El Chofer de Cuba

Curioso título para una revista

Cira Romero • La Habana, Cuba

El nombre de esta revista no puede sorprendernos si nos situamos en la época en que surgió, momento de la breve vanguardia literaria cubana, que gustaba, al igual que la latinoamericana, de novedades a la hora de titular revistas. Así, nacieron otras cuyos nombres responden a ese instante: atuei (1927-1930), Antenas. Revista del Tiempo Nuevo (1928-1929), Hélice. Hoja de Arte Nuevo (1932), Aventura en Mal tiempo (1932-1933), Atalaya (1933) y hasta la titulada Claxon (1934). A todas las comentaremos en su momento, sin olvidar la más emblemática: Revista de Avance (1927-1930). El Chofer de Cuba nació en Santiago de Cuba en julio de 1927 como “Revista mensual ilustrada. Automovilismo-literatura y variedades” y “Órgano de la Asociación de Conductores de Automovilismo”. Por supuesto, ligar automovilismo con literatura era signo, también, de lo nuevo. Fue su director Manuel González Borrero. En dicho número se expresaba que:

El Chofer de Cuba podemos decirlo con jactancia no solo viene a colmar las ansias nobles del chofer cubano, más que eso, viene a ocupar un puesto en el plantel de las publicaciones cultas y a difundir por todo el hemisferio colombiano el arte y la literatura de nuestros  pensadores.

Durante su trayectoria publicó artículos y traducciones sobre automovilismo y aviación junto a creaciones literarias de poetas y cuentistas hispanoamericanos conocidos. También dio a conocer notas bibliográficas y acogió con frecuencia trabajos sobre historia y educación. Entre sus colaboradores más asiduos estuvieron Ángel Augier, Pastor del Río y Rafael Esténger. El primero, antes de recogerlas en su libro inicial 1, del año 1932, dio a las páginas de El Chofer de Cuba algunas composiciones que reuniría en este título, entre ellos la titulada “Estampa de viaje”, cuyas novedosas imágenes dan cuenta del momento literario que se vivía. Leamos este fragmento:

Ansiedad femenina

en los brazos tendidos de los muelles,

sonrisa en sol quebrándose en las olas.

Negras cargando sobre sus cabezas

los bultos pesados de los barcos.

STORES, GROCERIES, ICE-CREAMS, BARS

[…]

Consulado cubano

Con una banderita desflecada.

En el número correspondiente a enero de 1930 se expresa que la revista ha de mantener por sobre todas las cosas, la misma ideología que hasta aquí, es decir, sin perjuicio de observar la más pulcra selección en los trabajos de carácter literario que inserten, sostendremos en las páginas interiores, y como suplemento del nuevo título, el que la revista lleva en el presente momento y seguiremos defendiendo con el entusiasmo de siempre la causa obrera general y a los conductores de automóviles en particular. Más claro, El Chofer de Cuba será inseparable suplemento, irá en las planas interiores del nuevo nombre que adopte la publicación.

Con el número de febrero-marzo se cerró la revista para dar paso, en mayo de aquel año, a Cuba. Revista de difusión cultural. Tuvo carácter mensual y estuvo dedicada a las “Artes, ciencias y letras”, según lo indica su subtítulo. Su director siguió siendo González Borrero, quien en el primer número expresaba que:

A pesar del flamante nombre de la publicación, ni hemos de envanecernos por el humilde aporte que esos cuadernos signifiquen en la prensa literaria de nuestra patria, y mucho menos figurarnos que esta labor nos haga merecedores a otros lauros ni a más títulos que los que, legítimamente, hasta ahora hemos ostentado

Y más adelante añadía:

Prometemos seguir editando, como hasta aquí, una revista para trabajadores alertas y estudiosos, si bien, con un más definido concepto de nuestra responsabilidad en esa esfera.

Poco después asumió la jefatura de redacción Luis Aguiar Poveda (1899-1976?), poeta, narrador y periodista dominicano quien era, por cierto, primo del gran poeta cubano José Manuel Poveda. Se incorporó al movimiento renovador que hubo en Santiago de Cuba en esos años y lideró en 1926 el vanguardista grupo Per Se.

En sus páginas aparecieron poemas, cuentos, artículos de crítica literaria y trabajos sobre educación y arte. Consagraban la parte final al suplemento «El Chofer de Cuba. Órgano oficial de la asociación “Gremio de Conductores de Automóviles de Santiago de Cuba”. Automovilismo, aviación y variedades». De nuevo colaboró Augier, junto con Manuel Navarro Luna —voz también iniciática del vanguardismo cubano con   Surco (1928), primero libro homogéneo publicado en Cuba adscrito a esa corriente literaria—, Emilio Ballagas y Héctor Poveda, entre otros nombres. Valga destacar que reprodujo textos del peruano José Carlos Mariátegui.

El último número localizado corresponde a enero-febrero de 1932, donde aparece un poema del citado libro de Navarro Luna, «El fantasma»:

¡Mira como traes la ropa…!

—«Vengo de los osarios».

«Mira cómo traes los ojos…!

—«Vivo entre los gusanos».

Puso, ligeramente, su cabeza

en mi hombro. Entró el mar de la noche

por la ventana abierta

y empapados de sombre

quedamos —Si deseas,

exclamó, puedo marcharme ahora.

¿No vienes al llamado,

Respondí de mi anhelo…—sí: ¿mas no ves el traje

Con que cubro mi cuerpo…?

 

 

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