Discurso del canciller Bruno Rodríguez en la Ceremonia de Reapertura de la Embajada de Cuba en EE.UU.

La Jiribilla • Estados Unidos
Imagen: La Jiribilla
La bandera cubana ya ondea en la Embajada de Cuba en Washington. Foto: Ismael Francisco
 

Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en la Ceremonia de Reapertura de la Embajada de Cuba en EE.UU.

Washington, 20 de julio de 2010

Excma. Sra. Roberta Jacobson, secretaria de Estado Adjunta y señores funcionarios del Gobierno de EE.UU. que la acompañan:

Honorables Miembros del Congreso:

Estimados Representantes de las Organizaciones, Movimientos e Instituciones estadounidenses que han realizado ingentes esfuerzos por el cambio de política hacia Cuba y el mejoramiento de las relaciones bilaterales:

Estimados Representantes de las Organizaciones y Movimientos de la emigración patriótica:

Excelentísimos Sres. Embajadores:

Compañeros de la Delegación Cubana:

Encargado de negocios José Ramón Cabañas, funcionarios y trabajadores de la Embajada de Cuba:

Estimadas amigas y amigos:

 

La bandera que honramos a la entrada de esta sala es la misma que aquí fue arriada hace 54 años, conservada celosamente en la Florida por una familia de libertadores y luego por el Museo de nuestra ciudad oriental de Las Tunas, como anticipación de que este día tendría que llegar.

Ondea nuevamente en este lugar la bandera de la estrella solitaria que encarna la generosa sangre derramada, el sacrificio y la lucha más que centenaria de nuestro pueblo por la independencia nacional y la plena autodeterminación, frente a los más graves desafíos y peligros.

Rendimos homenaje a todos los que cayeron en su defensa y renovamos el compromiso de las generaciones presentes y, con absoluta confianza en las que vendrán, de servirla con honor.

Invocamos la memoria de José Martí, quien vivió consagrado a la lucha por la libertad de Cuba y conoció profundamente EE.UU. En sus “Escenas Norteamericanas”, nos dejó una nítida descripción de la gran nación del norte y el elogio de lo mejor de ella. También, nos legó la advertencia de su desmedida apetencia de dominación que toda una historia de desencuentros ha confirmado.

Hemos llegado aquí gracias a la conducción firme y sabia del líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, a cuyas ideas siempre guardaremos lealtad suprema. Recordamos su presencia en esta ciudad, en abril de 1959, para promover relaciones bilaterales justas y su sincero homenaje a Lincoln y Washington. Los propósitos que tempranamente lo hicieron venir, son los que hemos intentado en estas décadas y coinciden exactamente con los que nos proponemos hoy.

Muchos en esta sala, políticos, periodistas, personalidades de las letras o las ciencias, estudiantes, activistas sociales estadounidenses, atesoran infinitas horas de enriquecedora conversación con el Comandante que les permitieron comprender mejor nuestras razones, objetivos y decisiones.

Este acto ha sido posible por la libre e inquebrantable voluntad, la unidad, el sacrificio, la abnegación, la heroica resistencia y el trabajo de nuestro pueblo, y por la fuerza de la Nación y la cultura cubanas.

Varias generaciones de la diplomacia revolucionaria confluyeron en este esfuerzo y entregaron sus mártires. El ejemplo y el verbo trepidante de Raúl Roa, el Canciller de la Dignidad, continúan animando la política exterior cubana y estarán en el recuerdo de los más jóvenes y de los futuros diplomáticos.

Soy portador de un saludo del Presidente Raúl Castro, expresión de buena voluntad y de la sólida decisión política de avanzar, mediante el diálogo basado en el respeto mutuo y la igualdad soberana, hacia una convivencia civilizada, aun dentro de las diferencias entre ambos gobiernos, que favorezca la solución de los problemas bilaterales, promueva la cooperación y el desarrollo de vínculos mutuamente ventajosos como desean y merecen ambos pueblos.

