidores registran en la historia de dicho género en nuestro país. Uno de los músicos cubanos de la escena del rock de carácter propositivo que ha persistido en nadar contracorriente, aunque con ello sabe que su quehacer artístico ha de ser consumido por una reducidísima minoría, es el multinstrumentista, compositor y vocalista Abel Omar Pérez.

Creo que fue allá por 1988 cuando lo vi tocar por primera vez como parte del formidable grupo Cartón Tabla, en un concierto celebrado en la antigua Casa de la Música Alejandro García Caturla. Aquella banda dejó un grato recuerdo en la memoria de quienes disfrutábamos de su inusual propuesta para nuestro medio, gracias a trabajos como el denominado Trilogía, compuesto a partir de la obra poética de Pablo Neruda. En aquella primera experiencia Abel se desempeñaba como baterista.

Tras la desintegración de ese proyecto, Pérez se involucraría en la agrupación Perfume de Mujer, la cual ha servido para canalizar sus ideas no sólo como instrumentista sino, en lo fundamental, como compositor de piezas en las que la experimentación y la improvisación desempeñan roles protagónicos.

Un elemento que desde un primer momento sirvió para distinguir al grupo entre todos los restantes existentes en nuestro país fue el hecho de que cada presentación de esta banda, como las que llevara a cabo en la sala teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, en la Casa de la Música Alejandro García Caturla, en la Casa de las Américas, en el salón Atril del Karl Marx o en la Casona de Teatro Estudio…, tenía características particulares a partir de conceptos dramatúrgicos diferentes.

Ello se complementaba con un enfoque de performance en el que el vestuario, la escenografía, la ambientación, la iluminación y la música desempeñaban funciones específicas. Abel Omar Pérez al frente de los teclados, los secuenciadores, la programación de una computadora, así como en la voz e ideólogo de la singular aventura, y Landy Bernal, en la guitarra eléctrica, constituían la columna central del ensamble en una primera etapa.

Cuando se funda el sello mexicano Luna Negra con el propósito de editar fonogramas de rock en sus vertientes propositivas, al presentar su primera producción bajo el rótulo de Variaciones en la cuerda, Vol. 1, entre los cuatro proyectos cubanos compilados en el prensaje figura Perfume de Mujer. En esta primera etapa es fácil detectar determinada rigidez en virtud de un excesivo empleo de los sonidos procedentes de máquinas. Hay, incluso, un coqueteo con elementos del pop, como lo evidencia la grabación inicial de “Cocuyo”, la pieza más conocida de Abel Omar.

Uno de los fonogramas hechos por Perfume de Mujer y que para mí resulta capital para entender la zona propositiva del rock hecho por cubanos es el titulado  Pollos d’granja. A través de los 14 cortes que conforman este excelente CD uno detecta de conjunto un trabajo con elementos del arte contemporáneo como la apropiación, la cita, la parodia y el pastiche.

Ejemplo de lo anterior se encuentra en la pieza denominada “Morrison Hotel”, quizá la más cautivante del fonograma en virtud de su hermosa propuesta conceptual armada a partir de una variedad de relaciones intertextuales. Otros temas que merecen especial mención son “Sinfonía, mujeres y dinero”, “El cuento de la buena pipa” o “Fabricamos un Arte Especial en un Medio Hostil a los Soñadores”.

Sinceramente pienso que éste resulta el mejor disco de la banda y uno de los de mayor importancia en la historia del rock nacional, un trabajo de esos que resiste la prueba del paso del tiempo y que recomiendo revisitar de cuando en vez a todos aquellos que se interesen por la zona menos promocionada de la música facturada por nacidos en esta Isla del Caribe.

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