Nuestra Fiesta del Fuego 2015

Nancy Morejón • La Habana, Cuba

Del 3 al 9 de julio, la legendaria Santiago de Cuba acogió en su seno no solo la conmemoración por el 500 aniversario de su fundación, sino diversas celebraciones en el marco de su habitual Fiesta del Fuego auspiciada todos los años por la Casa del Caribe, que dirige Orlando Vergés, emplazada en el barrio de Vista Alegre.

Semejante acontecimiento no pudo haber tenido mejor realización pues, esa Fiesta —siempre bienvenida en la capital del Caribe que es Santiago—más allá de su afán por reconocernos en la diversa identidad que nos define, nos enseña mientras nos va mostrando un crisol de culturas cuyas raíces nutren y conforman el inmenso árbol que siempre da la sombra necesaria.

Fue un acierto de sus organizadores haber escogido como país invitado de honor a las Bahamas, esa constelación de islas casi siempre nombradas en plural, pues sus territorios constituyen uno de los más hermosos archipiélagos del hemisferio occidental.

Fue el cartagenero Alfonso Múnera [1], en su conferencia magistral para dejar inaugurados los trabajos del coloquio “El Caribe que nos une”, quien se encargó de precisar que las hermosas Bahamas están integradas por 700 islas y algunos otros territorios que conforman, como se sabe, el más significativo mapa de la región pues su tierra fue testigo del encuentro de los dos mundos que hasta entonces no se conocían: el de la Europa medieval y el asombroso e inédito de las Américas.

El programa del evento alcanzó proporciones inusitadas tanto por su alcance como por su profundidad. Particular interés revistió el lanzamiento del número 62-63 de la Revista del Caribe que dirige el poeta León Estrada y que fundara Joel James. La profesora María Cristina Hierrezuelo brindó una acertada introducción a la edición dedicada, precisamente, al Medio Milenio de la Villa.

El público asistente, que colmaba el Salón de Protocolo del Teatro Heredia,  participó y pudo disfrutar de un sinnúmero de conferencias, conversatorios, sobre todo, auspiciados por el coloquio mencionado así como presentaciones de libros, revistas, publicaciones especializadas así como un sin fin de conciertos, exposiciones de artes plásticas, artesanía amén de los desfiles que dieron lugar a la difusión de las manifestaciones más autóctonas de nuestros países.

Así lo comprobamos con La serpiente, desfile muy especial de las Bahamas que recorrió el tramo de la ciudad que va desde la Plaza de Marte hasta el Parque Céspedes. Una vez más, la Fiesta del Fuego nos hacía confrontar estilos, formas y costumbres. La tradición oral como fuente primera de nuestra civilización.

Aún antes de dar la palabra a Múnera, los asistentes pudieron disfrutar  de una exposición de fotos del artista cubano Mario Picayo, residente en la ciudad de Nueva York. Criado entre La Habana, Saint-Thomas y Manhattan, el talento de este creador se ha nutrido de esa manifestación clave de nuestras culturas como lo es el Carnaval. Habiendo tenido una experiencia interesantísima con el fotógrafo dominicano Mariano Hernández [2], Picayo pone su atención en la explosión de colores que supone el cultivo de una tradición, típica de las Bahamas, su símbolo cultural por excelencia, que se ha dado en llamar Junkanoo (que se pronuncia como Yankanú) y que representa con creces eso que Yolanda Word ha denominado como “cultura carnavalesca” [3] que se extiende por toda la cuenca antillana tocando la tierra firme continental.

Ha sido significativa la inclusión de un taller colateral al coloquio dedicado exclusivamente al análisis del fenómeno carnavalesco en los territorios más emblemáticos del Caribe. Acudieron a la cita sus promotores, sus organizadores, llegados desde la lejana costa haitiana de Jacmel hasta la imprescindible presencia santiaguera de los fundadores de la Conga de Los Hoyos y Enrique Bonne.

El programa literario de la Fiesta del Fuego, ideado, conducido y realizado por la poeta Teresa Melo, fue más que encomiable y se produjo en dos escenarios de primera línea: los jardines de la Fundación Caguayo, en donde tuvo lugar el Encuentro de Poetas Jesús Cos Causse cuyas palabras inaugurales estuvieron a cargo de la escritora Sonia Rivera-Valdés, Premio Casa de las Américas 1997, y la sede de la Librería Ateneo Amado Ramón, de la calle Enramada, en el centro de la ciudad. El encuentro rindió tributo no sólo a la memoria de Cos sino a la de Joel James y Rogelio Meneses, quienes tanto aportaron al movimiento cultural santiaguero. Los poetas Waldo Leyva, Premio Internacional del Caribe, y Marino Wilson Jay, entre otros, leyeron textos convincentes.

La tarde del lunes seis de julio, en la Librería…, fue dinámica y rica en acontecimientos pues, de entrada, se presentaron los más recientes números de las revistas Amnios, Caserón y La Noria. Varios poemarios de autores jóvenes fueron presentados como por ejemplo Numerales, del cubano Rodolfo Tamayo.

Lo que ocurrió después podríamos calificarlo de acontecimiento puesto que se dieron a la luz dos libros de dos poetas de las Bahamas traducidos del inglés al español por escritores cubanos. El primero, Correr el crepúsculo, correspondió a Christian Campbell y su traducción a la narradora Aida Bahr.  El segundo, Rondas de Bugambilia, es la creación literaria más reciente de la poeta Marion Bethel cuya poesía fuera ya inspiración para los creadores de su generación cuando el Fondo Editorial de la Casa de las Américas publicara la primera antología de poetas bahamenses, From the Shallow Seas —verso de Marion Bethel exactamente—, en 1992. Luego, pudimos intercambiar experiencias los escritores participantes a través de otro encuentro con Sonia Rivera-Valdés, Mario Picayo y quien suscribe.

El mundo de las tablas no se quedó atrás, sobre todo aquella vertiente que fuera el Teatro de Relaciones que nos legara el gran actor Raúl Pomares, recientemente fallecido.  Su legado fue ensalzado por su colega y amigo, el actor Carlos Padrón quien, asimismo, junto a Omar Valiño y Fernando Jacomino restituyeron a las artes escénicas santiagueras en su original e insuperable aporte a nuestra cultura. Inició esta muestra teatral de la Fiesta del Fuego 2015, el grupo Macubá de la actriz y dramaturga Fátima Patterson.

Dos conciertos en el Teatro Heredia del Caballo Mayor, Johnny Ventura, hicieron las delicias del público asistente que colmó la inmensa sala. Esta crónica no podría reflejar la lección de comunicación, elegancia, arte y tradiciones que ofreció el talento dominicano al brindar La gallera, una suma de merengues tradicionales que nos trajeron la más grata alegría y encendieron el fuego en esta fiesta que no olvidaremos.

 

Notas:
1. Diplomático, profesor y erudito de los más importantes temas caribeños, se desempeña en la actualidad como presidente de la Asociación de Estados del Caribe.
2. Ambos publicaron el precioso volumen de fotos bilingüe: Caribbean Carnaval Portraits/Retratos del carnaval caribeño, Prólogo de Yolanda Wood. New York, ed. Campana, 2014,  125 págs.
3. Ver «Caribe: el carnaval fotografiado» en op. cit., p. 9

 

 

 

 

 

 

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