Sabemos que ello sería una contribución a la paz, el desarrollo, la equidad y la estabilidad del continente, al ejercicio de los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y en la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en La Habana.

Con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la reapertura de Embajadas, culmina hoy una primera etapa del diálogo bilateral y se abre paso al complejo y seguramente largo proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales.

Es grande el desafío porque nunca ha habido relaciones normales entre los Estados Unidos de América y Cuba pese a un siglo y medio de intensos y enriquecedores vínculos entre los pueblos.

La Enmienda Platt, impuesta en 1902 bajo ocupación militar, cercenó un esfuerzo libertador que había contado con la participación o la simpatía de no pocos ciudadanos norteamericanos y dio origen a la usurpación de territorio cubano en Guantánamo. Sus nefastas consecuencias marcaron indeleblemente nuestra historia común.

En 1959, EE.UU. no aceptó la existencia de una pequeña y vecina isla totalmente independiente y unos años después, aún menos, la de una Revolución socialista que tuvo que defenderse, y desde entonces, encarna la voluntad de nuestro pueblo.

Cito la historia para afirmar que hoy se abre la oportunidad de empezar a trabajar para fundar unas relaciones bilaterales nuevas y distintas a todo lo anterior. Para ello, el gobierno cubano compromete toda su voluntad.

Solo la eliminación del bloqueo económico, comercial y financiero que tanto daño y privaciones ocasiona a nuestro pueblo, la devolución del territorio ocupado en Guantánamo y el respeto a la soberanía de Cuba darán sentido al hecho histórico que estamos viviendo hoy.

Cada paso que se avance contará con el reconocimiento y la favorable disposición de nuestro pueblo y gobierno, y recibirá seguramente el aliento y el beneplácito de la América Latina y el Caribe y del mundo.

Ratificamos la voluntad de Cuba de avanzar hacia la normalización de las relaciones con EE.UU., con ánimo constructivo, pero sin menoscabo alguno a nuestra independencia, ni injerencia en asuntos que pertenecen a la exclusiva soberanía de los cubanos.

Persistir en objetivos obsoletos e injustos y solo proponerse un mero cambio en los métodos para conseguirlos, no hará legítimos aquellos ni ayudará al interés nacional de EE.UU. ni al de sus ciudadanos. Sin embargo, si así ocurriera, estaríamos dispuestos a aceptar ese desafío.

Acudiremos a este proceso, como escribiera el presidente Raúl Castro en su carta del 1ro. de julio al Presidente Barack Obama, “animados por la intención recíproca de desarrollar relaciones respetuosas y de cooperación entre nuestros pueblos y gobiernos”.

Desde esta Embajada, continuaremos trabajando con empeño para fomentar las relaciones culturales, económicas, científicas, académicas y deportivas, y los vínculos amistosos entre nuestros pueblos.

Trasmitimos el respeto y reconocimiento del gobierno cubano al Presidente de EE.UU. por su llamado al Congreso a levantar el bloqueo y por el cambio de política que ha enunciado, en particular por la disposición que ha expresado de ejercer sus facultades ejecutivas con ese propósito.

Recordamos especialmente la decisión del Presidente Carter de abrir Secciones de Intereses respectivas en septiembre de 1977.

Me complace agradecer al gobierno de la Confederación Suiza por su representación de los intereses cubanos durante los últimos 24 años.

En nombre del Gobierno y del pueblo de Cuba, deseo expresar nuestra gratitud a los miembros del Congreso, académicos, líderes religiosos, activistas, grupos de solidaridad, empresarios y tantos ciudadanos estadounidenses que se esforzaron a lo largo de muchos años para hacer llegar este día.

A la mayoría de los cubanos residentes en EE.UU., que han defendido y reclaman una relación diferente de este país con nuestra Nación, expresamos reconocimiento. Nos han dicho, conmovidos, que multiplicarán sus esfuerzos, leales a la tradición de la emigración patriótica que sirvió de sustento a los ideales de independencia.

