Músicos y abogados

Fotos: Sonia Teresa Almaguer 
 

Para esta última entrega de testimonios relacionados con el medio milenio de vida de San Juan de los Remedios hemos escogido las voces de un actor y director teatral, un poeta y dos especialistas del Museo Alejandro García Caturla, quienes se referirán también a la faceta menos conocida del gran compositor cubano y a otras figuras emblemáticas de la creación musical local como el Maestro Agustín Jiménez Crespo y el cantante y compositor René Márquez. Todos los testimonios ofrecidos por La Jiribilla durante estas tres entregas han sido incluidos en un tabloide promocional que muy pronto será presentado  y distribuido en la ciudad de Remedios.

 

Un pueblo de músicos

Lidia Esther Pedroso Martín, filóloga y especialista del Museo Alejandro García Caturla

Imagen: La Jiribilla

Siempre que se habla de Remedios se menciona a Alejandro García Caturla, el gran músico y abogado, reconocido como el más universal de nuestros paisanos. Y es natural que  así sea porque este es también el escenario de su nacimiento al arte musical, aquí nace aquel genio que recibe las motivaciones iniciales por su ascendente materna: su madre tocaba piano y varios de sus tíos tenía relación directa con la música. Se dice que desde los tres años Caturla intentaba sacar las primeras melodías al piano, sentado sobre las piernas de su manejadora negra, la misma que lo arrullaba con cantos africanos y le abrió el camino hacia los bembés, a los que se escapaba también desde muy pequeño.  Se ha intentado relacionar incluso aquella experiencia temprana, unida a su interés por las fiestas populares locales, con su tendencia posterior  a incorporar elementos del folclore negro al plano sinfónico.

Esa vocación suya, que nació aquí, con profesores remedianos, se consolida luego en la capital, en paralelo con sus estudios de Derecho. Pocas personas vivieron una vida tan intensa como la que vivió Caturla en esa etapa universitaria. José Ardévol decía que Caturla vivía cada minuto de su vida como si fuese una culminación decisiva. Allí nació el Caturla sinfónico, filarmónico, pero también el que acompañaba o animaba (como solía decirse) películas de cine mudo, escribía arreglos para grupos y orquestas, escribía música coral y se integraba a la Coral Habana. Pero es también su etapa como cronista musical, colaborador de varias publicaciones, entre ellas Musicalia, revista en la que no solo colaboró, sino que llegó a ser jefe de redacción. Luego fue su viaje a París, la consolidación de su amistad con Alejo Carpentier y, a través suyo, con importantes intelectuales y artistas de la vanguardia europea. Por allá andaban las ilusiones, pero por acá le reclamaba el nacimiento de sus primeros hijos, frutos de las relaciones con sus dos esposas negras, relaciones que no contaban con el apoyo familiar ni social. Eso explica un poco su vuelta a Remedios y su relación, no menos apasionada, con esa otra profesión suya que fue el Derecho.

Ya de vuelta a la ciudad, Caturla, que siempre tuvo gran preocupación por la superación de su pueblo, mantuvo una estrecha relación con la Banda Municipal de Conciertos y muy especialmente con su director, el maestro Agustín Jiménez Crespo; quien fuera también compositor y arreglista. De esta colaboración está documentado el estreno aquí, en 1930, de la Rapsody and blue, de George Gershwin; con la mencionada Banda y con Caturla como solista. Jiménez Crespo fundó y dirigió también la orquesta Sinfónica de las Villas y su nombre se relaciona directamente con la fundación del Sinfonismo en Cuba. Sin embargo, Agustín decía que, más que músico, se sentía maestro, ya que se dedicó fundamentalmente a la docencia; de hecho se dice que en su época había músicos formados por él en prácticamente todas las Bandas de Concierto de Cuba. Se dice también que fue el primer director que dio participación a la mujer en las Bandas de Concierto. Tenía un sistema emulativo de enseñanza y creó una serie de bandas infantiles, la más importante de las cuales fue la Quinta, que se presentó, en el año 1938, en el Palacio Presidencial y allí estrenó la famosa Suite de Las Parrandas de Remedios, obra compuesta por el propio Jiménez Crespo, cuya partitura se atesora en nuestros fondos.

Otro músico ilustre muy vinculado con Remedios es René Márquez, que nació en Caibarién pero se trasladó muy pequeño acá y siempre se sintió remediano. El año pasado celebramos su centenario aquí, con la presencia de sus hijos. Él comienza sus estudios musicales aquí e integra la Orquesta Cervantes, luego se traslada a La Habana y hace una gran carrera con orquestas como las de René Touzet, Neno González, Arcaño y Julio Cuevas, entre otras; y escribe esas grandes canciones que conocemos hoy. Me refiero, entre muchas otras, a “Espontáneamente” y “En el cielo de mi vida”, ambas popularizadas por su hija Beatriz Márquez; porque René fue uno de los grandes de la cancionística en Cuba. En los años 70, se integra a la Tanda de Guaracheros, pero todo esto sin descuidar su relación con la ciudad y con el Museo, adonde venía y cantaba en ocasiones. Nos donó parte de su patrimonio y tal era su vínculo con este pueblo que hoy sus restos, a petición suya, reposan en el cementerio local.