Expresamos gratitud a nuestros hermanos latinoamericanos y caribeños, que han estado de manera decisiva junto a nuestro país y reclamaron un nuevo capítulo en las relaciones entre EE.UU. y Cuba, al igual que lo hicieron con extraordinaria constancia muchísimos amigos en todo el mundo.

Reitero nuestro reconocimiento a los gobiernos, aquí representados por el Cuerpo Diplomático, que con su voz y voto en la Asamblea General de las Naciones Unidas y en otros ámbitos dieron una contribución decisiva.

José Martí organizó desde aquí el Partido Revolucionario Cubano para conquistar la libertad, toda la justicia y la dignidad plena de los seres humanos. Sus ideas, reivindicadas heroicamente en el año de su Centenario, siguen siendo la esencial inspiración en este camino que nuestro pueblo, soberanamente, ha escogido.

Muchas gracias.

 

STATEMENT BY BRUNO RODRÍGUEZ PARRILLA, MINISTER OF FOREIGN AFFAIRS OF THE REPUBLIC OF CUBA, AT THE CEREMONY TO RE-OPEN THE CUBAN EMBASSY IN THE UNITED STATES. WASHINGTON, JULY 20, 2015.

 

Her Excellency Mrs. Roberta Jacobson, Assistant Secretary of State;

Officials of the US Government accompanying her;

Honorable members of Congress;

Esteemed Representatives of the US Organizations, Movements and Institutions who have made huge efforts in favor of the change of the US Cuba policy and the improvement of bilateral relations;

Esteemed Representatives of the Organizations and Movements of the patriotic emigration;

Distinguished Ambassadors;

Comrades of the Cuban Delegation;

José Ramón Cabañas, Chargé D’ Affairs;

Officials and workers of the Cuban Embassy;

Esteemed friends;

 

The flag that we revere at the entrance of this room is the same that was hauled down here 54 years ago, which was zealously kept in Florida by a family of liberators and later on by the Museum of our eastern city of Las Tunas, as a sort of premonition that this day would certainly come.

Flying once again in this place is the lone-star flag which embodies the generous blood that was shed, the sacrifices made and the struggle waged for more than one hundred years by our people for their national independence and full self-determination, facing the most serious challenges and risks.

Today we pay homage to all those who died in its defense and renew the commitment of the present generations, fully confident on the newer ones, to serve it with honor.

We evoke the memory of José Martí, who was fully devoted to the struggle for the freedom of Cuba and managed to get a profound knowledge about the United States: In his “North American Scenes” he made a vivid description of the great nation to the North and extolled its virtues. He also bequeathed to us a warning against its excessive craving for domination which was confirmed by a long history of disagreements.

We’ve been able to make it through this date thanks to the firm and wise leadership of Fidel Castro Ruz, the historic leader of the Cuban Revolution, whose ideas we will always revere with utmost loyalty. We now recall his presence in this city, in April of 1959, with the purpose of promoting fair bilateral relations, as well as the sincere tribute he paid to Lincoln and Washington. The purposes that brought him to this country on such an early time are the same that have pursued throughout these decades and coincide exactly with the ones that we pursue today. Many in this room, whether politicians, journalists, outstanding personalities in the fields of arts or sciences, students or American social activists, have been able to treasure unlimited hours of enriching talks with the Commander, which allowed them to have a better understanding of our reasons, goals and decisions.

This ceremony has been possible thanks to the free and unshakable will, unity, sacrifice, selflessness, heroic resistance and work of our people and also the strength of the Cuban Nation and its culture.

Several generations of the revolutionary diplomacy have converged in this effort and offered their martyrs. The example and vibrant speech of Raúl Roa, the Chancellor of Dignity, have continued to inspire Cuba’s foreign policy and will remain forever in the memory of the younger generations and future diplomats.

I bring greetings from President Raúl Castro, as an expression of the good will and sound determination to move forward, through a dialogue based on mutual respect and sovereign equality, to a civilized coexistence, even despite the differences that exist between both governments, which makes it possible to solve bilateral problems and promote cooperation and the development of mutually beneficial relations, just as both peoples desire and deserve.