Además de estas tres grandes figuras, dedicamos parte de nuestro espacio a otros eventos y tendencias que hacen la historia de muestra música. Esto incluye un amplio recorrido por la primera mitad del siglo XX, que fue una etapa muy rica aquí, y un acercamiento a los diferentes ambientes y formaciones musicales, que incluye a las Estudiantinas, las Bandas de Conciertos, e incluso las Jazz Band, una de las cuales fue fundada por Caturla. De manera que defendemos a Caturla como esa figura universal, cimera del arte musical remediano, pero defendemos también, con igual pasión, cada pedacito de nuestro legado en el campo de la creación y divulgación de la música.

 

Caturla jurista, ese gran enigma
Marcia María Guerra, especialista del Museo Caturla

Imagen: La Jiribilla

Junto con el gran músico que fue Alejandro García Caturla, nació también el gran jurista.  A los 14 años, una amiga le pregunta qué  desearía estudiar y el adolescente responde que la carrera de Derecho, porque le gustaba la igualdad ante todo.  Estudia efectivamente la profesión y obtiene su título en la Universidad de La Habana, con solo 22 años cumplidos, pero su desempeño sería duro y angustioso. Enfrenta enseguida una primera acusación del poder judicial y comienza así una intensa carrera como juez que incluye importantes causas, siempre a favor de los más humildes.

En Ranchuelo enfrenta  a la firma Trinidad y Hermanos, fallando a favor de los obreros y favorece a una decena de campesinos de la Finca Caprichos, a los que no se le estaba aplicando incorrectamente la Ley de Coordinación Azucarera. Luego los presos de la Cárcel de Santa Clara le reclaman representación, alegando su firmeza y carácter insobornable y encomendándose  a su gestión para combatir los maltratos y desvíos de recursos de que eran víctimas. Pero busquemos también en Caturla al estudioso de las leyes vigentes y hallaremos sus aportes al proyecto Laredo Bru y a la organización de una Ley Orgánica para el Poder Judicial, que integrase todas las leyes dispersas de la época; así como sus recomendaciones para el tratamiento de menores que cometieran delitos. Es un empeño de asombrosa vigencia, que reservaba el internamiento solo para delitos muy graves y proponía medidas tutelares para aquellos casos en que el delito cometido no adquiriese dimensiones extraordinarias. Cumple funciones como Juez en Palma Soriano, Quemado de Güines y, finalmente, aquí en Remedios, donde será asesinado por un acusado al que ni siquiera tenía la responsabilidad de juzgar directamente. Con Caturla, que a sus 34 años dejaba 11 hijos y un patrimonio musical de más de 150 obras, Cuba perdía también a uno de los hombres que  con mayor dignidad portaba la toga judicial de entonces.  Pese a los ingentes esfuerzos del museo que lleva su nombre y al de especialistas como el poeta y abogado remediano Luis Manuel Pérez Boitel, la obra jurídica de Alejandro García Caturla continúa siendo una de las facetas menos conocidas de su intensa y fructífera existencia.

La gente me lo ha hecho muy fácil

Miguel Ángel Galván, Director del Teatro Guiñol Rabindranath Tagore y Director Artístico de la Gala por el 500

Imagen: La Jiribilla

Llevo alrededor de dos años en el grupo, ya que viví un tiempo en España, pero me crié aquí, junto a mi padre Fidel Galván,  director fundador que comandó la nave hasta hace muy poco. Es gracias a la solidez de su obra que estamos aquí. Soy percusionista, graduado de la Escuela Vocacional de Arte pero luego me dediqué al teatro, de modo que tengo las dos escuelas. 

La línea del grupo siempre ha sido el teatro musical, que a mí me encanta y recibí un camino hecho, unos actores jóvenes  bien preparados, con mucho talento, que actúan muy bien, cantan, bailan e incluso tocan instrumentos musicales. Recibo también un grupo reconocido a nivel nacional, con un programa de televisión al aire y mi objetivo es dar continuidad a todo ese legado, probablemente con  un poco más de  tecnología y con cierto incremento de la música en vivo. 

Remedios, al ser una villa y ser tan mágica, se vuelve un problema para los remedianos. Decimos que esto es como una laguna, un hueco, del que es muy difícil salir. Mi regreso ha sido complejo, por razones que todo el mundo conoce,  pero  la gente del pueblo me lo ha hecho muy fácil. Me quieren mucho, me apoyan en el trabajo y eso me da alas y me da vida.

Es muy difícil dirigir un espectáculo  como el  que concebimos para festejar el 500, pero lo más difícil fue lograr que los remedianos se sintieran orgullosos de su gala, ya que se trata de un público conocedor y muy exigente.  Utilizamos algo de tecnología e hicimos un espectáculo grande, en todo el sentido de la palabra; con mucha gente, muchos bailarines y en general muchos artistas. Conté para ello con un equipo muy profesional y un respaldo pleno.  La puesta en escena funcionó como una suite sinfónica, lo que nos permitió prescindir del presentador habitual  y ofrecer una propuesta compacta y muy amena, de apenas una hora de duración. La gala estuvo protagonizada por remedianos, aunque tuvimos algunos invitados villaclareños y habaneros. Tuvimos también música de Alejandro García Caturla, interpretada por varios formatos.  El hilo conductor fueron los 500 años y tratamos de combinar lo moderno con lo antiguo, sin pretensiones cronológicas. Hubo motivos, personajes y hechos históricos, pero la velada fue sobre todo un compendio de las cosas bonitas y místicas de este San Juan de los Remedios. No hubiese alcanzado una hora de espectáculo para reflejar la historia de estos 500 años.

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