We know that this would contribute to peace, development, equity and stability in the continent; the implementation of the purposes and principles enshrined in the UN Charter and in the Proclamation of Latin America and the Caribbean as a Zone of Peace, which was signed at the Second Summit of the Community of Latin American and Caribbean States held in Havana.

Today, the re-establishment of diplomatic relations and the re-opening of embassies complete the first stage of the bilateral dialogue and pave the way to the complex and certainly long process towards the normalization of bilateral relations.

The challenge is huge because there have never been normal relations between the United States of America and Cuba, in spite of the one and a half century of intensive and enriching links that have existed between both peoples.

The Platt Amendment, imposed in 1902 under a military occupation, thwarted the liberation efforts that had counted on the participation or the sympathy of quite a few American citizens and led to the usurpation of a piece of Cuban territory in Guantánamo. Its nefarious consequences left an indelible mark in our common history.

In 1959, the United States refused to accept the existence of a fully independent small and neighboring island and much less, a few years later, a socialist Revolution that was forced to defend itself and has embodied, ever since then, our people’s will.

I have referred to History to reaffirm that today an opportunity has opened up to begin working in order to establish new bilateral relations, quite different from whatever existed in the past. The Cuban government is fully committed to that.

Only the lifting of the economic, commercial and financial blockade which has caused so much harm and suffering to our people; the return of the occupied territory in Guantánamo and the respect for Cuba’s sovereignty will lend some meaning to the historic event that we are witnessing today.

Every step forward will receive the recognition and the favorable acceptance of our people and government, and most certainly the encouragement and approval of Latin America and the Caribbean and the entire world.

We reaffirm Cuba’s willingness to move towards the normalization of relations with the United States in a constructive spirit, but without any prejudice whatsoever to our independence or any interference in the affairs that fall under the exclusive sovereignty of Cubans.

To insist in the attainment of obsolete and unjust goals, only hoping for a mere change in the methods to achieve them will not legitimize them or favor the national interest of the United States or its citizens. However, should that be the case, we would be ready to face the challenge.

We will engage in this process, as was written by President Raúl Castro in his letter of July 1st to President Obama, “encouraged by the reciprocal intention of developing respectful and cooperative relations between our peoples and governments.”

From this Embassy, we will continue to work tirelessly to promote cultural, economic, scientific, academic and sports relations as well as friendly ties between our peoples.

We would like to convey the Cuban government’s respect and recognition to the President of the United States for urging the US Congress to lift the blockade as well as for the change of policy that he has announced, but in particular for the disposition he has showed to make use of his executive powers for that purpose.

We are particularly reminded of President Carter’s decision to open the respective Interests Sections back in September of 1977.

I am pleased to express my gratitude to the Government of the Swiss Confederation for having represented the Cuban interests for the last 24 years.

On behalf of the Government and the people of Cuba, I would like to express our gratitude to the members of Congress, scholars, religious leaders, activists, solidarity groups, business people and so many US citizens who worked so hard for so many years so that this day would come.

To the majority of Cubans residing in the United States who have advocated and called for a different kind of relation of this country with our Nation, we would like to express our recognition. Deeply moved, they have told us that they would multiply their efforts and will remain faithful to the legacy of the patriotic emigration that supported the ideals of independence.

We would like to express our gratitude to our Latin American and Caribbean brothers and sisters who have resolutely supported our country and called for a new chapter in the relations between the United States and Cuba, as was done, with extraordinary perseverance, by a lot of friends from all over the world.

I reiterate our recognition to the governments represented here by the Diplomatic Corps, whose voice and vote at the UN General Assembly and other fora made a decisive contribution.

From this country José Martí organized the Cuban Revolutionary Party to conquer freedom, all the justice and the full dignity of human beings. His ideas, which were heroically vindicated in his centennial year, continue to be the main inspiration that moves us along the path that our people have sovereignly chosen.

Thank you, very much.

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